miércoles, 18 de julio de 2012

Sobre cómo escribí mi tesis


En la actualidad hay varias maneras de obtener el título de licenciado, desde las más simples como acudir un semestre más a algún seminario, hasta publicar en alguna revista arbitrada y, por supuesto la más tradicional, la tesis. Escribir una tesis representa un gran reto para cualquier persona, no sólo un reto técnico (cómo lo voy a decir) sino también un reto emocional (qué es lo que quiero decir).

El conocimiento que una persona posee no sólo está determinado por la forma en que se lo trasmiten y su capacidad para absorberlo, también por las circunstancias y la circunstancia influye en la interpretación que el individuo da al conocimiento. En la época en que estaba eligiendo el tema de mi tesis mi vida era muy turbulenta e iba de un tema a otro, afortunadamente no me desgasté mucho investigando, sólo indagaba.

Quise hacer tesis sobre energía nuclear, la industria del futbol, narcotráfico y creo que nada más, pero hubo un tema que me apasionó porque lo estaba viviendo, o mejor dicho lo estaba padeciendo. La que entonces era mi novia, Nadia, se había mudado a Veracruz. Impedido por el presupuesto y el tiempo de traslado (siete horas aproximadamente, seis en el camión y una hora más para llegar a la central de autobuses) nos visitábamos ocasionalmente.

En uno de eso trayectos leí sobre un proyecto que consistía en un tren que viajaría hacia el centro de la tierra, aprovechando la gravedad para acelerar y después para frenar, podría llegar a cualquier parte del mundo en siete minutos, sí siete minutos sin importar la distancia, es decir, haría siete minutos a China y también a Veracruz, pues la velocidad del tren estaría en función de la cercanía con el centro de la tierra, entonces a mayor distancia, más velocidad.

Parecería que este proyecto es un sueño, no obstante, teóricamente existe la posibilidad. Hay algunos impedimentos por las altas temperaturas, pero quién sabe, tal vez en un futuro cercano tengamos este tipo de transporte y no las aerolíneas que a pesar de sus altos costos han demostrado una y otra vez ser negocios poco rentables, aunque también podría deberse a malas administraciones o a que hay muchos intereses alrededor.

Se me antojaba ésta como La Solución a mis problemas, aunque convencido por la imposibilidad de esta opción en el futuro cercano, pensaba que si México tuviera un tren bala no estaría nada mal. Poder llegar a Veracruz en dos horas o dos horas y media, eso abarataría los costos y podría ver a mi amor cada fin de semana, ya lo sé y probablemente tengan razón, deliraba por el síndrome de abstinencia.

Más allá de motivos egoístas un transporte así no le vendría nada mal a México, los nayaritas, cuyo desarrollo económico es casi nulo podrían moverse a Jalisco, por ejemplo, para ir a trabajar y volver con sus familias diariamente. Logrando que la situación económica mejore sin afectar la integración familiar. Fue así como pensé en el impacto que tenía los medios de transporte en la economía.

No quería entrar en la discusión sobre la necesidad de tener un tren bala en México y medir todas sus posibles bondades, eso es evidente y será cuestión de tiempo y voluntades para que se logre. Más bien quería discutir sobre algo que me afectara a mí, fue entonces cuando vi pasar un camión del Metrobús repleto de gente, similar a lo trenes que iban a los campos de concentración en la Europa Nazi. No les platico más, mejor les dejo mi tesis y espero les guste.