En la actualidad hay varias
maneras de obtener el título de licenciado, desde las más simples como acudir
un semestre más a algún seminario, hasta publicar en alguna revista arbitrada
y, por supuesto la más tradicional, la tesis. Escribir una tesis representa un
gran reto para cualquier persona, no sólo un reto técnico (cómo lo voy a decir)
sino también un reto emocional (qué es lo que quiero decir).
El conocimiento que una persona
posee no sólo está determinado por la forma en que se lo trasmiten y su
capacidad para absorberlo, también por las circunstancias y la circunstancia
influye en la interpretación que el individuo da al conocimiento. En la época
en que estaba eligiendo el tema de mi tesis mi vida era muy turbulenta e iba de
un tema a otro, afortunadamente no me desgasté mucho investigando, sólo
indagaba.
Quise hacer tesis sobre energía
nuclear, la industria del futbol, narcotráfico y creo que nada más, pero hubo
un tema que me apasionó porque lo estaba viviendo, o mejor dicho lo estaba
padeciendo. La que entonces era mi novia, Nadia, se había mudado a Veracruz.
Impedido por el presupuesto y el tiempo de traslado (siete horas
aproximadamente, seis en el camión y una hora más para llegar a la central de
autobuses) nos visitábamos ocasionalmente.
En uno de eso trayectos leí sobre
un proyecto que consistía en un tren que viajaría hacia el centro de la tierra,
aprovechando la gravedad para acelerar y después para frenar, podría llegar a
cualquier parte del mundo en siete minutos, sí siete minutos sin importar la
distancia, es decir, haría siete minutos a China y también a Veracruz, pues la
velocidad del tren estaría en función de la cercanía con el centro de la
tierra, entonces a mayor distancia, más velocidad.
Parecería que este proyecto es un
sueño, no obstante, teóricamente existe la posibilidad. Hay algunos
impedimentos por las altas temperaturas, pero quién sabe, tal vez en un futuro
cercano tengamos este tipo de transporte y no las aerolíneas que a pesar de sus
altos costos han demostrado una y otra vez ser negocios poco rentables, aunque
también podría deberse a malas administraciones o a que hay muchos intereses
alrededor.
Se me antojaba ésta como La
Solución a mis problemas, aunque convencido por la imposibilidad de esta opción
en el futuro cercano, pensaba que si México tuviera un tren bala no estaría
nada mal. Poder llegar a Veracruz en dos horas o dos horas y media, eso
abarataría los costos y podría ver a mi amor cada fin de semana, ya lo sé y
probablemente tengan razón, deliraba por el síndrome de abstinencia.
Más allá de motivos egoístas un
transporte así no le vendría nada mal a México, los nayaritas, cuyo desarrollo
económico es casi nulo podrían moverse a Jalisco, por ejemplo, para ir a
trabajar y volver con sus familias diariamente. Logrando que la situación
económica mejore sin afectar la integración familiar. Fue así como pensé en el
impacto que tenía los medios de transporte en la economía.
No quería entrar en la discusión sobre
la necesidad de tener un tren bala en México y medir todas sus posibles
bondades, eso es evidente y será cuestión de tiempo y voluntades para que se
logre. Más bien quería discutir sobre algo que me afectara a mí, fue entonces
cuando vi pasar un camión del Metrobús repleto de gente, similar a lo trenes
que iban a los campos de concentración en la Europa Nazi. No les platico más,
mejor les dejo mi tesis y espero les guste.