Ha
muerto Gabriel García Márquez y un raudal de comentarios positivos y negativos
han cubierto el espectro de la opinión
pública. Muchos son lo que lamentan su muerte y enaltecen su literatura citando
fragmentos de su obra y haciendo “ingeniosos” juegos de palabras con los
títulos de sus libros para enmarcar su muerte a lo Gabriel García Márquez, a lo
realismo mágico.
También
han sido muchos los comentarios que he escuchado o leído en contra del
escritor, debido a sus filiaciones políticas y en especial a la amistad que
sostuvo con el Dictador cubano Fidel Castro. Argumentando que alguien que es
amigo de un hombre responsable de quién sabe cuántas muertes, suprimir la
libertad de expresión entre muchas otras atrocidades que incluyen; campos de
concentración no merece el honor de ser llamado Maestro, como si el amigo fuera
tan responsable de los actos del otro, e incluso afirman que el premio Nobel
que se le otorgó obedece más bien a asuntos políticos.
Escribo
estas líneas para pronunciar mi desacuerdo con ambas partes. Primero estoy en
desacuerdo con los “pro Gabriel García Márquez” porque muchos ni lo han leído,
sólo se han pronunciado en concordancia con la turba que crece exponencialmente
y no saben ni dónde comenzó. Muchas de las frases que citan jamás fueron
pronunciadas por el escritor. Pero más allá de seguir descalificando a sus
seguidores también tengo que decir que Gabriel García Márquez como escritor
probablemente había muerto hace tiempo, que no se me malentienda, es lamentable
que muera un artista, pero el caso de Gabriel García Márquez no es el del
artista que muere a temprana edad y en plena época creativa y que siempre nos
quedará duda de qué más pudo haber hecho de haber tenido más tiempo. Gabriel
García Márquez murió a una edad avanzada y, sobre todo, con una obra completa.
Creo que más que aprovechar coyunturas para hacernos los pseudointelectuales
deberíamos leerlo.
También
estoy en desacuerdo con sus detractores. Para empezar tampoco lo han leído, de
otra forma sabrían que su obra no tiene una agenda política. Además cometen un
error de concepto, creatividad no es inteligencia. Muchas, seguidores y
detractores, han querido ver un intelectual en Gabriel García Márquez. Aunque
es común que los escritores sean intelectuales y líderes de opinión no es el
caso de Gabriel García Márquez, no creo que haya tenido la brillantez de
Octavio Paz, por dar un ejemplo, y dio muchas muestras de eso. A un escritor se
le debe evaluar por su obra y no por sus amistades o sus ideas políticas,
amistades a las cuales nunca ocultó e ideas a las que tenía derecho de expresar.
Personalmente
puedo decir que 100 años de soledad
es una de mis libros favoritos, cuando lo leí no podía parar y sin embargo no
quería que terminara. Es una obra monumental en la cual es fácil perderse entre
tanto nombre parecido, pero creo que en eso mismo radica su grandeza y de
cierta forma me recuerda los relatos de mi abuelita que eran cautivantes y sin
importar cuántas veces contara la misma historia seguían siendo entrañables, y
yo quería conocer esos personajes que
eran tan cercanos por ser parte de mi familia y a la vez tan lejanos por haber
vivido en un tiempo remoto, en una época diferente en un mundo diferente.
Pero
la obra de Gabriel García Márquez que tocó mi corazón es El amor en los tiempos del cólera, no diré más pues hay referencias
en este mismo blog y hoy no estoy de ánimo para escribir al respecto. Leer a
Gabriel García Márquez es una experiencia imperdible.
