miércoles, 27 de octubre de 2010

19 Semanas

En recientes textos escribí acerca de las fechas y los deseos, pero qué son los deseos. Hay cosas que primero aprendemos de forma empírica (por la experiencia) y después les ponemos nombres formales a través del conocimiento científico. Este es el caso, si le preguntáramos a cualquiera ¿qué es un deseo? nos contestaría sin dudarlo, pero si lo que creemos saber no es la realidad ¿qué pasaría? Me dí a la tarea de buscar qué es un deseo y cuál es su etimología. Aquí está lo que encontré.

El verbo "desear" tuvo su origen en un término de la lengua de los augures: desiderare, derivado del latín sidus, sideris: astro (de donde viene precisamente "sideral"). Así, mientras considerare, tenía que ver con examinar o contemplar un astro, desiderare se empleaba para lamentar su ausencia: echar de menos la presencia de un astro favorable en nuestro firmamento. Como puede verse, en ese remoto origen el deseo tenía los ojos puestos en algo muy alto y muy lejano: inaccesible. Nada que ver con la dimensión erótica y libidinal con la que llegaría a asimilarse en nuestros días.

Han pasado ya más de cinco meses desde la última vez que te vi, y tal y como me lo escribiste tú, hace ya casi un año, ahora te lo escribo yo. -Nadia, te deseo...- es decir, lamento tu ausencia, echo de menos tu presencia favorable en mi firmamento. Todo lo que ha ocurrido y de la manera en que ha ocurrido, me han hecho saber que el amor no existe, o mejor dicho, existe en un primer momento pero el amor es castigado hasta ser reprimido. Lo que queda es: el amor es un eufemismo de la conveniencia "Dime cuánto me quieres y te diré cuánto te convengo"

El domingo pasado fue mi cumpleaños 25, me sorprendí por no tener deseos, no es que tenga todo, nada más alejado de la realidad, sólo que, lo que hasta unas semanas antes consideraba sagrado, el amor, ha quedado invalidado, ya no creo en su existencia. Nietzsche pensaba que cuando se cuestionara todo (el decía, incluso la existencia de Dios) y, a partir de ese momento cada quien hiciera sus propias creencias, entonces nacería el super-hombre (más o menos es la idea, seguro un filosofo me corregirá). Lo que no imagine es que también se tuviera que cuestionar la existencia del amor.

En este momento dudo de la existencia del amor, algo sagrado para mi, lo daba por hecho. Si estoy cuestionando algo que era sagrado para mí, entonces es hora de cuestionar todo lo que lo rodeaba. Es por eso que cualquier anhelo resulta estéril. Como consecuencia de este proceso he disidido dejar de escribir (de todas formas ya nadie lee este blog) no puedo escribir de otras cosas y disimular que ya me olvide de tí. Sólo llevaré la cuenta regresiva para terminar la licenciatura. Por cierto sólo faltan ¡¡19 semanas!!