Tendría cerca de cuatro años cuando ocurrió mi primera crisis asmática. Recuerdo al doctor diciéndole a mi mamá que si no reaccionaba con esos medicamentos me tendrían que internar. No recuerdo cada cuando me daban pero eran más o menos frecuentes. Conocía ya, el procedimiento a seguir; jarabe para la tos, tres inyecciones, toser y toser durante tres o cuatro días y de vez en vez vomitar hasta que no me quedaba nada en el estomago, entonces empezaba a recobrar la salud.
Mi recamara daba hacía la calle, cada vez que me enfermaba escuchaba a mis primos y vecinos jugar, eso me entristecía, yo apenas podía respirar, así que jugaba con mi carritos en la cama. Ese tipo de crisis las padecí hasta los ocho, tal vez diez años. Después cambiaron, sólo se me cerraban los bronquios, el pecho me dolía por el esfuerzo que hacía por tratar de respirar. Afortunadamente un medico, Ernesto, me receto un medicamento que fue milagroso para mi. Cuando no podía respirar solamente lo inhalaba y problema resuelto.
Hasta la semana pasada tenía más de cinco años de no tener una crisis de asma grave, es decir que se saliera de control. Hay terapeutas (psicólogos) que afirman que el asma es un padecimiento psicosomático y aunque siempre he tenido buenas razones para somatizar esta enfermedad no sé qué tan cierta sea esa afirmación, pero esta semana, volvió el asma como cuando era niño. Mis bronquios estaban completamente cerrados, estaba durmiendo, soñando cosas horribles hasta que pude despertar, lo solucione de momento con un poco de Salbutamol, y me acosté. Lo que sentí en ese momento, y podría ser la explicación de por qué volvió el asma, fue un gran cansancio emocional.
Todos los días mis emociones están a tope, en un momento la amo con todo el corazón y estoy completamente seguro de luchar por su amor, y no sólo eso, sino de que lo conseguiré y al siguiente instante la sigo amando pero siento que ya se fue y no tengo ni la mínima oportunidad de reconquistarla. Yo sé que si espero lo suficiente me volveré a enamorar, pero el asunto es que no quiero hacerlo. Si el amor existe, tiene que ser lo que viví con Nadia, y si eso que viví con ella, definitivamente las cosas más hermosas que he vivido, es tan fácilmente reemplazables entonces el amor no existe. Es por eso que no quiero volver a amar, porque todas mis esperanzas de que el amor existe y de que valemos la pena como humanos, están depositada en Nadia. De otra forma me pregunto ¿para qué hacer esto o lo otro, si soy reemplazable, si habrá otro que lo haga mejor que yo?
Está desilusión amorosa me ha hecho daño realmente. Me he convertido en alguien que no quisiera ser. He comenzado a cambiar la calidad por la cantidad, estoy con una persona que no quiero estar, no me siento feliz con ella, apenas y llena un vacío, el espacio físico que Nadia dejó, pero sólo eso y estando con ella busco más para ver si entre muchas puedo lograr tener lo que tenía con Nadia y al momento no lo he logrado. Seguramente estoy dañando a otras personas (daño colateral). Aunque soy consciente de todo, no me detengo porque pienso, si a mi me lastiman sin ningún remordimiento, por qué no lo hago yo. Estoy actuando de forma resentida, pero parece que es la actitud que se premia en la vida.
Cuando la calidad no da sostén, tiendo a buscar el remedio en la cantidad, (eso creo). Cuando el "compromiso" ya no tiene sentido y las relaciones no son confiables, me inclino por tener muchas opciones, si una se va, está la otra. Sin embargo no quiero entrar en este juego, porque creo que cuando alguien es así, se vuelve más complicado, cuando no imposible, y desalentador, sentar cabeza, pues ya se han perdido las habilidades para estar con una sola persona. Mi familia es muégano, me ilusiona formar una familia así, pero parece que las probabilidades de lograrlo tienden a cero. Seguir en movimiento (tener muchas mujeres al alcance) antes un privilegio y un logro para mi, ahora parece convertirse en una obligación, creando una fea incertidumbre, sé que esto no es una respuesta, pero los riesgos se distribuyen junto con las angustias que se generan y si no soy más feliz tampoco me afecta.
Siento que mi vida, en estos momentos, está en un puerto de montaña. Estoy subiendo una empinada cuesta hacia un paso montañoso que nunca antes había cruzado, y por ello, no tengo presentimiento alguno de la panorámica que, desde allí, alcanzare a ver; no estoy seguro de a dónde me llevará ese revirado y alambicado desfiladero. Pero estoy seguro de que no me puedo quedar mucho tiempo en donde estoy ahora, en un punto indeterminado de esa acusadora subida. Así que seguiré moviéndome, no "para" algo, sino "por motivo de" algo: porque no puedo quedarme quieto, una vez alcanzada la meta, y viendo completamente la panorámica, entonces habrá llegado el momento de desplazarme "para".