miércoles, 18 de julio de 2012

Sobre cómo escribí mi tesis


En la actualidad hay varias maneras de obtener el título de licenciado, desde las más simples como acudir un semestre más a algún seminario, hasta publicar en alguna revista arbitrada y, por supuesto la más tradicional, la tesis. Escribir una tesis representa un gran reto para cualquier persona, no sólo un reto técnico (cómo lo voy a decir) sino también un reto emocional (qué es lo que quiero decir).

El conocimiento que una persona posee no sólo está determinado por la forma en que se lo trasmiten y su capacidad para absorberlo, también por las circunstancias y la circunstancia influye en la interpretación que el individuo da al conocimiento. En la época en que estaba eligiendo el tema de mi tesis mi vida era muy turbulenta e iba de un tema a otro, afortunadamente no me desgasté mucho investigando, sólo indagaba.

Quise hacer tesis sobre energía nuclear, la industria del futbol, narcotráfico y creo que nada más, pero hubo un tema que me apasionó porque lo estaba viviendo, o mejor dicho lo estaba padeciendo. La que entonces era mi novia, Nadia, se había mudado a Veracruz. Impedido por el presupuesto y el tiempo de traslado (siete horas aproximadamente, seis en el camión y una hora más para llegar a la central de autobuses) nos visitábamos ocasionalmente.

En uno de eso trayectos leí sobre un proyecto que consistía en un tren que viajaría hacia el centro de la tierra, aprovechando la gravedad para acelerar y después para frenar, podría llegar a cualquier parte del mundo en siete minutos, sí siete minutos sin importar la distancia, es decir, haría siete minutos a China y también a Veracruz, pues la velocidad del tren estaría en función de la cercanía con el centro de la tierra, entonces a mayor distancia, más velocidad.

Parecería que este proyecto es un sueño, no obstante, teóricamente existe la posibilidad. Hay algunos impedimentos por las altas temperaturas, pero quién sabe, tal vez en un futuro cercano tengamos este tipo de transporte y no las aerolíneas que a pesar de sus altos costos han demostrado una y otra vez ser negocios poco rentables, aunque también podría deberse a malas administraciones o a que hay muchos intereses alrededor.

Se me antojaba ésta como La Solución a mis problemas, aunque convencido por la imposibilidad de esta opción en el futuro cercano, pensaba que si México tuviera un tren bala no estaría nada mal. Poder llegar a Veracruz en dos horas o dos horas y media, eso abarataría los costos y podría ver a mi amor cada fin de semana, ya lo sé y probablemente tengan razón, deliraba por el síndrome de abstinencia.

Más allá de motivos egoístas un transporte así no le vendría nada mal a México, los nayaritas, cuyo desarrollo económico es casi nulo podrían moverse a Jalisco, por ejemplo, para ir a trabajar y volver con sus familias diariamente. Logrando que la situación económica mejore sin afectar la integración familiar. Fue así como pensé en el impacto que tenía los medios de transporte en la economía.

No quería entrar en la discusión sobre la necesidad de tener un tren bala en México y medir todas sus posibles bondades, eso es evidente y será cuestión de tiempo y voluntades para que se logre. Más bien quería discutir sobre algo que me afectara a mí, fue entonces cuando vi pasar un camión del Metrobús repleto de gente, similar a lo trenes que iban a los campos de concentración en la Europa Nazi. No les platico más, mejor les dejo mi tesis y espero les guste.

Portada

Introducción

La acelerada revolución industrial, tecnológica e informática a la que hemos sido sometidos, por lo menos desde hace tres décadas, induce a pensar en el constante crecimiento de nuestra ciudad y con ello, de los servicios que requieren sus habitantes. Los centros urbanos, por su propia naturaleza, focalizan la especialización y la excelencia de tal manera que su importancia deja de ser sólo nacional, elevando su trascendencia a nivel mundial, ofreciendo servicios culturales, financieros y educacionales entre muchos otros.



La demanda de transporte digno y eficiente por parte de los miles de usuarios que diariamente se desplazan a través de la ciudad, es un problema nodal al que se enfrentan no sólo los usuarios, sino también los empresarios y por supuesto el gobierno. De acuerdo con Molinero (1996), El transporte urbano no produce bienes de consumo materiales, pero hace posible que estos se produzcan al trasladar diariamente a trabajadores; no educa, pero desplaza hasta sus centros de estudio a miles de estudiantes; no suministra diversión ni esparcimiento, pero apoya y hace posible el desarrollo de estas actividades.



El transporte representa una quinta parte de la actividad económica en la mayoría de los países industrializados, la ciudad de México no es la excepción. El gobierno del Distrito Federal, ha apostado por un concepto de transporte denominado BRTs (bus rapid transit, por sus siglas en ingles), o sistema integrado de transporte. Este sistema de transporte intenta ofrecer movilidad urbana de manera rápida, cómoda y eficiente, basándose en autobuses de alta tecnología y calidad, así mismo, opera de forma rápida y frecuente mediante la integración de una infraestructura preferente (carril confinado y estaciones con plataforma elevada).



En el año 2005 inició operaciones el Metrobús. Este transporte pretende ser una adecuada respuesta a las exigencias de una avenida específica, insurgentes, la avenida más larga de la ciudad de México y lógicamente, una de las que concentra mayor cantidad de personas. Posteriormente el Metrobus tuvo una ampliación sobre la misma línea y recientemente se han abierto dos líneas más. ¿Cómo se puede utilizar el análisis económico para definir y, en tal caso, resolver los problemas del transporte público de la ciudad de México, específicamente, lo referente al Metrobús? ¿Es eficiente el Metrobús? ¿Se justifica la creación de nuevas líneas del Metrobús? Estas son las interrogantes que pretendo responder en este trabajo, o por lo menos lograr que después de leerlo, los problemas del transporte parezcan distintos que antes.

Cap 1 ¿Qué es el Metrobús?

"Con el tiempo es mejor una verdad
dolorosa que una mentira útil."
Thomas Mann

¿Qué es el Metrobús?


El Metrobús es un sistema de transporte conocido genéricamente como autobús de tránsito rápido (bus rapid transit). Este nombre se les da a los autobuses que tienen sus propios carriles en la ciudad y utilizan estaciones de autobuses, con el propósito de hacer más rápido y ordenado el abordaje de pasajeros. Usa un sistema de prepago, además, las estaciones cuentan con plataformas al nivel del autobús, para que los pasajeros no tengan que subir escaleras; de esta forma se consigue que el transporte sea más accesible para personas mayores o con alguna discapacidad.
 
 

El Metrobús de la ciudad de México cuenta con tres líneas, su recorrido total es de 65.1 kilómetros, con un total de 113 estaciones de las cuales 105 son de paso, 2 de transbordo y 6 terminales. Opera desde el año 2005, está conformado por empresas concesionarias que ofrecen el servicio de transporte, recaudo, administración de recursos, así como un organismo público descentralizado (Metrobús) encargado de administrar, planear y controlar el sistema de corredores de transporte.
 
