"Tuvo el antojo de jugar a hacer
conmigo una excepción y, primero,
nos fuimos a bailar y, en mitad de
un -te quiero- me olvidó."
Hay fechas que recordamos por la influencia que han ejercido en nuestras vidas. 27 de diciembre, nuestro primer beso; 31 de enero, un día muy especial (seguro lo recuerdas); 15 de febrero, el día en que te fuiste a Veracruz; 9 de mayo, tu cumpleaños (sin ese día este mundo definitivamente no sería el mismo); 10 de mayo, el último día que te vi.
No obstante hay sucesos en mi vida, que han sido tan importantes como los anteriores, sin embargo, no recuerdo cómo ni cuándo ocurrieron. Era inconsciente de la trascendencia de lo que estaba ocurriendo ante mis ojos y, eso me hace sentir muy inconforme, me gustaría una segunda oportunidad. Es el caso del mes venidero, octubre. Hace 25 años nací, pero no me di cuenta. Hace un año te vi por primera vez, pero no sé qué día y tampoco sé cuál fue mi reacción. Ojalá ocurriera un milagro y me permitieran volver a esos momentos, colocarme como espectador, y volver a verte por primera vez, disfrutar instante a instante de ese primer encuentro, cuando no imaginaba siquiera la forma en que cambiarias mi existencia.
En esa ocasión el universo gesto nuestro amor en, alrededor de, 80 días. No sé qué pasará en 80 ó 160 días ¿volveremos a estar juntos? ¿Hoy estamos más cerca o más lejos que hace un año? No sé si nuestra relación fue muy corta o mi memoria muy larga, pero tengo la frustración de aún tener mucho amor para darte y no estar contigo. Recuerdo bien ése último día en que estuvimos juntos, el coraje y la angustia que expresabas por nuestra separación, creo que tú sentiste muchas cosas antes que yo, la diferencia es que yo estaba ahí para abrazarte, yo sólo abrazo tu ausencia bocabajeando mis sentimientos y deseos.
A mí me quedan los recuerdo y una meta. La meta de, en un futuro cercano, ofrecerte mi alma e ideas, mi cuerpo y voluntades para hacerte feliz, esperando lo quieras recibir nuevamente. El gran dilema radica en que, cada vez que inicio el camino hacia ésa meta, parece más un espejismo, empero un inconmensurable dolor en el pecho me obliga a no abandonarla. Este año soplaré las velitas de mi pastel muy fuerte, tú serás el sujeto de mis deseos. Resulta paradójico eso, yo nunca he creído en fruslerías y supercherías, ni en muchas otras cosas, pero estoy en una época en la que necesito creer, creer mucho en ti, en el amor, en la vida, pero sobretodo en mí.
He mencionado los dos extremos, fechas que registramos a la perfección y sucesos que pasan por nuestra vida veladamente, no obstante, somos igualmente beneficiados o victimizados por estos. Pero hay un tercer tipo de suceso, en éste sospechamos que algo está ocurriendo, no podemos señalar una fecha precisa, ya que, debido a la naturaleza del suceso éste es indeterminado, o la mente me juega una mala pasada, volviéndose miope para anestesiar mi corazón. Por ejemplo:
Rememoro aquella noche en que entré a tu recamara y me dijiste –espérame tantito, sólo tengo que mandar un correo a universidad porque me están ofreciendo trabajo- y las ganas que me dieron de preguntarte si te ibas a ir, también evoco la ansiedad aplastada que siento por no haberte dicho –no te vayas- no te lo pude decir, porque no era apropiado. Pero no recuerdo la fecha en que ocurrió eso. Tampoco sé en qué fecha te perdí o cuándo me dejaste de amar.
Abriré bien los ojos, cuidando de los detalles, esperando registrar cada momento de mi vida y no me tome por sorpresa más. No prometo lograrlo, la vida posee la estocasticidad de cambiar, unas veces de a poco y otras, como el vuelo caprichoso de la voluntad de alguien que ni conozco. Hoy sólo tengo dos certezas: 1) los mayores temores se originan de estar previendo el futuro. 2) estoy a 23 semanas de concluir la licenciatura en economía. ¿A cuántas semanas estaré de ti?
