¿Han escuchado la frase: lo que empieza mal, acaba mal? Bueno, pues así fue el viernes 3 de julio del 2009. Comenzó mal y termino peor.
Una persona me platicaba acerca de su teoría de la fidelidad. Ella me decía que, “la fidelidad en las relaciones es un asunto que ha quedado en el pasado, la felicidad esta en las relaciones abiertas” y argumenta; “Sí una pareja ha sido feliz por varios años y alguno es infiel ¿se termina la felicidad?”. Las reglas son simples: se tiene una relación estable, pero tanto el hombre como la mujer tienen la misma posibilidad de tener sexo con otra persona, claro sin llegar a un grado de cinismo en donde se puede decir:
-ahora vuelvo, voy con mi amante-
-Que te vaya bien amor, diviértete-
Aristóteles dijo: “El hombre es un animal político”, y cada vez somos menos políticos. No sé si los animales pueden amar, pero yo sí. Sé que puedo amar a alguien con tal fervor como para considerar la aberración de una pareja abierta, sólo para hacerla feliz y estar con ella a cualquier precio.
Creo que esta idea de la pareja abierta, es como la democracia o como el motor de un Ferrari que esté en un embotellamiento, suenan bien, pero no sirven.
Sospecho que esas relaciones sólo funcionan cuando no se ama. Supongamos que mi juicio sea tan “sofisticado” que aceptes que tu pareja se vea con otras personas, ¿Cómo se detiene la cascada de sentimientos traducida en un vaivén entre impotencia, coraje y sentimientos obscuros a el amor y devoción que provocan que se revuelva el estomago, que sea casi imposible respirar y un gran dolor en el pecho, señal inequívoca de un corazón roto? ¿Qué pasa cuando el corazón sí siente, aunque lo ojos no vean?
Hay que vivir pero no de todo, hay cosas que satisfacen pero no enaltecen la dignidad. Cuando se han satisfecho todas las necesidades físicas, se comienza a gastar el dinero en construirse un apellido, por eso cuando hay una gran concentración del capital, se recurre a la filantropía. Yo no he acumulado capital aun, pero construiré mi apellido en base a la dignidad, y aunque sé que la he perdido a ojos de algunas personas, también sé que la dignidad es un bien escaso, pero renovable.
Te amo, y estoy dispuesto a hacer cualquier cosa por ti, pero si me pides que haga cualquier cosa, entonces tú no me amas.
Una persona me platicaba acerca de su teoría de la fidelidad. Ella me decía que, “la fidelidad en las relaciones es un asunto que ha quedado en el pasado, la felicidad esta en las relaciones abiertas” y argumenta; “Sí una pareja ha sido feliz por varios años y alguno es infiel ¿se termina la felicidad?”. Las reglas son simples: se tiene una relación estable, pero tanto el hombre como la mujer tienen la misma posibilidad de tener sexo con otra persona, claro sin llegar a un grado de cinismo en donde se puede decir:
-ahora vuelvo, voy con mi amante-
-Que te vaya bien amor, diviértete-
Aristóteles dijo: “El hombre es un animal político”, y cada vez somos menos políticos. No sé si los animales pueden amar, pero yo sí. Sé que puedo amar a alguien con tal fervor como para considerar la aberración de una pareja abierta, sólo para hacerla feliz y estar con ella a cualquier precio.
Creo que esta idea de la pareja abierta, es como la democracia o como el motor de un Ferrari que esté en un embotellamiento, suenan bien, pero no sirven.
Sospecho que esas relaciones sólo funcionan cuando no se ama. Supongamos que mi juicio sea tan “sofisticado” que aceptes que tu pareja se vea con otras personas, ¿Cómo se detiene la cascada de sentimientos traducida en un vaivén entre impotencia, coraje y sentimientos obscuros a el amor y devoción que provocan que se revuelva el estomago, que sea casi imposible respirar y un gran dolor en el pecho, señal inequívoca de un corazón roto? ¿Qué pasa cuando el corazón sí siente, aunque lo ojos no vean?
Hay que vivir pero no de todo, hay cosas que satisfacen pero no enaltecen la dignidad. Cuando se han satisfecho todas las necesidades físicas, se comienza a gastar el dinero en construirse un apellido, por eso cuando hay una gran concentración del capital, se recurre a la filantropía. Yo no he acumulado capital aun, pero construiré mi apellido en base a la dignidad, y aunque sé que la he perdido a ojos de algunas personas, también sé que la dignidad es un bien escaso, pero renovable.
Te amo, y estoy dispuesto a hacer cualquier cosa por ti, pero si me pides que haga cualquier cosa, entonces tú no me amas.