 
Empresas transportistas.- éstas son las responsables de la operación de los autobuses y son propietarias de los mismos, por tanto, están encargadas de mantenerlos en óptimas condiciones para el funcionamiento del sistema. Los autobuses de una empresa prestan el servicio indistintamente entre una línea y otra, pues la operación, de los autobuses, estará condicionada a la demanda del servicio y programación por línea, de acuerdo a lo que determine el Organismo Público Descentralizado Metrobús. Las empresas transportistas son: 
 
 
  • Red de transporte de pasajeros del Distrito Federal (RTP) 
  • Corredor insurgentes S. A. (ISA) 
  • Rey Cuauhtémoc S. A. (RECSA) 
  • Corredor oriente poniente S. A. (COPSA) 
  • Corredor tacubaya-tepalcates S. A. (CTTSA) 
  • Sánchez Armas José Juan (SAJJ) 
  • Corredor Eje 4-17 Marzo (CE4-17M) 
  • Movilidad Integral de Vanguardia S.A.
 
 
Fideicomisos privados.- son los encargados de concentrar y administrar los recursos que se generan por el pago de tarifas efectuadas por el usuario. Es a través de estos fideicomisos, que los recursos se distribuyen entre las empresas prestadoras de servicios. Empresas de recaudo.- son las que se ocupan de la instalación, operación y mantenimiento de los sistemas de recaudo del Metrobús; por ejemplo, expendedoras de tarjetas, torniquetes, validadoras, cámaras de vigilancia y sistemas electrónicos para el procesamiento de información, entre otros. Las empresas recaudadoras son:
 

  •  INBURSA encargada de la línea 1
  •  IDEAR Electrónica encargada de la línea 2
  •  Movilidad Integral de Diseño encargada de la línea 3

  
Organismo público descentralizado Metrobús.- finalmente y al mando de todos está Metrobús. Es un organismo público descentralizado del Gobierno del Distrito Federal que planea, controla y administra el servicio. Este organismo fue creado mediante el decreto publicado en la Gaceta Oficial del Distrito Federal el 9 de marzo del 2005.
 
 
 
Antecedentes


A mediados de la década de los sesentas Curitiba, ciudad brasileña, capital del estado de Paraná experimentó la instalación de un polo automovilístico. Empresas como Audi, Volkswagen, Nissan, Renault, New Holland y Volvo se fueron instalando en la ciudad, provocando que el índice de crecimiento poblacional se fuera hacia arriba y con ello creciera la demanda de servicios como educación, y por supuesto el transporte.
 
 
 
Así, en 1972 el arquitecto y urbanista Jaime Lerner, entonces alcalde de Curitiba, tuvo la idea de un nuevo tipo de transporte. Su idea era un sistema de metro sobre el suelo (con carril confinado) que utilizaran los autobuses, recogiera a los pasajeros en paradas designadas y cobrara a los pasajeros una sola tarifa. Bautizándolo como autobús de tránsito rápido.
 
 
 
En 1982 se funda el World Resource Institute (Instituto de Recursos Mundiales). Este instituto es una fundación sin fines de lucro, opera a través de donaciones, dedicada a la investigación y análisis de políticas dirigidas a los recursos mundiales y las cuestiones del medio ambiente. El World Resource Institute organiza su trabajo en torno a cuatro objetivos programáticos fundamentales, que son: 
 
 
 
Gente y ecosistemas. Revertir la degradación rápida de los ecosistemas y asegurar su capacidad para proporcionar a los seres humanos los bienes y servicios necesarios. 
 
 
 
Gobernabilidad. Capacitar a las personas e instituciones de apoyo, para fomentar el medio ambiente y que sea socialmente equitativa la toma de decisiones. 
 
 
Mercado y empresas. Aprovechar los mercados y las empresas para aprovechar las oportunidades económicas y proteger el medio ambiente. 
 
 
Protección del clima, energía y transporte. Proteger el sistema climático mediante la disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero y ayudar a la humanidad y el mundo natural a adaptarse al inevitable cambio climático.
 
 
 
Con la finalidad de conseguir este último objetivo el World Resource Institute (WRI) creó otra fundación que se ocupa de asesorar a los gobiernos que lo requirieran para implementar sistemas de transporte innovadores como el ideado por Jaime Lerner. El nombre de esta fundación es EMBARQ – The World Resource Institute Center For Sustainable Transport. Opera, al igual que WRI, mediante patrocinios y donaciones; desde el 2002 tiene presencia en países como México, India, Turquía y la región andina; su objetivo es hacer que las ciudades de todo el mundo sean un lugar mejor para vivir, centrándose en el transporte, que afecta a todo, desde la prosperidad hasta la contaminación. Los beneficios que promete la fundación EMBARQ son: 
 
 
 
  • Reducir el consumo de combustible, la contaminación del aire y las emisiones de gases de efecto invernadero. 
  • Mejorar la calidad y la rentabilidad del transporte urbano. 
  • Mejorar la salud pública; accesibilidad, seguridad del transporte y seguridad pública. 
  • Mejorar la calidad de los espacios públicos urbanos y el acceso a las prestaciones de la ciudad para todas las clases de ingreso. 
  • Aumentar la competitividad de la ciudad, reducir los costos de hacer negocios y el costo de ir al trabajo.
  • Incrementar las oportunidades para las empresas de movilidad sostenible.


Para lograr estos objetivos, asesora a gobiernos en la implementación y operación de diferentes proyectos de acuerdo a las necesidades de cada ciudad, algunos proyectos que ejecuta EMBARQ, y a los cuales se hace referencia:


Proyectos de EMBARQ Ciudad.
Nombre del proyecto.
Objetivo.
Adapazari Corredores de ciclismo Creación de una nueva visión
Aguascalientes Vivienda Un nuevo paradigma urbano
Ahmedabad Janmarg Camino del pueblo
Antalya Corredores de ciclismo Creación de una nueva visión
Arequipa Sistema integrado de transporte La transformación de la ciudad
Arequipa Mercaderes peatonalización de calles Diseño de personas-friendly
Arequipa Prohibición de vehículos Reducción de la contaminación atmosférica
Madrid Plan de acción de ciclismo Involucrar a las partes interesadas



Implementación
El 9 de marzo del 2005 fue la fecha en la que, el entonces Jefe de gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, decretó la creación del Organismo Público Descentralizado Metrobús.

"C O N S I D E R A N D O Que toda vez, que el transporte público de pasajeros, es un servicio que se brinda, con la finalidad de favorecer las necesidades de la sociedad, satisfaciendo con esto el interés general de la población, y así facilitar el acceso de dichos servicios a la población en general, con el propósito de obtener un beneficio en el desarrollo de la Ciudad de México, en su aspecto urbano, ambiental y ecológico.
Que en la Ciudad de México, el servicio público de pasajeros se presta mediante el Sistema de Transporte Público Local de Pasajeros del Distrito Federal, el cual está integrado por el Sistema de Transporte Colectivo "Metro", Servicio de Transportes Eléctricos del Distrito Federal,  Red de Transporte de Pasajeros del Distrito Federal y el concesionado en sus diversas modalidades.

