
Cada cierto tiempo el candado cambiaba de poste, y aunque se volvió una practica recurrente, no obstante, seguía inquietándome. El amor de Virginia jugaba a las escondidas y ante la posibilidad de perderla me esmeré en demostrarle mi amor. Hasta que Virginia me dijo un día –tenemos que hablar- ella había implementado el mecanismo del candado para no tener que llegar a la instancia del “tenemos que hablar” y ahora estábamos en esa situación. Me dijo que había perdido la llave del candado y desde que lo pusimos no había regresado a ese lugar.
Nos dejamos de ver por un tiempo. Mientras me dedique a rastrear la segunda llave que me llevaría al que había sido el titiritero de mi vida sentimental. Un día Virginia me envío un frío SMS que decía –apareció la llave del candado- pero esa mañana el candado se había vuelto a mover.
La primera persona que se me hizo sospechosa fue Meredith, su compañera de apartamento, ella era una borracha, alocada, en pocas palabras piruja, todo lo contrario a Virginia, sin embargo, siempre me había gustado y yo juraba que ella me coqueteaba y ésta era su forma de acercarse a mí. No había más tiempo que perder, esa noche le invité un café, ella aceptó y le pregunté si había robado la llave. Ella no titubeó, arqueando la ceja derecha y retorciendo la sonrisa me dijo –Si ¿Y?- Me acerque e intente tomar su mano, pero me rechazó. Dijo que no tomó la llave para acercarse a mí, sino para ayudar a su amiga, puesto que Virginia sufría mucho cuando yo perdía el interés por ella.
-Sé que la quieres, pero siempre quieres algo más. He visto cómo me miras, espero que sigas tratando a Virginia como si el candado se moviera.- y citó a Ramuz. –“Una felicidad es toda la felicidad, pero dos felicidades no son ninguna felicidad”- Me dijo todo esto con increíble tranquilidad, hasta le agradecí la forma en la que me había mandado a la chingada, sin aspavientos ni zafiedades, pero directo a la chingada.
Caminé hasta mi casa lamentando la veleidad de haber apetecido a una mujer como Meredith y la jactancia de creer que ella se había tomado las molestias por mí y no por su amiga.
Los neoclásicos creen que los agentes económicos están supeditados a las fuerzas del mercado, y ellos no tienen ninguna ingerencia en él, sin embargo, lo que determina las fuerzas del mercado es la sumatoria de todas las acciones individuales de los agentes económicos. Se vuelve tautológico. Así me sentía y me inquietaba mucho, por una parte mi relación con Virginia la determinaba el mercado, Meredith, o cualquiera, menos yo, a pesar de eso, podía hacer algo que les cambiara la jugada. No lo hice, mi felicidad había sido perfeccionada por otra persona. Hablé con Virginia y por fortuna volvimos.
En ocasiones paso por la plaza roja abro el candado y ahora yo lo cambio de lugar, como alguien que juega con su propio destino. Ya esta amaneciendo y he perdido un par de horas en la gloria escribiendo esto. La luz del sol ya entra por la ventana y sus cabellos se pintan de dorado, su rostro sonrosado busca mi pecho. Sólo me queda hacer una pregunta. ¿Hay algo más hermoso que dormir con la persona que amas?
Nos dejamos de ver por un tiempo. Mientras me dedique a rastrear la segunda llave que me llevaría al que había sido el titiritero de mi vida sentimental. Un día Virginia me envío un frío SMS que decía –apareció la llave del candado- pero esa mañana el candado se había vuelto a mover.
La primera persona que se me hizo sospechosa fue Meredith, su compañera de apartamento, ella era una borracha, alocada, en pocas palabras piruja, todo lo contrario a Virginia, sin embargo, siempre me había gustado y yo juraba que ella me coqueteaba y ésta era su forma de acercarse a mí. No había más tiempo que perder, esa noche le invité un café, ella aceptó y le pregunté si había robado la llave. Ella no titubeó, arqueando la ceja derecha y retorciendo la sonrisa me dijo –Si ¿Y?- Me acerque e intente tomar su mano, pero me rechazó. Dijo que no tomó la llave para acercarse a mí, sino para ayudar a su amiga, puesto que Virginia sufría mucho cuando yo perdía el interés por ella.
-Sé que la quieres, pero siempre quieres algo más. He visto cómo me miras, espero que sigas tratando a Virginia como si el candado se moviera.- y citó a Ramuz. –“Una felicidad es toda la felicidad, pero dos felicidades no son ninguna felicidad”- Me dijo todo esto con increíble tranquilidad, hasta le agradecí la forma en la que me había mandado a la chingada, sin aspavientos ni zafiedades, pero directo a la chingada.
Caminé hasta mi casa lamentando la veleidad de haber apetecido a una mujer como Meredith y la jactancia de creer que ella se había tomado las molestias por mí y no por su amiga.
Los neoclásicos creen que los agentes económicos están supeditados a las fuerzas del mercado, y ellos no tienen ninguna ingerencia en él, sin embargo, lo que determina las fuerzas del mercado es la sumatoria de todas las acciones individuales de los agentes económicos. Se vuelve tautológico. Así me sentía y me inquietaba mucho, por una parte mi relación con Virginia la determinaba el mercado, Meredith, o cualquiera, menos yo, a pesar de eso, podía hacer algo que les cambiara la jugada. No lo hice, mi felicidad había sido perfeccionada por otra persona. Hablé con Virginia y por fortuna volvimos.
En ocasiones paso por la plaza roja abro el candado y ahora yo lo cambio de lugar, como alguien que juega con su propio destino. Ya esta amaneciendo y he perdido un par de horas en la gloria escribiendo esto. La luz del sol ya entra por la ventana y sus cabellos se pintan de dorado, su rostro sonrosado busca mi pecho. Sólo me queda hacer una pregunta. ¿Hay algo más hermoso que dormir con la persona que amas?