
Caminamos, no sé por cuanto tiempo y mucho menos que distancia. De pronto se acerco a mi cara, impactándome con su halitosis de azufre y me dijo –hemos llegado- entramos a una recamara grande, en la cama estaba un hombre tendido durmiendo placidamente, caminamos rodeando la cama hasta llegar junto a su cabeza, en voz baja de complicidad dijo –así como lo vez de tranquilo a este cabrón, lo tendrías que haber visto hace un año, todo el día con los putos ojos vidriosos, volando en grandes alturas siempre bien colocadote, sólo apuntaba la nariz de su avión hacia abajo para meterse más coca. Era muy feliz el canijillo y una de mis consentidos, por eso esta vivo. Míralo ahora, tan tranquilo, tocando puertas cada noche para que lo dejen tocar en cualquier pinche bar de la mala muerte. Eso sí, lleva casi un año sin meterse nada. Por eso hoy venimos a recordarle que me debe un favor.- trono los dedos y entramos al sueño de Roger Barrett.
Estábamos en la parte trasera de un bar pequeñito, lleno de gente, todos coreaban canciones que en algún momento fueron éxitos del grupo de Roger Barrett. Esperábamos que Roger se encontrara con un antiguo amigo. Llegó el momento de su primer descanso y Barrett saludó con timidez a su amigo Syd –hola, ¿cómo has estado?- Syd estiró la mano y le dio un fuerte abrazo, mientras respondía –muy bien, visitando a los amigos- así continuaron por tres o cuatro minutos con una platica casual y llena de lugares comunes, hasta que Syd atacó –supe que ya no le haces a la coca, ¿qué te cambió?- Barrett se sintió expuesto y sólo sonrió con cortedad. Syd se percató y siguió atacando hasta que tiró el anzuelo final. –supe que una vez que la dejas es mucho más fácil controlarla, ósea pa’ que me entiendas, sólo la usas cuando la necesitas, todas las bondades de la cois pero sin depender de ella. Traigo un poquito, ¿qué onda le entras?- A Roger se le hizo agua al cerebro y únicamente pudo recordar la época más feliz de su vida, cuando volaba todo el día. La dicha que sólo se compara a cuando obtienes algo que has deseado por mucho tiempo, pero el la sentía a todas horas, todo el día, todo el tiempo.
Mefiz-Tofel que hasta ese momento había permanecido inmóvil respiro profundo y cruzo los brazos de manera magnánima, mientras observaba como Roger volvía a ser cautivo de su adicción. Mefiz-Tofel trono nuevamente los dedos y salimos del sueño de Roger, regresando al lugar en el que habíamos estado. Roger Barrett tenía una sonrisa enorme en su rostro, una sonrisa que sólo se explica por una dicha muy grande, como cuando encuentras un amor no olvidado, como cuando te encuentras a ti mismo. Un instante después despertó, conforme fue cobrando conciencia la sonrisa se fue desvaneciendo para dar paso a la tranquilidad que da el saber que afortunadamente (o desafortunadamente) sólo fue un sueño.
-Espero que haya sido de tu agrado la experiencia- me dijo Mefiz-Tofel con su voz tersa en mi oído, y agrego –ves, bastaría que yo parpadeara para que este mariconsete fuera mi esclavo, pero no mi interesa, su cerebro ya esta vacío, y no es el único.- tomó de la cabeza a Barrett y nos dijo –Ciao Roger, estaré muy cerca y tu Luis, no me olvides aunque puedas.- desapareció y con él todo lo demás.
Desperté en mi cama. Una inconmensurable soledad invadió mi ser. Acababa de soñar que me volvía a enamorar de la misma mujer que llevaba un año tratando de olvidar. Por primera vez sentí tristeza por haber soñado lo que soñé y no por el sueño no cumplido. Mis ojos vertieron el vino salado que serviría para brindar por mi fracaso.
“La realidad imita al arte. Científicamente hablando, la base de la vida no es sino el deseo de expresión, y el arte va presentado formas diversas a través de las cuales la expresión puede cumplirse. La vida se apodera de ellas y las utiliza, aunque sea para su propio daño”.