Que por la importancia que tiene el servicio público de transporte de pasajeros y la imperiosa necesidad de modernizarse, así como la creación de un mecanismo idóneo que proporcione los medios para lograr un buen funcionamiento del transporte de pasajeros en la Ciudad de México; se considera conveniente la creación de un organismo público que debe estar dotado de autonomía, mismo que será diferente a los que actualmente forman parte de la administración pública del Gobierno del Distrito Federal, que se encargue de administrar de manera adecuada y eficaz el nuevo Sistema de Corredores de Transporte Público de Pasajeros del Distrito Federal Metrobús, mismo que contará con personalidad jurídica y patrimonio propio, basado en los principios de legalidad honradez, lealtad, imparcialidad, eficiencia y profesionalismo de acuerdo con la normatividad aplicable en la materia.

Que al crear el denominado Metrobús, como un órgano descentralizado de la administración pública del Distrito Federal, apoyará al trabajo de la disminución de emisiones de contaminantes y preservación del medio ambiente, motivando un transporte limpio que brinde a los habitantes del Distrito Federal la seguridad de contar con un servicio oportuno, continuo, permanente y a la vanguardia mundial, asegurando de esta manera la continuidad de dicho servicio público; por lo que he tenido a bien expedir el siguiente:

DECRETO POR EL QUE SE CREA EL ORGANISMO PÚBLICO DESCENTRALIZADO METROBÚS"

martes, 17 de julio de 2012

Cap. 2 Economía del Transporte



"No quiere mirar el paisaje, se lo sabe de memoria. En el tren hay que leer,
 prestar atención a la conversación de los demás o repasar las carrocerías de
 las tías buenorras, porque si uno empieza a mirar por la ventanilla termina
 viendo pasar su propia vida."

Antonio Iturbe.


De acuerdo con la vasta literatura que existe sobre la economía del transporte, el transporte puede definirse como el movimiento de personas y mercancías a lo largo del espacio físico mediante tres modos, principalmente, que son: terrestre, aéreo o marítimo, o alguna combinación de estos. Consecuentemente se entiende por sistema de transporte a la acción que vincula distintos medios de transporte en un área determinada. La importancia que tienen los sistemas de transporte en la cadena productiva es indiscutible, desde el impulso que tuvo en la industrialización con la introducción del ferrocarril, lo que podríamos considerar el primer sistema de transporte moderno, hasta los aviones, buques y trenes de alta velocidad que tienen un papel preponderante en la economía global.
Por ejemplo: "En el desarrollo industrial del siglo pasado, Alemania se vio favorecida por el desarrollo económico competitivo del sistema de transportes del mundo y por la oportuna iniciativa estatal complementaria. Y sin embargo, Alemania cometió en la estructuración de su sistema de transporte errores decisivos, que hubieron de conducir al interior del Reich a diferenciaciones de desarrollo manifiestamente diversas y no intencionadas".
Pero esto no sólo ocurre en los países desarrollados o con ventajas competitivas por su localización geográfica, también los países subdesarrollados, a los que se ofrece constante ayuda para que puedan efectuar inversiones destinadas a recuperar su atraso económico y elevar el nivel de vida de sus poblaciones. Para ejemplificar hacemos referencia a un caso cercano, México a finales del siglo XlX.


"Uno de los objetivos que con frecuencia se plantearon los gobiernos mexicanos del siglo XlX era la urgente necesidad de mejorar las redes de transporte y las comunicaciones como requisito previo para el desarrollo de la economía y la construcción de la nación. […] Se ha estimado que, en 1877, sólo la mitad de los 8,700 kilómetros de "caminos" federales eran apropiados para el tráfico sobre ruedas. Como consecuencia, la mayoría de los viajes seguían realizándose a pie, en mula, o burro o, en ocasiones, y sólo los muy adinerados, en diligencias. […] La red ferroviaria representó, por mucho, el desarrollo más importante del transporte y se volvió el símbolo más prominente de la modernización decimonónica.

[…] Se ha estimado que la inversión ferroviaria representó hasta un tercio del total de la misma en el porfiriato y si bien la mayor parte de la inversión (42 por ciento) era de fuentes estadounidenses el capital británico también fue importante (35 por ciento)". Esto permitió que las vías ferroviarias aumentaran a ritmo vertiginoso: "[…] En 1884, México tenía 5,731 kilómetros de vías. Para 1898 había aumentado a 12,173 kilómetros y, para 1910 a 19,280 kilómetros, con otros 8,000 kilómetros de líneas ramales".

Si bien se puede discutir sobre la rentabilidad del ferrocarril en México durante esos años y, aún más discutible si propició el tan ansiado desarrollo económico para los mexicanos, es innegable que "México experimentó, cada año entre 1890 y 1905, un saldo comercial positivo con exportaciones que excedían a las importaciones hasta en un tercio en algunos años. Los costos de flete por ferrocarril se redujeron hasta en un 80 por ciento y el tráfico de fletes creció en un promedio anual de 15 por ciento entre 1873 y 1910". Por eso muchos estarían de acuerdo con Enrique Cárdenas al aseverar que para la economía mexicana "[…] La construcción del ferrocarril fue el acontecimiento más importante del último tercio del siglo".
Lo anterior es congruente con la extensa literatura que ha tratado de cuantificar el papel del transporte en el crecimiento económico: "Los resultados de las investigaciones econométricas que han buscado el valor de la elasticidad de la producción nacional con respecto a la dotación del capital público es una de las causas que explica el nivel de renta per cápita y que las infraestructuras de transporte destacan en su contribución sobre el resto de los componentes del capital público". 
De esta manera se explica la importancia del transporte en la economía global, pero para entender la naturaleza de este mercado, así como los principios que rigen su funcionamiento, se requiere de un análisis más especializado, pues de acuerdo con Voigt (1964) la importancia del ramo de una industria se puede valorar, generalmente, por tres escalas: 
  • El número de personas que ocupa. 
  • El volumen de ventas. 
  • El volumen de la creación de valores que dicho ramo de la industria suministra a la circulación de bienes.
Empero, la industria del transporte presenta sus salvedades y es especialmente diferente a las del resto de la economía. Por ejemplo, el aumento en el número de empleados en el sistema de transporte no significa una mayor importancia de ese medio de transporte en la economía, incluso podría expresar una disminución de su capacidad. Cuanto más se automatiza un sistema de transporte, menos personas se necesitan para atenderlo. Así podemos asegurar que no es buena la escala (el número de personas empleadas en sistema de transporte) para medir la importancia de un medio de transporte en la economía.
La segunda escala a considerar, el volumen de ventas, que puede ser medido en toneladas y kilómetros, dentro de ciertos límites, podría proporcionarnos una medida sobre la eficacia del sistema de transporte, pero también tiene sus defectos. Por ejemplo, un avión puede trasladar una maquina liviana pero de alto valor, en cambio, un tren puede transportar muchas toneladas de arena o desechos: ¿Cuál de estos transportes tiene mayor importancia económica?
Pero los rendimientos desiguales no sólo aparecen en el transporte de mercancías, también se manifiestan en el transporte de pasajeros. Por ejemplo, en autobús podría viajar un adolecente camino a la casa de su novia, cuya importancia económica es nula. Al mismo tiempo el gerente de ventas de una trasnacional podría visitar a un cliente, en este caso la contribución económica podría ser notable. Por tanto, ambos personajes en un mismo autobús tienen una valoración de la eficiencia del transporte diametralmente diferente.


