jueves, 10 de mayo de 2018



Ensayo sobre el comportamiento humano, dentro de las organizaciones

Los dioses no estaban ya, Cristo no estaba todavía
 y de Cicerón a Marco Aurelio hubo un momento
único en que el hombre estuvo solo
Gustav Flubert



Introducción

Uno de los factores que hace al humano un ser especial, es su capacidad para hacerse preguntas, con el propósito interminable de saber quién es y el efecto que tienen sus decisiones en el entorno en el que se desarrolla. Los filósofos presocráticos, trataban de darle respuesta al origen y la constitución de los seres naturales. A partir de ellos cientos de corrientes filosóficas han tratado de dar respuesta a diferentes preguntas, hasta llegar a tiempos recientes donde los existencialistas se cuestionan todo, incluso se preguntaban si era posible estar seguro de algo.

En este sentido, creo que una de las preguntas más profundas e interesantes que se deben hacer las personas, sin necesidad de ser filósofos es: ¿Cuál será mi profesión, a qué me voy a dedicar, en qué actividad puedo ser más útil a la sociedad?

Sin el ánimo de ser fatalista, creo que estas preguntas se han transformado, o en el peor de los casos no se hacen y las personas realizan una actividad motivadas por el dinero, por tradición familiar, presiones socioculturales y en casos extremos, porque no quedó de otra. Sin embargo, esa actividad que hacen las personas todos los días para vivir, y que comúnmente se le llama trabajo, necesita de algo más que una remuneración económica para levantarse todos los días, realizarla de manera óptima y con la mayor motivación posible. Una de esas motivaciones es la de sentirse útil, porque pocas cosas resultan más satisfactorias que la de saber que le hiciste la vida más fácil a alguien o lo ayudaste a conseguir un objetivo.

Cuando las personas se saben útiles y colaboran en la creación de cosas que hacen de este mundo algo mejor, se sienten motivadas,  esto se ve reflejado en el clima organizacional. O en términos coloquiales, se siente buena onda en la empresa. Esto permite la generación de círculos virtuosos que hacen más propensas a las empresas a la consecución de objetivos.

Cuando ingresé a mi primer trabajo, estaba lleno de ilusiones, ganas de aprender y demostrar que podía hacer las cosas, sin embargo, a las pocas semanas de mi ingreso, la empresa forzó a los empleados a renunciar, para ser recontratados por otra empresa, simulando un salario bajo y teniendo un “esquema de compensaciones variables, por productividad”, con la finalidad de evadir impuestos y responsabilidades con los empleados. La mayoría firmamos los nuevos contratos porque no queríamos quedarnos sin trabajo, pero por supuesto el clima laboral era adverso y la única motivación era conseguir otro trabajo lo más pronto posible.

No he tenido la suerte de trabajar en una empresa donde sea bueno el clima laboral, los factores han sido diversos, como el que expuse en el párrafo anterior. Pero creo que todos esos factores han tenido un trasfondo en común que apenas he podido descubrir. Nunca me he sentido involucrado en los objetivos de la empresa, a pesar de ello, creo haber colaborado en el logro de éstos. Los motivadores para realizar mi trabajo, siempre han sido personales y fuera de la organización.

Esta es la razón que me llevó a elegir el dilema 2, Clima ¿Percepción o realidad?; y el dilema 9, El motor del trabajo: ¿motivarse o motivar a los demás? 

Dilema 2, Clima ¿Percepción o realidad?

Existen empresas que dedican mucho dinero al diagnóstico del clima organizacional. Consultoras especializadas en este tema, desarrollan complejas herramientas de análisis multivariante, análisis factoriales confirmatorios, ecuaciones estructurales y complejas metodologías estadísticas (Carlos Anibal Manosalvas Vaca, 2015) para “hacer hablar a los números” que se obtuvieron a partir de encuestas que fueron levantas en condiciones de secrecía para asegurar su confiabilidad, todo para tener una medida objetiva del clima organizacional. Sin embargo, el clima organizacional es algo subjetivo y se percibe en el día a día. Basta con ver si el jefe se acerca a la cafetera y en automático todos los colaboradores se alejan del sitio. Entonces el jefe, parece ser la persona más aislada del mundo.

