martes, 18 de agosto de 2009

Bajo el volcán de Lowry

-¡Esta muy hinchado! te va a durar unas tres semanas, aunque el dolor se mantendrá por tres meses.-
- Si bien te va, a mí se me quitó por completo el dolor en dos años.-
-Es cierto yo tardé año y medio.-

Esas eran las voces de mis amigos. Mientras tanto, mis recuerdos iban al instante antes del accidente y venían al presente una y otra vez. Descendía la montaña corriendo, sin preocupaciones ni nada que me inquietara casi en automático, de pronto pisé en falso, se me dobló el tobillo, escuché claramente como tronaban mis ligamentos, el dolor me obligó a tirarme al suelo y rogar a Dios que no fuera una fractura. Afortunadamente no era una fractura, sólo una ruptura fibrilar de segundo grado.

Así es, el pasado fin de semana tuve un accidente que me ha dejado convaleciente por lo menos estos tres días y quien sabe cuánto tiempo más. Este suceso me recordó Bajo El Volcán un libro escrito por Malcolm Lowry Cuenta la historia de un ex Cónsul Británico que ha sido; primeramente engañado por su esposa en varias ocasiones y abandonado posteriormente.

Lowry utiliza como termómetro de la relación, entre el Cónsul y su esposa, un hecho constante. La búsqueda del Cónsul hacia su esposa y viceversa a través de restaurantes o cantinas. El resultado de esta búsqueda determina el futuro inmediato de ese amor. El Cónsul es un hombre que ha sido abandonado y humillado y toma la decisión de mantenerse borracho hasta la sobriedad para escapar de su realidad. Es un hombre cobarde, que al regreso de su esposa no se atreve a reclamar nada, hasta que el cólera lo ha invadido. Para ocultar su cobardía toma dos grandes escudos, la tolerancia y el amor incondicional.

Definitivamente es una gran libro, un libo inagotable. Pero por qué lo asocie a mi tobillo. Porque creo que así es el amor, un día estas con una chica que te encanta, corriendo en descenso alcanzando velocidades que te provocan una gran satisfacción y en un santiamén estas ahí tirado con el tobillo roto y no sabes ni como ni cuanto tardaras en olvidarla. ¿Acaso el corazón no se puede llamar tobillo?

Una amiga me decía que no importaba cual agudo fuera el dolor, era pasajero siempre y cuando no te rindieras. El dolor del Cónsul tardó un año y se rindió, el dolor lo aplasto. En lo que a mi concierne cada vez estoy mejor del tobillo y el dolor casi lo he olvidado.

El desconsuelo definitivamente es pasajero, y lo que les acabo de contar tal vez no tiene relación una cosa con la otra, o tal vez sí, o tal vez sólo tenia deseos de contarles lo que había vivido este fin de semana.