Ahora bien, ¿por qué no multiplicar la cantidad de mercancías despachadas, o bien, el número de pasajeros trasladados por los precios y comparar con ello el rendimiento del medio de transporte multiplicándolo por las tarifas correspondientes? Parecería obvio hacer eso, pero el transporte posee una característica por su propia naturaleza. El transporte no es un bien de consumo final, sino un bien intermedio (excepto en el turismo, en donde el traslado ya aporta un valor en sí mismo), y esto hace que esté sujeto a otro tipo de análisis. Así mientras las retribuciones bajan, crece la importancia económica del sistema de transporte.


Es verdad que podría parecer contradictorio, pero esto se debe a una externalidad positiva conocida como efecto Mohring. Al incrementarse la demanda de transporte de pasajeros, las empresas transportistas responden incrementando la oferta, lo que permite al usuario reducir sus tiempos de espera y sus costos, como se puede ilustrar en la Figura 2.1



  
Considere una ruta de transporte público urbano en la que para producir un cierto flujo de plazas por hora el operador incurre en un costo C, que es función de número de autobuses en servicio (N) en esa ruta (C = wN, donde w es el costo por hora de un autobús en servicio). El costo medio por pasajeros para el productor es C = (wN)/q. Para el usuario, el costo generalizado de realizar un viaje es igual al precio (p) más vt, que representa el costo monetario del tiempo invertido caminando, esperando y permaneciendo en el interior del autobús (tal y como se explica, de manera más detallada, en el siguiente capítulo) El costo social de transportar a q pasajeros es Cq = wN + vtq.
Siguiendo a Mohring (1972), suponga que la empresa se encontraba ofreciendo una frecuencia de tres viajes por hora en esa ruta (un autobús cada 20 minutos). Suponga asimismo que la demanda se duplica y que la empresa responde duplicando el número de autobuses (N). De esta forma el costo total del productor se duplica, mientras que el costo medio permanece constante. Veamos ahora que pasa con el costo del usuario. Suponiendo que los usuarios llegan de forma aleatoria a la parada del autobús el tiempo de espera varía de 0 a 20 minutos (0 < vt < 20), con una media de 10 minutos. Al duplicar la el número de autobuses se duplica la frecuencia y el tiempo se reduce en un 50%. Consecuentemente el costo del usuario se reduce.



Por consiguiente, el retroceso en la aportación de la industria del transporte al Producto Nacional Bruto -en el largo plazo- no necesariamente implicaría una disminución en la importancia económica sino que podría implicar justo lo contrario.



La tercera escala (el volumen de la creación) parece ser el más apropiado para saber cuál es el peso especifico del transporte en la economía. Debido a que el crecimiento, así como también la inhibición del desarrollo económico, propiciados por el transporte es más adecuado para medir el grado de imperfección de la industria. Cuanto más valioso es un sistema de transporte, el costo del mismo con que grava al resto de la economía debe ser menor. 
  
Gines de Rus, propone los siguientes diez puntos que son los principios fundamentales y los elementos diferenciadores que justifican el análisis de la industria del transporte como una rama especializada de la teoría económica. Siguiendo con esta idea, daremos otras características, más puntuales, para el sistema de transporte público de pasajeros, que será el objeto de estudio de este trabajo.



1. Tecnología de producción: la infraestructura y los servicios.
2. Un input fundamental: el tiempo de los usuarios.3. Características de los servicios: no almacenabilidad e indivisibilidad.
4. Inversión óptima en infraestructuras.
5. Competencia limitada y necesidad de regulación.
6. Efectos de red.
7. Externalidades negativas.
8. Costos del productor, costos del usuario y costos sociales: ¿Quién debe pagarlos?
9. Obligaciones del servicio público.
10. Infraestructuras y crecimientos: los enfoques macro y microeconómicos.



Tecnología de producción: la infraestructura y los servicios. En la industria del transporte existen dos tipos de empresas principalmente. Algunas empresas se dedican a la construcción y explotación de infraestructuras (aeropuertos, carreteras, vías férreas, puertos, etc.) mientras otras mueven los vehículos que utilizan estas infraestructuras (líneas aéreas, empresas de autobuses, ferrocarriles, navieras, etc.). Estos dos tipos de empresas siempre están presentes cuando se examina la tecnología de producción.


Un input fundamental: el tiempo de los usuarios. En la función de producción del transporte no sólo participan los factores productivos básicos: trabajo, energía, infraestructura y equipos móviles. Las decisiones de las empresas y de los usuarios no podrían entenderse sin incluir en la función de producción el tiempo como un input que proporciona el consumidor, ya sea como pasajero o como propietario de una mercancía que es trasladada.


Características de los servicios: no almacenabilidad e indivisibilidad. Cuando una empresa pone en circulación un vehículo con un determinado número de plazas, esa oferta debe consumirse en el momento en el que se está produciendo el servicio o éste se pierde. Esto en cuanto a la no almacenabilidad del producto, pues la indivisibilidad aparece cuando una empresa no puede aumentar su producción de forma continua, sino por bloques determinados de producto, es decir, no puede salir medio autobús a realizar un recorrido.


Inversión óptima en infraestructuras. Una de las partes más importantes que estudia esta especialidad de la economía (la economía del transporte) se refiere a las características de las infraestructuras necesarias para el desarrollo de la misma y de forma específica los problemas que plantea la decisiones sobre cuál debe ser su capacidad óptima y cómo deben financiarse.
Competencia limitada y necesidad de regulación. Resulta habitual que el número de empresas dentro de cada modo de transporte sea bajo, debido a las limitaciones físicas que impone la infraestructura además de la dimensión determinada por la demanda. Por eso, socialmente se considera necesario que exista algún tipo de regulación por parte de los gobiernos.


Efectos de red. En teoría económica se habla de economías o efectos de red cuando la utilidad de un bien depende del número total de consumidores o usuarios que hacen uso del mismo o de bienes similares. En infraestructuras, añadir una conexión adicional a la red hace que el valor del resto de los activos sea mayor, ya que habrá usuarios que puedan elegir entre más alternativas de viaje.


