Lo nuestro duró lo que dura un vaso con hielos en Veracruz. ¿Poco tiempo? (Tiempo: el tiempo es la magnitud física con la que medimos la duración o separación de acontecimientos sujetos a cambio, de los sistemas sujetos a observación, es decir, el tiempo es la sucesión de momentos, y esta sucesión de momentos estará deformada por la gravedad del sistema de referencia donde esté situado el observador) Nuestra atracción era muy grande, nuestro tiempo pasó lentamente, no fue mucho ni poco tiempo, ha sido el exacto.
Fuimos tan felices hasta que puso los pies sobre la tierra. (Gravedad: es una de las cuatro interacciones originales, origina la aceleración que experimenta un objeto en las cercanías de otro objeto. Dicha fuerza es una ilusión, un efecto de la geometría. La tierra deforma el espacio-tiempo de nuestro entorno, de manera que el propio espacio nos empuja hacia el suelo. Ingravidez: pegamento que unía a Nadia y Luis. De pronto me vi, como un perro de nadie ladrando, a las puertas del cielo.
Tenían razón mis amantes en eso de que, antes, el bueno era yo, con una excepción: esta vez, yo no quería quererla querer y ella tampoco. El único problema de cuando te comes una palomita sin que le dé el aire es que te insertas en un presente que te obliga a renunciar a todos los posibles futuros y, más vale que lo disfrutes, el veneno del amor iba junto con la sal, pegado a la palomita. ¡Vaya que sí lo he disfrutado! Me dejó el corazón en los huesos y yo de rodillas. Desde la webcam, y, haciendo un exceso me tiró dos besos… uno por mejilla.
Y regresé a la maldición de sus ventanas tapiadas, a la perdición del internet sin su presencia, a las universitarias, fáciles y vacías, volviéndome loco dilapidando mi fortuna y ahorrando suspiros por si regresaba. Las esperanzas se han ido muriendo, igual que murió aquella rosa que le regale y cuidó tanto, como símbolo de nuestro amor, no sería extraño que en la mudanza se hubiera estropeado y ahí el principio del fin.
Dijo hola y adiós. Así de contundente y decidida fue, quizás fue lo que me enamoró. Y, el portazo sonó como un signo de interrogación, sospecho que así, se vengaba de otros y de mí. Sí, esa manera que tiene, determinante, práctica, independiente, eso me atrapó entre sus brazos y no quise salir más ahí. Siempre tuvo la frente muy alta, la lengua deliciosa y aún no puedo olvidar su falda muy corta.
Me abandonó, como se abandonan los zapatos viejos, como abandonó esta ciudad, destrozó el cristal de mis gafas que me impedían llorar, y lo único que me ha quedado son sus cartas, su perfume y un retrato. Quisiera prometer que no volveré a escribir de ella, para no agobiarla con mi blog de antologías, pero no sé si lo lograré. Me enamore de ella durante mes y medio y cuatro fines de semana, ¿cuántas noches me tomará olvidarla?
