Baltasar Garzón Real, es un magistrado español, juez titular del Juzgado Central de Instrucciones número 5 de la audiencia nacional. Es Doctor Honoris Causa por la universidad de Jaén y veinte universidades más. Su éxito es resultado de su eficacia en el combate a las drogas en España, las investigaciones a ETA y su entorno, pero sobretodo por haber enjuiciado y acusado a Augusto Pinochet por genocidio durante la dictadura en Chile. También ha investigado sobre las desapariciones en la dictadura franquista, lo cual le ha acarreado muchos enemigos. Recientemente ha sido suspendido cautelarmente de sus funciones como juez por el Consejo General del Poder Judicial después de que se acordara la apertura de un juicio oral en contra del juez Garzón por presunta prevaricación. El juicio se abrió tras admitir una querella presentada por organizaciones de ultraderecha, es decir, los herederos del franquismo.
“Una de las costumbres o modas que me parecen más inútiles y nocivas es pedir perdón por las cosas que uno no ha hecho, con la agravante, además, de que no está uno facultado para ello. Hay en esa práctica un elemento de masoquismo y otro de engreimiento, aunque parezcan propensiones contradictorias. Los actuales gobernantes o representantes de una institución se flagelan y se disculpan por las atrocidades o equivocaciones que cometieron, a veces en tiempos remotos, quienes rigieron los comportamientos de sus respectivos países o instituciones, y con las que ellos no han tenido nada que ver. Por otro, se arrogan absurdamente las capacidades para enmendarles la plana a sus predecesores muertos, como sino sólo se heredaran las culpas, sino también la posibilidad de expiarlas y de compensar los daños causados. Dar consuelo a sus herederos, no deja de ser una falacia bienintencionada y hueca que en la mayoría de los casos sólo tiene como fin halagar el narcisismo de quienes no han sido victimas pero disfrutan sintiéndoselo. Nada parece complacer tanto a las poblaciones actuales como la autocompasión y el victimismo; quizá no hay tampoco nada tan rentable. Lo cierto es que cada dos por tres un dirigente alemán se disculpa por los campos de concentración, clausurado cuando él aún era un niño; un papa del siglo XX presenta sus respetos a Galileo, que murió en 1642; los políticos suramericanos, con apellidos inequívocamente españoles, como Chávez o Morales, exigen en castellano que el Rey Juan Carlos se de golpes en el pecho por lo que en ultramar hicieron, en el siglo XVI, Colón, Cortes o Pizarro; los rusos se excusan ante Polonia, mientras el Japón se niega a hacerlo ante la China y Turquía ante Armenia, pese a las reiteradas peticiones de los bisnietos de los masacrados. Lo que pasó, pasó, y no hay quien lo rectifique, ni lo enmiende, ni lo repare.”
Todo esto lo escribe Marías sin reparar en que los silencios imperecederos son más vituperables que las aceptaciones tardías. Los silencios son, de muchos modos, una complicidad a los horrores del pasado. Que una persona se disculpe por los errores del pasado quiere decir que durante su gestión no volverá a ocurrir. Que el juez Baltasar Garzón reavive los crímenes del franquismo y por ellos la clase política quiera sacrificarlo, sólo es un indicador de que los fantasmas de la dictadura aún rondan por la España contemporánea. Las cosas nunca pasan, siempre dejan huella y determinan cada pensamiento, los pensamientos se ven reflejados en las actitudes y las actitudes en acciones. Javier Marías escribe como si el tiempo fuera un pagador que al final salda las cuentas, pero yo lo dudo mucho, el tiempo sólo hace que crezcan los intereses y la deuda se haga más grande. ¿Quién es uno para determinar en cuanto tiempo se olvida la ausencia de un padre o una madre desaparecida? Prueba de que las cosas nunca terminan es que los errores de una persona, y que alguna vez te beneficiaron, siguen su inercia y te quitan lo que te dieron. Sin embargo dice Fitzgerald “La prueba de una inteligencia superior es saber que las cosas no tienen remedio y mantenerse sin embargo decidido a cambiarlas”. ¿Nos volveremos a encontrar?
