3:24 am del jueves 26 de julio 2007.
"Dios ayúdame, creo que no soportare más. Salía todos los días de la escuela a la una de la tarde, pasaba a mi casa a dejar mi mochila, cambiarme el uniforme y después me iba a la tienda con mis abuelos para comer. Era mi rutina diaria, pero todo cambio un día como hoy, veinte años antes.
Una tarde como cualquier otra, pase a mi casa deje mis cosas, y me dirigía hacia la tienda, tres casas junto a la mía había una casa abandonada, era muy grande, el color de la fachada se podía adivinar que era gris, pues los arboles y las hiervas solapados por el tiempo le habían ganado terreno, nunca antes le había prestado atención, y aunque siempre hubo rumores de que estaba embrujada nunca me dio miedo. Pero ese día justo cuando iba pasando frente a la verja se comenzó a nublar y un viento helado rodeo mi cuerpo al punto que me estremecí, motivado por una fuerza sobrenatural me acerque a la verja y mire hacia dentro. De entre la hierba salió una criatura, parecía un joven, pero sería aventurado asegurarlo. Se notaba muy flaco, su piel era extremadamente blanca aunque por momentos se ruborizaba, el brillo de sus ojos había sido reemplazado por dos grandes ojeras, su cabello era desalineado, como una peluca, pero lo que más me impacto fueron sus brazos, estaban demasiado largos y temía que a cualquier lugar donde quisiera huir me hallaran.
Quede inmóvil por unos instantes, y él se acercaba, aunque lentamente no se detenía, y yo seguía sin moverme. Me tomo con muchísima fuerza por los brazos, sus manos estaban heladas, me miro fijamente a los ojos y me dijo –soy Okamot y te estaba esperando malnacido- abrió su boca dejándome ver unos colmillos agudísimos, escuche un aullido ensordecedor y una luz morada me cegó, sentí que algo golpeaba mi cerebro, y él desapareció, después... Después estaba tirado sobre la banqueta. Me levante rápidamente y corrí con mis abuelos. No les conté nada porque no sabía si lo que había pasado en verdad había pasado. El acontecimiento me perturbo algunos días, a la postre hice mi vida normal no obstante no volví a pasar por esa casa, al menos no sin correr.
Mi vida transcurrió normalmente hasta hace un mes, cada vez que intento dormir la imagen de Okamot invade mi mente, y el maldito aullido taladra mi cerebro. Cuando estoy despierto siento que algo se apropia de mí y me incita a realizar cosas que realmente no quiero hacer. Llevo mucho tiempo sin ser yo mismo. Okamot se apodero de mí hace mucho tiempo pero ha regresado y siento que esta vez no me dejara en paz hasta que acabe con él, esto vive en mí como un cáncer. Para matarlo debo acabar conmigo."
Cuando termine de leer la última palabra sentí un escalofrió que recorrió todo mi cuerpo, como si alguien todavía estuviera en ese cuarto. Avente la hoja y salí corriendo azotando la puerta de la entrada. Aunque se ha rentado varias veces ese departamento nadie ha permanecido en el mas de dos noches. De Ramón o de su padre nada se ha sabido.