sábado, 25 de septiembre de 2010

23 Semanas


"Tuvo el antojo de jugar a hacer
conmigo una excepción y, primero,
nos fuimos a bailar y, en mitad de
un -te quiero- me olvidó."

Hay fechas que recordamos por la influencia que han ejercido en nuestras vidas. 27 de diciembre, nuestro primer beso; 31 de enero, un día muy especial (seguro lo recuerdas); 15 de febrero, el día en que te fuiste a Veracruz; 9 de mayo, tu cumpleaños (sin ese día este mundo definitivamente no sería el mismo); 10 de mayo, el último día que te vi.

No obstante hay sucesos en mi vida, que han sido tan importantes como los anteriores, sin embargo, no recuerdo cómo ni cuándo ocurrieron. Era inconsciente de la trascendencia de lo que estaba ocurriendo ante mis ojos y, eso me hace sentir muy inconforme, me gustaría una segunda oportunidad. Es el caso del mes venidero, octubre. Hace 25 años nací, pero no me di cuenta. Hace un año te vi por primera vez, pero no sé qué día y tampoco sé cuál fue mi reacción. Ojalá ocurriera un milagro y me permitieran volver a esos momentos, colocarme como espectador, y volver a verte por primera vez, disfrutar instante a instante de ese primer encuentro, cuando no imaginaba siquiera la forma en que cambiarias mi existencia.

En esa ocasión el universo gesto nuestro amor en, alrededor de, 80 días. No sé qué pasará en 80 ó 160 días ¿volveremos a estar juntos? ¿Hoy estamos más cerca o más lejos que hace un año? No sé si nuestra relación fue muy corta o mi memoria muy larga, pero tengo la frustración de aún tener mucho amor para darte y no estar contigo. Recuerdo bien ése último día en que estuvimos juntos, el coraje y la angustia que expresabas por nuestra separación, creo que tú sentiste muchas cosas antes que yo, la diferencia es que yo estaba ahí para abrazarte, yo sólo abrazo tu ausencia bocabajeando mis sentimientos y deseos.

A mí me quedan los recuerdo y una meta. La meta de, en un futuro cercano, ofrecerte mi alma e ideas, mi cuerpo y voluntades para hacerte feliz, esperando lo quieras recibir nuevamente. El gran dilema radica en que, cada vez que inicio el camino hacia ésa meta, parece más un espejismo, empero un inconmensurable dolor en el pecho me obliga a no abandonarla. Este año soplaré las velitas de mi pastel muy fuerte, tú serás el sujeto de mis deseos. Resulta paradójico eso, yo nunca he creído en fruslerías y supercherías, ni en muchas otras cosas, pero estoy en una época en la que necesito creer, creer mucho en ti, en el amor, en la vida, pero sobretodo en mí.

He mencionado los dos extremos, fechas que registramos a la perfección y sucesos que pasan por nuestra vida veladamente, no obstante, somos igualmente beneficiados o victimizados por estos. Pero hay un tercer tipo de suceso, en éste sospechamos que algo está ocurriendo, no podemos señalar una fecha precisa, ya que, debido a la naturaleza del suceso éste es indeterminado, o la mente me juega una mala pasada, volviéndose miope para anestesiar mi corazón. Por ejemplo:

Rememoro aquella noche en que entré a tu recamara y me dijiste –espérame tantito, sólo tengo que mandar un correo a universidad porque me están ofreciendo trabajo- y las ganas que me dieron de preguntarte si te ibas a ir, también evoco la ansiedad aplastada que siento por no haberte dicho –no te vayas- no te lo pude decir, porque no era apropiado. Pero no recuerdo la fecha en que ocurrió eso. Tampoco sé en qué fecha te perdí o cuándo me dejaste de amar.