No necesariamente un clima deficiente deriva negativamente en el desempeño de las actividades. El espíritu de servicio y la vocación de trabajo median para que los procesos se realicen de manera aceptable y se mantengan estables en el tiempo. Ahora, si durante mucho tiempo las empresas funcionaron así, ¿Por qué existe una preocupación por el clima organizacional?

Durante el siglo XlX y gran parte del siglo XX, la productividad dependía de las máquinas. En contraparte, la tendencia es que conforme una economía crece, el tercer sector, el de los servicios, cobra mayor importancia. México no es la excepción y desde hace varios años los servicios contribuyen con aproximadamente 60% en la producción agregada (Flores, 2013). Dado que la productividad del sector servicios depende de las personas, y el clima laboral es un indicador significativo para diagnosticar la satisfacción del talento, el compromiso con la estrategia de la empresa y su impacto positivo en la productividad, entonces el clima laboral cobra especial importancia en la organización.

¿Pero qué es el clima organizacional? para (Gadow, 2010) “es la representación interna y compartida que tienen los empleados acerca de las condiciones bajo las cuales están trabajando y sus expectativas sobre las posibilidades futuras.”
Otros autores definen al clima organizacional como el ambiente interno entre los miembros de una organización y las fuerzas externas que pueden influir en el desempeño de los participantes. (Vanessa Borzellino, 2015).

Independientemente de las pequeñas variaciones que haya entre una definición y otra, podemos decir que el clima organizacional son una serie de características que definen a una organización y las distingue de otras, estas características son de permanencia relativa. El clima organizacional será bueno, en tanto la brecha entre la realidad de factores estructurales que funcionan como referencia estable y objetiva por parte de las personas y las expectativas como consecuencia de sus actos y las respuestas esperadas por otros, sea estrecha. La percepción del clima organizacional resulta de dos factores: factores individuales y estructurales.

    Individuales: nivel jerárquico, salario, puesto, motivos, cultura, valores,        creencias, personalidad, entorno familiar, responsabilidad con el compromiso y desafíos.
    Estructurales: tecnología disponible, definición de roles, mecanismos de        recompensas, perfil de supervisión, relaciones formales de autoridad, cooperación o ayuda entre los participantes de la organización, resolución de conflictos, sentido de pertenencia institucional y valía dentro del equipo de trabajo.

¿Tener un buen clima organizacional es importante para todas las empresas? Pienso que no. Hay muchos negocios cuya productividad depende estrictamente de una máquina. Hay organizaciones en donde tener un clima organizacional adverso es parte de su esencia, por ejemplo, organizaciones castrenses.

Por estas razones, además de otras que no alcanzo a vislumbrar se vuelve complicado encontrar de manera efectiva y simple el impacto positivo del clima laboral sobre la productividad. Por eso muchas organizaciones son renuentes a implementar acciones de mejora en las condiciones de trabajo y justificarlas como inversión.

Un estudio demostró que el clima organizacional es responsable de al menos el 16% de un día de ausencia recurrente dentro de una organización (Kirovska, 2017). Además, la insatisfacción laboral está asociada a desordenes emocionales como; pérdida de apetito, falta de sueño y en casos extremos, colapsos emocionales.

Tener un buen clima organizacional aumenta la probabilidad de tener empleados emocionalmente sanos, sin embargo, no es suficiente para que esto se traduzca en mayor productividad para la empresa. Si bien es cierto que un buen clima organizacional hará más fácil para la empresa la retención de talento, a través de la satisfacción laboral lo cual hace proclives a los empleados a ser creativos e innovadores, de no existir compromiso de los empleados para con la organización esta creatividad e innovación podría ser desarrollada por los empleados en su vida personal y no dentro de la organización.