Externalidades negativas. Las externalidades negativas son muchas y muy variadas, se puede tomar en cuenta desde el espacio físico que se utiliza para los diferentes tipos de infraestructura que usará el sistema de transporte en cuestión, pasando por la contaminación que genera y finalmente las aglomeraciones, fenómeno característico de los sistemas de transporte público de pasajeros.


Costos del productor, costos del usuario y costos sociales: ¿Quién debe pagarlos? La decisión sobre cómo deben pagarse estos costos es una de las más trascendentales dentro de la política económica del transporte.


Obligaciones del servicio público. Tal vez la obligación más importante que tiene el servicio público en el transporte público de pasajeros es que éste actué como un mecanismo redistributivo de la riqueza. Paradójicamente esta obligación podría ser la principal causa de excesiva demanda que conlleva a ineficiencia económica pero también del servicio en sí.



Infraestructuras y crecimientos: los enfoques macro y microeconómicos. Desde el punto de vista macroeconómico se puede estudiar la contribución del transporte en el producto nacional, como ejemplificamos en páginas anteriores. Pero este no es el tema de nuestro trabajo. En las siguientes páginas nos enfocaremos en el transporte desde el punto de vista microeconómico (la demanda por parte de los individuos para desplazarse a sus hogares, lugares de trabajo, ocio, etc.,) y de qué forma este medio de transporte, el Metrobús de forma específica, promueve o inhibe el desarrollo económico.

El transporte público de pasajeros tiene sus propias características, que lo hacen interesante para el estudio económico, aunque ya las mencionamos, de forma general anteriormente y a riesgo de ser redundante pero no poco claro, en los siguientes párrafos las retomaré, pero ya en el caso puntual del Metrobús.

  • El tiempo de los usuarios.
  • No almacenabilidad e indivisibilidad.
  • Efecto de red.

El tiempo de los usuarios. Como ya habíamos mencionado anteriormente la toma de decisiones, tanto de los usuarios como de las empresas, depende puntualmente del tiempo, visto como un insumo que proporciona el consumidor, ya sea como propietario de una mercancía que es trasladada o como pasajero.



En el transporte de pasajeros el tiempo adquiere una dimensión especial, convirtiéndose en una variable tan importante, o más, como el precio del mismo. El tiempo que se emplea en el desplazamiento de un lugar a otro no es fijo, además los usuarios pueden elegir entre varias alternativas para un mismo trayecto, con tiempos diferentes, viéndose afectado por el número de usuarios utilizando el servicio a la vez. Entonces la demanda de transporte estará determinada por las tarifas, preferencias y los tiempos, pues el tiempo de viaje supone una "des-utilidad".



No almacenabilidad e indivisibilidad. En el momento en que un autobús está en tránsito, debe consumirse el número total de plazas, pues estas son inalterables y si no se aprovechan se pierden. La principal complicación que muestran los sistemas de transporte público de pasajeros es que la demanda de transporte no es uniforme a lo largo de día, incluso hay diferencias entre los días de la semana y épocas del año.



Si la empresa proveedora del servicio, Metrobús, pusiera en circulación más autobuses de los necesarios, la mayoría, de éstos, realizaría los viajes casi vacios, con el consecuente mal gasto de los recursos. En el caso contrario, si la oferta resulta insuficiente, la consecuencia será la aglomeración de personas, autobuses viajando cerca de su máxima capacidad, incluso por encima, afectando la comodidad de los pasajeros, e incurriendo en gastos no programados por el uso excesivo de la infraestructura.

Esto en cuanto a la no almacenabilidad del producto. La indivisibilidades un impedimento físico, ya que resulta imposible poner en circulación medio autobús. Si con n autobuses no es posible atender a toda la demanda porque hay un usuario adicional que sobrepasa la capacidad, el Metrobús podría utilizar n + 1 autobuses, si lo que se quiere es dar servicio a todos los usuarios, aunque el último autobús circulará casi vacío. Metrobús ha optado por tener cierta flexibilidad al elegir el tamaño de sus autobuses, prefiriendo diferentes niveles de capacidad, sin embargo, esto no necesariamente es una buena salida, pues un autobús es muy diferente a un avión, evidentemente. Por ejemplo, el avión Boeing 747 consiguió múltiples ventajas, como el menor costo por vuelo y la reducción de tiempo, pues el tiempo de espera marginal, por cada pasajero adicional que vaya en el avión es casi cero, pues todos bajan en la misma terminal. No así en el Metrobús. Cuando un autobús es excesivamente grande, los tiempos de ascenso y descenso del autobús crecen de forma más que proporcional al número de pasajeros, pues entre mayor sea el número de pasajeros, se estorban más unos a otros, y esto ocurre en cada una de las estaciones (paradas programadas) ocasionando que el autobús se desplace de forma accidentada.



Como podemos ver los costos de las grandes aglomeraciones son: pérdida de tiempo de los usuarios, estrés y contaminación. Pero el problema de estos costos es que no son monetarios, por lo tanto el primer usuario (y los que siguen) que representa saturación para un sistema de transporte (Metrobús en nuestro caso) no paga los costos que le imponen a los demás usuarios. Esto ocasiona que el enésimo usuario tome decisiones ineficientes, desde el punto de vista social, sobre cuándo y cómo debe viajar.


Es pertinente distinguir entre el costo privado y el costo social de un viaje. El costo privado es el costo en el que incurre un usuario por viajar (el costo del boleto, su tiempo, etc., menos la utilidad esperada); el costo social es el costo privado más el costo que ese usuario impone sobre los otros usuarios del Metrobús.


Eso para Parkin (2006) es una externalidad. "Se denomina externalidad al costo o beneficio que surge de la producción y que recae sobre una persona distinta al productor o del costo o beneficio que surge del consumo y que recae sobre una persona distinta al consumidor. [… una externalidad negativa, es cuando se impone un costo externo […]" La existencia de congestionamiento implica que el tiempo de viaje depende del número de usuarios que estén en ese momento en el Metrobús. Podemos obtener la curva que relaciona el costo marginal privado con el flujo de personas, como en la Figura 2.2. Así

mismo podemos derivar una curva de costo marginal social que tome en cuenta los costos externos, que el enésimo usuario impone sobre los demás.




El costo de la externalidad es la distancia vertical entre la curva de costo marginal privado (CMP) y la de costo marginal social (CMS), es decir, la distancia entre los puntos A y C. El área sombreada es la pérdida irrecuperable a causa de la externalidad negativa. El equilibrio, en el momento 1, se da en el punto A, donde la curva de beneficio marginal (BM) iguala a la curva de costo marginal privado (CMP), pero la mayor eficiencia se alcanza en el punto B, donde el beneficio marginal (BM) de un usuario extra iguala el costo marginal social (CMS).



En el equilibrio A, el precio del viaje es subvalorado porque el enésimo usuario no paga por el congestionamiento que ha causado y demasiados viajes son hechos. La pérdida de eficiencia asociada con el excesivo uso del transporte se muestra en el área sombreada.

