lunes, 9 de agosto de 2010

También Somos Lo Que Dejamos


Hace muy poco tiempo termine con mi novia, la mujer que más he amado, ha sido un proceso muy complicado y he recibido el apoyo de muchas personas que invariablemente me dicen cosas como: todo saldrá bien, tendrás más novias y llegara alguien mucho mejor. Yo los escucho y algunas veces los veo con incredulidad, ¿en verdad piensan así? Ellos me devuelven la mirada con la soberbia de quien ya ha andado ese camino y seguramente piensan –no me entiende pero con el tiempo me dará la razón.

¿A qué me refiero? Las personas no son cosas, claro está, sin embargo, cuando me dicen que vendrán otras mujeres, es como darles trato de cosas. Puedo perder un billete de 50 pesos y no importa pues tendré más y me servirán para lo mismo. Con una persona no es así, pues las personas poseen cualidades únicas, no es como un billete en donde todos son iguales.

Respecto a que llegue alguien mejor. Hace años el coche que me gustaba era el sable, hace poco me gustaba el Bora, ahora me gusta el Audi A4, cada año sale un coche mejor. No importa que ahora mismo no tenga coche y me este perdiendo de manejar cualquiera de estos modelo, algún día tendré uno y con seguridad será mejor a cualquiera de los mencionados. No me preocupo llegará uno mejor. Pero con la mujer que amo no puedo pensar de esta manera, seguramente conoceré más personas, tendré más novias, ¿pero mejores? quién sabe, nadie me lo puede asegurar. El hombre “moderno” llama a esto sentimentalismo; no ama ya las cosas, ni siquiera lo que le es más sagrado, el automóvil, que espera cambiar lo más pronto posible por otra marca mejor. Este hombre moderno es decidido, sano, activo, sereno y austero, un tipo admirable; yo no soy un hombre moderno, tampoco enteramente pasado de moda, si acaso me he salido un poco de mi época; no tengo aversión al sentimentalismo, estoy contento y agradecido de notar que en mi corazón hay algo así como sentimientos.

Deseo tener éxito profesional, pero lo que más deseo es conformar una familia, esa es mi verdadera meta, cuando sabes que el tren que tienes frente a ti, te puede llevar a esa meta, se te antoja subirte, sin importar la edad que tengas, ¿o acaso hay una edad mínima para encontrar a la persona con la que quieres pasar toda tu vida? Puede ser que no sea el único tren que me lleve a mi destino, pero en este momento lo único que sé es que ese tren ya se fue, si abra más, quién sabe.

Si algo he aprendido del beisbol es a quemar todos los cartuchos para ganar el juego de hoy, es lo único que importa, si se gana hoy habrá juego mañana y entonces nos preocuparemos por ganar el siguiente juego, pero si no se gana hoy entonces no habrá mañana. Se puede sentir miedo de dejarlo todo en un solo juego, pero también habrá angustia de no saber qué habría pasado si se hubiera apostado todo. Sólo hay una forma de acabar con esos sentimientos, quemar todos los cartuchos hoy.

Puedo apostar dinero, pero apostar por cuántas mujeres conoceré con quien quiera compartir mi vida, es algo que no se me antoja hacer. Hoy hace tres meses vi por última vez a la mujer que amo como mi novia, sólo que yo no lo sabía. La conocí muy bien, la tuve entre mis brazos, compartí momentos maravillosos con ella, yo no hubiera querido apostar a si habrá más mujeres mejores que ella, desafortunadamente la suerte ya está echada. También somos lo que dejamos.