
Existe en la programación neurolingüística una herramienta muy utilizada por los psicólogos llamada técnica del anclaje. Un anclaje, es la asociación automática entre un estimulo y una respuesta emocional. Los anclajes se producen a través de los sentidos y por lo tanto pueden ser visuales, auditivos, kinestésticos, olfativos o gustativos, o una mezcla de alguno o todos ellos.
Dejando a un lado la terminología y para que todos los que no somos psicólogos, la entendamos de mejor manera, explicare como se hace un anclaje. Primero: Recordar un momento en la vida en que actuamos de un modo excepcional y que nos gustaría repetir en cualquier situación nueva. Segundo: Revivir con todos los sentidos la experiencia hasta sentirla intensamente. Esto implica ver, escuchar, sentir, en plenitud. Tercero: Buscar un lugar en el cuerpo donde guardar esa experiencia, por ejemplo en la oreja derecha. Cuarto: Poner un dedo sobre la oreja derecha para instalar el ancla. Con los ojos cerrados se debe percibir la experiencia en un estado de concentración durante algunos segundos. Quinto: Control de calidad. Probar diariamente si al colocar el dedo en la oreja se reproduce la experiencia, en caso contrario se debe calibrar hasta lograrlo. Sexto: Un ancla exitosa es el comienzo, se pueden sumar muchos más recursos para tenerlos disponibles cuando la situación lo requiera.
No sé si en todo el mundo, pero al menos en America Latina, hay una gran tradición por lo padres irresponsables, ya sea por no ser solventes moral, sentimental y/o económicamente o simplemente porque se les dio la gana, pero el hombre siempre ha tendido a hacerse ojo de hormiga ante un hijo. No por nada el gran Premio Nobel de Literatura en 1990, Octavio Paz, le dedicó un ensayo a este tema en su celebre libro El Laberinto De La Soledad titulado Los Hijos De La Malinche. En donde expone, entre otras cosas, como la psicología del mexicano ha sido afectada por ser el hijo de la madre violada, el hijo de la chingada. Desde tiempos muy remotos existe este problema, incluso si nuestras leyes se rigieran por usos y costumbres, seguramente existiría el derecho a la paternidad irresponsable.
Aunque estoy muy lejos de ser padre, he decidido hacer un anclaje para revertir esta tendencia. La figura que utilizaré para mi anclaje es: el Club America. Si, el equipo que participa en la liga de futbol mexicana. El Club America ha ejercido durante 15 partidos una paternidad responsable sobre la maquina celeste del Cruz Azul.
Durante el encuentro más reciente entre el America y el Cruz Azul, se demostró quien era quien. El America se dejó alcanzar en dos ocasiones en el marcador, para después sacarle el partido a los celestes en el último momento, como el padre que juega con el hijo animándolo pero siempre dejándole en claro quien es el que manda.
El delantero del America, Salvador Cabañas, que si fuera por aquel viejo adagio de “nombre es destino”, debería ser portero, salvador de las cabañas, pero no, el resolvió ser lo opuesto. Como si una madre le hubiera pedido a su hijo ser juez y este en franca rebeldía se hiciera criminal. Este paraguayo, apostata de la portería, convierte su diversión en un deber cada vez que enfrenta al Cruz Azul.
Las probabilidades dictan que los cementeros están cada vez más cerca de obtener un triunfo ante el America y ponerle fin a esta condena. Pero tendrán que pasar muchos, muchos años para revertir la tendencia, porque el padre siempre es el padre y un padre responsable es aun más. Por eso los celestes sólo les queda preguntar por la herencia. ¿y el Azteca ‘apa?