El compromiso se refiere a la identificación y lealtad que tiene un empleado por su trabajo y a la organización, el grado de internalización que tiene en el negocio y la valoración que tiene una persona respecto a la empresa en la que se desempeña (Gadow, 2010).

Pero sin un buen clima laboral el compromiso se antoja imposible. Además, el clima laboral es muy susceptible a “descomponerse”. Basta un mal día de un empleado, combinado con un malentendido y poca empatía para que el ambiente se vea enrarecido.

En la actualidad los componentes afectivos y emocionales de un empleado cobran importancia para extraer el máximo potencial de él. Para un líder debe ser uno de sus principales objetivos tomar en cuenta y asegurar las condiciones para el desarrollo de un buen clima laboral y lograr un trabajo exitoso. Si bien es importante medir objetivamente el clima laboral, resultan mucho más importantes las acciones que se toman con esta medición, de otra manera el empleado no se sentirá escuchado y será contraproducente.

Dilema 9, El motor del trabajo: motivarse o motivar a los demás

Cuando un equipo de trabajo está motivado, puede conseguir resultados por encima de lo esperado. Probablemente esto refuerce la confianza del equipo y sean capaces de ir por objetivos que de otra manera ni se hubieran planteado. Pero, si difícil explicar de dónde viene cualquier emoción, la motivación tal vez sea una de las más difíciles de explicar, aunque tal vez sea la emoción que más cosas haya dejado plasmadas en el mundo.

La motivación para (Gadow, 2010) es “el arte de ayudar a las personas a focalizar su energía, su capacidad y actitud en hacer su trabajo lo mejor posible”. Autores como (Benavides, 2017) dicen que la motivación laboral es un proceso psicológico en cual el esfuerzo personal y los recursos son asignados a acciones concernientes al trabajo, incluyendo la dirección, intensidad y persistencia de estas acciones. Además, las personas se activan, orientan, dinamizan y mantienen su comportamiento hacia la realización de objetivos esperados.

Pienso que es un sentimiento complejo de explicar porque depende de características individuales relacionadas con el funcionamiento efectivo, cognitivo y social, las condiciones del trabajo y por supuesto las interacciones del individuo con su entorno. Hago énfasis en que la motivación es algo sumamente personal y cambia con cierta facilidad por la etapa de madurez en la que se encuentra el individuo, así como su entorno social. En este sentido se debe tener cuidado de no confundir la motivación genuina con una persona entusiasta, o tratar de motivar a alguien con prácticas generosas y benevolentes, aplicar fórmulas motivacionales, creer que un factor motivacional será efectivo para todos y finalmente confundir la motivación con crear y mantener zonas de confort.

Actualmente, mantenerse motivado en un trabajo y poner esa motivación al servicio de la organización es muy complicado. Atender jornadas laborales extensas, contratos de trabajo inciertos, inestabilidad laboral e insuficiente reconocimiento salarial hace a los empleados proclives al síndrome de burnout (Pedraza, 2017).

Por eso importante tomar en cuenta que “las necesidades de los seres humanos no son limitadas en una sola categoría y con el mismo grado de importancia, al respecto Maslow establece que los seres humanos poseen diversas necesidades: fisiológicas, de seguridad, sociales, necesidades de estima y de realización personal, de tal forma que cuando una necesidad es aparentemente cubierta, será necesario que sea satisfecha la siguiente, dejando de motivar las ya satisfechas, de ahí el por qué destaca la importancia de conocer el grado de jerarquía de las necesidades de una persona con el fin de motivarlas adecuadamente de acuerdo a sus prioridades” (Benavides, 2017). Para un líder es fundamental no sólo saber qué hacen sus colaboradores, ni cómo lo hacen, sino cuáles son sus valores, aspiraciones, intereses y expectativas. Un trabajador tendrá un mejor desempeño en tanto que la empresa se acerque más a la imagen que tiene de sí mismo.