La solución parece simple y fue desarrollada por Alfred Pigou. Los economistas defienden que la mejor manera de hacer frente al excesivo congestionamiento es el impuesto pigouviano, consiste en alterar la función de costo privado para internalizar el efecto externo, producido por el enésimo usuario y sufrido por todos los demás usuario que llegaron antes que él. Se trata de que el costo marginal privado sea igual al costo marginal social, para lo cual habría que hacer un ajuste en el precio del viaje, haciendo que refleje los costos externos que se impone a terceros.


Con los mecanismos de cobro que tiene el Metrobús, pago electrónico, no sería nada difícil que esto ocurriera. Una vez que el sistema registrará el número de entradas que saturen al sistema, se podría ajustar el precio, subirlo, para que sólo los usuarios que de verdad tengan que viajar lo hagan, y los que puedan modificar su conducta tengan los [des]incentivos para hacerlo. Sólo habría un inconveniente, el transporte público de pasajeros también cumple con la función de ser un mecanismo de redistribución de la riqueza, por tanto, no sería muy popular esta medida aunque sería mucho más justo que el alza generalizada de los precios del transporte y, por otra parte, se evitaría caer en la tragedia de las comunas.


Efecto de red. Describe situaciones en las que el consumo de una persona influye directamente en la utilidad de otra, ya sean éstas positivas o negativas. En concreto, el efecto de red forma un tipo especial de externalidad en el que la utilidad que obtiene de un bien una persona depende del número de individuos que lo consuman. Un ejemplo de lo anterior es internet, entre mayor sea el número de personas conectadas a internet, éste se enriquece en su contenido, provocando que cada vez más personas deseen estar conectadas.



Estos efectos deben tomarse en cuenta a la hora de evaluar los beneficios que supone la entrada en servicio de una nueva infraestructura, pero también para el diseño de su capacidad, porque el número de usuarios que finalmente la use puede ser mucho mayor al pronosticado inicialmente, en parte por este efecto de entrada de tráfico de conexión.



Volviendo al caso Metrobús, estaba considerado para satisfacer una demanda establecida, pero cuando entró en funcionamiento el tren suburbano y quedó un transbordo natural en la estación Buenavista, la demanda del Metrobús se vio incrementada al igual que la del tren suburbano, causando un efecto de red.

lunes, 16 de julio de 2012

Cap. 3 Factores Fundamentales del Transporte



"Si llego a mi destino ahora mismo,
lo aceptare con alegría; y si no llego
 hasta que transcurran diez millones de
 años, esperaré alegremente también."

Walt Whitman.



Valor Económico del Tiempo 


El tiempo, seguramente, es el costo más alto que hay que pagar en el transporte público de pasajeros. Por lo que el ahorro en el tiempo de viaje es el beneficio potencial más importante cuando se hace una mejora en el sistema de transporte. Los costos del tiempo de viaje varían dependiendo del tipo de viajero, el tipo de viaje, y las condiciones de éste. Bajo ciertas circunstancias los costos del tiempo de viaje pueden ser muy altos, por ejemplo, en una emergencia.

Los costos por minutos son más altos cuando hay una gran congestión de vehículos, sin embargo, no es lo mismo estar en un embotellamiento durante treinta minutos en una Mercedes Benz de 80,000 dólares que ir parado en el Metrobús. El costo por minutos del viaje del primero, necesariamente, será menor al del segundo. Pues el que va en el Mercedes Benz, tiene múltiples comodidades que hacen que la espera sea más placentera, incluso, puede tener la percepción de que el tiempo pasa más rápido, mientras que el segundo individuo tiene que ir intimando con personas que seguramente no desearía.

Podemos asegurar que el valor del tiempo cambiará de acuerdo al escenario, el camino, la congestión, etc. En general, el valor del tiempo depende directa y positivamente a la calidad de la experiencia asociada a éste.
El costo de oportunidad es un concepto muy importante para el economista, también es la causa principal para asignar un valor económico al tiempo. De acuerdo con Azqueta (1994) "el tiempo invertido en algo hubiera podido dedicarse a una actividad alternativa". La única forma de saber cuál es la mejor elección es asignarle un valor económico a las distintas opciones, la que resulte menos costosa y tenga más beneficios será la mejor elección.

El tiempo de las personas se puede dividir en dos grandes ramas, actividad productiva (trabajo) y tiempo libre (ocio). Si el uso alternativo del tiempo fuera una actividad productiva, su costo de oportunidad es el salario. Sin embargo, debido a los contratos laborales y otras cosas que hacen de cierta manera inflexible el uso del tiempo, el intercambio de tiempo puede ser más bien entre tiempo de viaje y tiempo de ocio. Entonces el costo de oportunidad del tiempo de viaje es, el valor de los usos alternativos del tiempo de ocio por individuo y la actividad que represente la actividad planeada. Es por esto que el costo de oportunidad del tiempo de viaje puede ser distinto al del salario.
Supongamos que por alguna razón, sin importar cuál, existe un ahorro en el tiempo del viaje. La recta presupuestal del individuo se modifica y ahora tiene más tiempo para el ocio, pasando del punto Oc al punto Oc.

En la mayoría de la bibliografía se utiliza el salario para valorar el tiempo de trabajo. Sin embargo, de acuerdo a Azqueta (1994) esta forma de proceder es controversial debido a: 


  • El salario de mercado no siempre refleja la productividad del trabajador.

  • Los ahorros de tiempo pequeños no permiten desarrollar una actividad productiva completa; esto impide la utilización productiva del tiempo libre.
  • No se toma en cuenta la posibilidad de utilizar de forma productiva el tiempo de viaje.
En seguida presentaré un modelo teórico sobre el valor económico del tiempo, si bien, su aplicación sería muy engorrosa y poco practica, nos da una idea del grado de teorización y por ende de importancia que tienen estas cuestiones. Para resolver este problema se analiza la conducta de la persona cuando tiene que elegir entre tiempo y dinero. Por ejemplo, se analizan las decisiones de las personas sobre el transporte empleado, el tipo de ruta elegida, la velocidad a la que se viaja. Todo esto le permite a la persona obtener mayor tiempo de ocio, reduciendo el del viaje, pero con un costo. Este costo traduce el valor del tiempo en dinero.

Hasta ahora hemos visto el valor del tiempo de forma agregada, es decir, como una suma, simple, a la tarifa que paga el usuario para calcular el precio generalizado. No obstante, el tiempo de viaje se puede desagregar en tres componentes: tiempo de viaje en el autobús (
𝑇𝑣); tiempo de espera (𝑇𝑒); y los tiempos de acceso (𝑇𝑎,𝑇𝑎’), que incluye lo que tarda desde el punto de origen (casa, trabajo, etc.) hasta que comienza el tiempo de espera (𝑇𝑎) y desde que éste termina tras descender del autobús hasta alcanzar el punto de destino (casa, trabajo, etc.)(𝑇𝑎′). De manera que la función del tiempo queda así.


𝑻=𝑻𝒗+𝑻𝒆+𝑻𝒂+𝑻𝒂′



También habría que tomar en cuenta que el tiempo de circulación (𝑇𝑣) depende de la velocidad del autobús y de la distancia existente entre paradas. A su vez también dependerá de características técnicas del autobús, regulaciones del tráfico y las condiciones del mismo. Todos estos factores se deberían de tomar en cuenta por parte del proveedor de transporte, como lo es el Metrobús, para realizar una buena estimación de la demanda, de otra manera aparecen demoras o adelantos, sobre los tiempos previstos, lo que afecta de forma directa a la calidad del servicio, pues provoca que los autobuses vayan sobreocupados o vacios.

Como hemos visto hasta ahora de forma teórica, la escases y la forma de asignar el tiempo es lo que determina el valor de éste. Ahora lo analizaremos con la herramienta de las matemáticas.

Como planteamos al inicio de este capítulo, el tiempo es un recurso escaso que debe ser distribuido entre ocio y trabajo. El tiempo tiene una restricción natural (24 horas al día), además el consumidor tendrá que maximizar su utilidad. Considerando que cada individuo deriva su utilidad del consumo de una canasta de actividades (


𝑋𝑗), pero también el tiempo total (𝑇𝑗) que destina a dicho consumo y a trabajar (𝑇𝑤) entonces la función de utilidad queda así:


𝑼 𝑿,𝒕 =𝑼(𝑿𝟏,…,𝑿𝒏;𝑻𝟏,…,𝑻𝒏;𝑻𝒘)


Como se puede observar, esta función de utilidad tiene dos restricciones, la restricción monetaria, pues no puede comprar todos los bienes 𝑋𝑗 de forma infinita, y la segunda restricción es la del tiempo. La primera restricción la podemos expresar de la siguiente manera:




Donde el lado izquierdo de la ecuación representa el gasto total, que debe ser igual o menor al ingreso total, es decir, el individuo no tiene la posibilidad de endeudarse. No en este modelo. El lado derecho es el ingreso salarial (𝑇𝑤) y el ingreso no salarial (𝑚0) del individuo.


La segunda restricción es la del tiempo. El tiempo total son las 24 horas del día y éste se distribuye entre ocio y trabajo. El tiempo total es mayor o igual al tiempo que se destina al ocio y al trabajo.

Finalmente, algunas actividades requieren de un tiempo mínimo para ser realizadas; esta actividad adopta para cada j = 1,…, n, la forma genérica.


 𝑇𝑗 ≥𝑎𝑗𝑥𝑗


Esto quiere decir que, el tiempo mínimo para realizar una actividad j es directamente proporcional (mediante el coeficiente 𝑎𝑗) a la cantidad consumida. Esta forma de presentar el problema de optimización nos permite determinar si el tiempo destinado a una actividad es más o menos del deseado.


Ahora para resolver este problema se procede a construir el lagrangiano incorporando




Los multiplicadores se interpretan de la siguiente manera:



𝝀=𝑈𝑡𝑖𝑙𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑚𝑎𝑟𝑔𝑖𝑛𝑎𝑙 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑟𝑒𝑛𝑡𝑎

𝝁=𝑈𝑡𝑖𝑙𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑚𝑎𝑟𝑔𝑖𝑛𝑎𝑙 𝑑𝑒𝑙 𝑡𝑖𝑒𝑚𝑝𝑜 𝑡𝑜𝑡𝑎𝑙 𝑑𝑖𝑠𝑝𝑜𝑛𝑖𝑏𝑙𝑒



𝝓=𝑈𝑡𝑖𝑙𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑚𝑎𝑟𝑔𝑖𝑛𝑎𝑙 𝑑𝑒 𝑢𝑛𝑎 𝑟𝑒𝑑𝑢𝑐𝑐𝑖ó𝑛 𝑑𝑒 𝑎ℎ𝑜𝑟𝑟𝑜 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑡𝑖𝑒𝑚𝑝𝑜 𝑚í𝑛𝑖𝑚𝑜 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑐𝑎𝑑𝑎 𝑎𝑐𝑡𝑖𝑣𝑖𝑑𝑎𝑑.


Ahora analizaremos las condiciones de primer orden. La primera expresión es la condición de primer orden respecto a 𝑋𝑗, es decir, derivamos el lagrangiano respecto a 𝑋𝑗 e igualamos a cero, obteniendo lo siguiente:


Lo más relevante de esta expresión es que se añade la restricción del tiempo mínimo de consumo de cada actividad, es decir, que el consumo de un bien ya no sólo dependerá de su precio, sino también del tiempo que me tome comprarlo o más bien realizarlo. Por ejemplo, suponiendo que el individuo A puede pagar la mensualidad del gimnasio que desea, pero no tiene tiempo para ir, sería irracional que la comprara. La siguiente expresión es la derivada del lagrangiano respecto al tiempo de trabajo.


Con respecto al tiempo de trabajo la decisión óptima depende de tres aspectos. La utilidad marginal del tiempo de trabajo y el efecto negativo de 𝑇𝑤, el salario y la utilidad marginal que éste representa sobre el tiempo total disponible, medido por la 𝜇.


Las dos propiedades de valores, antes expresadas, están afectadas por la tercera expresión, la condición de primer orden respecto al tiempo libre. Misma que nos permitirá determinar cuál es el tiempo que el individuo desearía dedicarse a cada actividad.



Esta expresión nos dice poco, pero si dividimos la expresión entre la utilidad marginal de el ingreso, es decir entre 𝜆 y reordenamos, para obtener la condición de equilibrio, a la cual se le pueden dar las siguientes tres interpretaciones.


1. El lado izquierdo es el cociente entre la utilidad marginal del tiempo disponible y la utilidad marginal del ingreso. Es la relación marginal de sustitución entre el tiempo y el ingreso, es el valor del tiempo. Podría interpretarse como el "precio sombra" el cual estaría dispuesto a pagar el individuo para aumentar su tiempo disponible en una unidad. En esta primera relación queda patente la idea de escasez, ya que si el tiempo disponible fuera infinito el multiplicador 𝜇 sería cero y el valor del tiempo, por consiguiente, también lo sería.


2. El tiempo para el individuo también funciona como un bien de intercambio, pues éste tiene valor en la medida en que puede ser asignado a otras actividades. Esto está determinado por el cociente entre la utilidad marginal del tiempo total asignado a una actividad y la utilidad marginal del ingreso.


3. La última relación es muy relevante en la demanda de transporte y está relacionado con el hecho de que para una actividad se utilice más o menos tiempo del necesario, pues refleja cuál es el valor del ahorro de tiempo en relación a la utilidad marginal del ingreso.