De acuerdo a varios autores existen tres tipos de necesidades que todas las personas buscan cubrir. La necesidad de logro, poder y afiliación. Las necesidades de logro se refieren al impulso por sobresalir y poseer relaciones sobre un conjunto de normas, en otras palabras, por tener éxito. Las necesidades de poder aluden a la necesidad de hacer que otros se conduzcan como uno quiere y no como lo habrían hecho de otro modo. La necesidad de afiliación es la tendencia de algunas personas a acercarse y establecer vínculos de cooperación y amistad con los demás (Benavides, 2017).

Se reconocen dos factores básicos de la motivación, los llamados intrínsecos (instintos, impulsos, capacidades o necesidades) y los extrínsecos (incentivos y variables externas).

Si bien los motivantes extrínsecos son los más habituales por su facilidad para ser gestionados, requieren de supervisión para responder adecuadamente a cambios en el escenario laboral. Es cierto que los salarios, bonos y premios tienen un impacto positivo y muy sensible en el colaborador, también es cierto que son soluciones a corto plazo, se obtiene buenos resultados de ellos, pero tampoco hay que verlos como una panacea.

La motivación intrínseca exige mayor compromiso e involucramiento por parte del líder de la organización, pues necesita conocer qué es lo que genera emociones positivas a las personas en relación con el trabajo, el quipo y la organización. Si se conocen estos aspectos será más factible obtener mayor productividad por parte de los empleados, además atraerá talento y lo retendrá con facilidad. Todo lo anterior colaborará con el desarrollo y realización laboral y personal de las personas. No es una tarea sencilla, pero si se logra la organización se puede ahorrar mucho dinero en altos salarios y bonos, aunque muchas veces lo más barato es lo que se paga con dinero.

Mi abuelita decía que no había mejor salsa que el hambre. Parafraseando, diría que no hay mayor motivación para realizar bien un trabajo que el hambre. Pero como ya se explicó anteriormente, una vez que se cubrió una necesidad esta se vuelve irrelevante para la motivación, afortunadamente el hambre es una de las primeras necesidades en ser cubiertas. Es por eso que (Gadow, 2010) propone una serie de elementos para construir una cultura motivante dentro del trabajo. Aquí enlisto las que me parecen más importantes.
  • ·         La comunicación debe fluir en todas direcciones.
  • ·         El trabajo en equipo es esencial.
  • ·         El talento se siente seguro de tomar riesgos controlados e innovar.
  • ·         Existe el reconocimiento formal e informal.
  • ·         Hay respeto a las diferencias y el disenso.


Cuando no existen estos elementos podemos caer en un terreno muy peligroso. La desmotivación. Este sentimiento es definido generalmente como la desesperanza ante los obstáculos, o de angustia y pérdida de entusiasmo, disposición o energía (Gadow, 2010). Lo más peligroso de este sentimiento es que suele ser contagioso y en circunstancias extremas no sólo limita la productividad, sino que incluso los empleados pueden comenzar a sabotear a la empresa.

La organización deberá tener cuidado con los siguientes aspectos, para tener al personal motivado: hacer críticas constructivas y no descalificar al personal; ser flexible con los colegas; ser equitativo y consistente en la distribución y carga de trabajo y comunicar claramente los objetivos y lo que espera la empresa de los colaboradores; mantener al talento ocupado en tareas que les sean desafiantes; condiciones de trabajo salubres y finalmente la ubicación geográfica es algo que poco les importa a los empleadores, pero que resulta importante para los colaboradores.

Propuesta y Reflexión final

Personas de diferentes orígenes, costumbres, creencias y valores se ven obligadas a convivir diariamente en centros de trabajo. Esto propicia roces y que el clima organizacional siempre este al borde del colapso. Me gustaría decir que estos roces se dan por divergencias intelectuales, técnicas e incluso éticas, pero la verdad es que estos desencuentros se dan a un nivel pedestre.