Ahora, si despejamos, esta última razón, tenemos que el valor del tiempo dedicado al transporte se vuelve relevante cuando hay un ahorro en dicha actividad, pues la utilidad del individuo sólo aumenta cuando es capaz de transferir ese tiempo a una actividad de ocio.





Por ejemplo, las mejoras en la infraestructura de un sistema de transporte traerán un ahorro de tiempo, que sería igual a la diferencia entre el valor total del tiempo disponible y el valor del tiempo que ya estaba destinado al transporte. Cabe mencionar que el valor exacto de este tiempo dependerá de a qué se dedique el tiempo ahorrado, pues este depende de la utilidad del uso alternativo de ese tiempo.



Comodidad



La comodidad es un factor complementario de la privacidad y de cierta forma crea un sentimiento de confort y agrado en los desplazamientos: el ruido, las condiciones ornamentales, la temperatura, humedad, condensaciones y el olor humano (¿feromonas?), oscilaciones y sacudidas, son algunos de los factores que determinan el bienestar de un usuario del transporte público de pasajeros.


El automóvil es el medio de transporte que ofrece mayor privacidad, es por esto que miles de personas destinan gran parte de su ingreso, incluso se endeudan por varios años, para comprar un automóvil. Un buen sistema de aire acondicionado, lector de CD estereofónico, asientos de piel y descansa brazos que brindan la sensación de ser abrazado, son algunas de las comodidades que ofrece un vehículo particular. Mientras que el transporte público de pasajeros posee autobuses que en la mayoría de los casos sólo se puede decir que son miserables. No es el caso del Metrobús, pues todos los camiones son modelos recientes (ojalá y pueda decir lo mismo en diez años).


Pero si un individuo no puede comprar un vehículo, sólo le queda la opción del transporte público que es al mismo tiempo, caro e insuficiente. En el Distrito Federal no es tan oneroso el transporte, pero en el Estado de México sí.


La explosión demográfica, a la que es sujeta la ciudad de México, y los salarios cada vez más bajos, han provocado que muchas familias en busca de un lugar decoroso en donde vivir, se desplacen de la ciudad, a los suburbios. Lo que genera segregación económica e incluso racial. Algunos de mis compañeros que viven en los suburbios, gastan 50 pesos o más, diariamente para trasladarse de su casa a la universidad, en cambio, lo que gastarían en gasolina para recorrer la misma distancia en un automóvil sería más o menos la mitad y en menos tiempo. Pero tener un automóvil requiere de una inversión inicial bastante alta misma que no pueden hacer porque gastan mucho en transporte, creando un círculo vicioso.


Pero no sólo los pobres no tienen acceso al automóvil, también las personas con capacidades diferentes, los ancianos y los jóvenes sufren las calamidades de un sistema de transporte en el que poseer un automóvil privado es una necesidad. Para el año 2005, aproximadamente 889,533 personas tenían más de 60 años en el Distrito Federal. Para el mismo año cerca de dos millones y medio de personas tenían entre 15 y 29 años de edad. Son todas estas personas, más las que viven en el área metropolitana, las que necesitan transporte público y la demanda sigue creciendo.


Otro de los grandes problemas que afectan al sistema de transporte público de pasajeros, y que generalmente no se toma en cuenta, es la eliminación de la privacidad. Es realmente complicado sentirse medianamente feliz cuando a una persona le comprimen las entrañas en un autobús. […]Estos hechos vejan la dignidad de cualquier persona y tienen el efecto negativo para el medio ambiente, pues hace del automóvil el transporte más deseado. Incluso en la Ciudad de México (donde los desplazamientos en automóvil consumen mucho tiempo y pueden llegar a ser relativamente caros debido a los estacionamientos) poseer un automóvil es más ambicionado pues se tiene la posibilidad de mantener la calma y sobre todo elegir a las personas con las que quiere intimar, además proporciona independencia y seguridad.



Eficiencia y Productividad del Transporte



Existe la eficiencia técnica y la productiva. La idea de eficiencia técnica es relativamente sencilla, una empresa se considera eficiente cuando logra un determinado nivel de producción con la mínima cantidad de recursos posibles.


Si existe sustituibilidad entre los factores de la producción (lo cual se traduce en la existencia de curvas isocuantas decrecientes, cada una de ellas representando todas las posibles composiciones de factores para un mismo nivel de producción) surge la interrogante de cuál de todas las curvas posibles es la que cumple con la definición anterior. Cuando una empresa elige las cantidades mínimas de factores para llevar a cabo una producción y no hay derroche en ninguno de los insumos, todos los puntos que estén en la curva isocuanta son soluciones eficientes, mientras que los puntos que estén por encima de la curva corresponderán a empresas ineficientes.


Pero la anterior solución sólo funciona en cuanto a la sustituibilidad de los factores; si agregamos los precios de los factores llegaríamos a la conclusión de que no todos los puntos de una isocuanta tienen el mismo costo, pese a que todos lleguen al mismo nivel de producción, a esto se refiere el concepto de eficiencia económica. Nos podríamos preguntar si en realidad una empresa está minimizando los costos para lograr su producción. Bajo esta condición sólo uno de los puntos de la isocuanta es la combinación óptima de factores según la eficiencia económica.


El concepto de relación técnica de sustitución entre factores (𝑅𝑇𝑆𝑖𝑗) es el que determina si una empresa es eficiente económicamente. Para que una empresa lleve a cabo un nivel de producción, determinado con anterioridad, Q0 por ejemplo, con los mínimos costos viables deberá elegir entre una combinación de cantidades de insumos que esté disponible sobre la curva isocuanta Q0 y que cumpla la siguiente condición para cada par de factores i, j.

Donde 𝑊𝑖 y 𝑊𝑗 son los precios de los factores i y j respectivamente. Podríamos interpretar la relación anterior de la siguiente manera: si una empresa puede sustituir uno factores por otro, deberá hacerlo teniendo en cuenta los precios de los mismos, hasta el punto en el que si cambiase una unidad del factor i por el factor j se obtuviera la misma producción, pero elevando los costos para la empresa.


Si tomamos una función de producción de tipo Cobb-Douglas Q = f (K, L) donde L es el factor trabajo y K es el factor del capital que integra el resto de los factores productivos (autobuses, infraestructura, etc.), cualquier combinación de (K, L) situada sobre la curva isocuanta Q = Q0, por ejemplo, el punto A o el B, resulta técnicamente eficiente para producir esa cantidad de pasajeros-kilómetros, por poner algún ejemplo. Sin embargo, llegar al mismo nivel producción con la combinación de factores que este en el punto C o en cualquier punto por encima de la curva isocuanta es ineficiente, ya que se están gastando más recursos de los necesarios.




Eficiencia técnica en el transporte. Los puntos a y b con equivalentes desde el punto de vista de la eficiencia técnica. Si introdujéramos los precios de los factores, entonces esto cambiaría, pues aunque se podría alcanzar el mismo nivel de producción con este par de combinaciones alguna de las dos resultaría más costosa.