Usualmente tenemos la creencia de que sólo hay una manera correcta de hacer las cosas, ósea, “como lo hago yo”. Esto provoca falta de empatía, si se combina con una comunicación deficiente y poca tolerancia seguro tendremos un ambiente hostil en el trabajo.

Se me ocurrió una dinámica en la cual podríamos exponer qué nos molesta y saber por qué lo hacen. Explico esta dinámica. Reunir a un grupo de trabajo en el que haya constante convivencia. Después de un café y una conversación informal pedir a los participantes que escriban en un papel y de manera anónima, una situación que les moleste y sea recurrente. A continuación se depositarán estos papeles en un contenedor y una persona que actué como mediadora y que no haya escrito nada procederá a leer cada caso. Inmediatamente después de escuchar un caso, los participantes escribirán, como si ellos fueran los “culpables” de la situación molesta, y trataran de explicar porque actúan así. Incluyendo al que “denuncia” la situación. El mediador leerá todas las respuestas, así sucesivamente.

Entiendo que una dinámica así, puede tener riesgos como sobredimensionar algunos fenómenos, infravalorar otros, partir de prejuicio, sacar tensiones ocultas, entre otras. En contra parte, sabríamos que cosas son molestas para otros, las podríamos solucionar o al menos las otras personas sabrían porque lo hacemos, generando empatía.

Cerraré este ensayo con una ideología bajo la cual me he querido regir últimamente. Creo que el origen de muchos males de este mundo es la creencia de que el fin justifica los medios. Pero yo quiero inscribirme en la ética de Immanuel Kant, que está basada en que la única cosa buena, depende de la buena voluntad; por lo tanto una acción solo puede ser buena si su “máxima” obedece a la ley moral. La ley moral es el imperativo categórico, que actúa sobre todas las personas, sin importar sus intereses o deseos. Para la ética de Kant requiere que los humanos no sean tratados como un medio para un fin, sino como un fin en sí mismos (Marey, 2017). En otras palabras, hay que hacer el bien por el bien y no por una recompensa hasta que este hecho aplique para todos y se vuelva norma.

Por eso declaro ¡Menos Maquiavelo y más Kant!

Bibliografía

Benavides Paz, O. H. (2017). Motivación Laboral de los Egresados del Programa de Administración de Empresa de la Universidad de Nariño. Tendencias, 41-54.

Carlos Alberto Flores Sánchez, R. A. (2013). La importancia del sector servicios en la economía mexicana: un análisis de series de tiempo. Paradigma Económico, 5-27.

Carlos Anibal Manosalvas Vaca, L. O. (2015). El clima laboral y la satisfacción laboral: un análsisi cuantitativo riguroso de su relación. AD-Minister, 5-15.

Gadow, F. (2010). Dilemas, la gestión del talento en tiempo de cambio. Buenos Aires - México - Santiago - Montevideo: Granica.

Iris Marcela Caballero Pedraza, E. P. (2017). Síndrome de Burnout y calidad de vida laboral en el personal asistencial de una institución de salud en Bogotá. Informes Psicológicos, 87-105.

Marey, M. (2017). La Importancia Motivacional de la Felicidad en la Ética de Kant: Acerca de Virtud, Felicidad y Religión en la Filosofía Moral de Kant de Faviola Rivera Castro. Analisis Filosofico, 79-92.

Vanessa Borzellino, A. M. (2015). Clima y desempeño: una explicación ante relaciones no siempre congruentes. Compendium, 5-20.
Zach Guy, T. G. (2017). Millenial Employmet Through Maslow's Eyes. Career Planning and Adult Development, 22-25.

Zanina Kirovska, E. K. (2017). Favourable Organizational Climate as a Complex Network of Values and Norms for Successful Execution of Working Duties. Journal of Sustainable Development, 84-102.