Abriré bien los ojos, cuidando de los detalles, esperando registrar cada momento de mi vida y no me tome por sorpresa más. No prometo lograrlo, la vida posee la estocasticidad de cambiar, unas veces de a poco y otras, como el vuelo caprichoso de la voluntad de alguien que ni conozco. Hoy sólo tengo dos certezas: 1) los mayores temores se originan de estar previendo el futuro. 2) estoy a 23 semanas de concluir la licenciatura en economía. ¿A cuántas semanas estaré de ti?

lunes, 20 de septiembre de 2010

Un momento para olvidar


Se sostiene que el futbol es un deporte popular porque el aficionado concibe el éxito cada fin de semana, a través de su equipo, éxito que se le niega diariamente. En lo personal esta idea me parece muy pesimista (y eso que no lo dice el rey de las fiestas) creo que el futbol es popular porque se parece a la vida, siempre está lleno de errores. No es como otros deportes en donde las jugadas culminan con el acierto de un jugador. No, el futbol siempre termina con un error, un mal pase, una mala barrida, etc. Sólo de vez en cuando culmina con algo perfecto, el gol. Pero la mayor parte del tiempo son jugadas mal logradas. 
Me han sucedido un montón de cosas y por más que les busco explicación no la hayo. ¿Será posible que nada de lo que pase la tenga y, todo en este mundo sea un sin-sentido? Esta semana mataron a un vecino, aún no se sabe la razón aparente. Pasan muchas cosas que no están planeadas, uno no planea enamorarse de alguien y, se enamora. Puedes planear vivir la experiencia más hermosa en la vida y en un parpadeo se acaba. Las personas no planean lastimar a sus seres queridos y, sin embargo, los lastiman. Por eso la vida y el futbol se parecen, estamos llenos de errores. Lo paradójico de este asunto es que cuando haces una retrospectiva de todo lo que sucede, sólo puedes decir: algo en este mundo está mal, muy mal. Y sin embargo, se mueve. Pero ni todo son espinas ni todo son rosas.
En este mar de errores se usan dos atenuantes, que me encantan, no estaba planeado, y no lo sabía. ¿Conocen la historia de Edipo? Edipo era el hijo del rey de Tebas y al nacer, el Oráculo de Delfos auguró a su padre, Layo, que el niño, una vez adulto, le daría muerte y desposaría a su mujer. Layo, queriendo evitar tal destino, ordenó a un súbdito que matara a Edipo al nacer. Apiadado de él, en vez de matarlo, el súbdito lo abandonó en el monte Citerón, En la adolescencia Edipo visita al oráculo, ésta le repite el augurio, Edipo decidido a huir de su destino, emprende un viaje que lo alejara de Citerón. En una encrucijada discuten Edipo y Layo, Edipo sin saber que Layo es su verdadero padre, lo mata. Como premio, Edipo es nombrado rey y se casa con la viuda de Layo, Yocasta, su verdadera madre. Tendrá con ella cuatro hijos. Al poco, una terrible plaga cae sobre la ciudad (la peste), ya que el asesino de Layo no ha pagado por su crimen y contamina con su presencia a toda la ciudad. Edipo emprende las averiguaciones para descubrir el culpable, y gracias a Tiresias descubre que en realidad es hijo de Yocasta y Layo y que es él mismo el asesino que anda buscando. Al saber Yocasta que Edipo era en realidad su hijo, se da muerte, colgándose en el palacio. Horrorizado, Edipo se quita los ojos con los broches del vestido de Yocasta en señal de la ceguera que siente por no haber visto la realidad antes y ordena a Creonte, que lo expulse de la ciudad. Esta es una tragedia que nos enseña que la ignorancia no nos exime de culpabilidad alguna. De otra manera, Edipo hubiera conservado sus ojos.
Este fue mi último fin de semana de vacaciones, el lunes comenzaré un nuevo trimestre, el onceavo, y a partir de ese momento sólo 24 semanas me separarán de concluir un sueño, terminar la licenciatura. Parecería un gran momento en mi vida, y seguro que lo es, pero he llegado a el en un momento de gran confusión. Tengo tres o cuatro sentimientos, muy intensos, que quieren salir todos al mismo tiempo, se tropiezan unos con otros y salen de apoco confundiéndome a cada instante. Una de mis grandes salidas, durante el pasado año, para sacar mis sentimientos era escribir, pero en recientes fechas esto se me ha complicado muchísimo, ya no quiero escribir, ahora mismo lo estoy forzando y se notará, pero no pondré mucha atención sólo quiero algo que me ayude a no explotar.
Tengo una rodilla lastimada y no puedo correr, y eso es justo lo que necesitaría ahora, correr, saltar, volar, cualquier cosa que me libere. Parece que cuando necesito más salidas es cuando se cierran todas las puertas, quiero que el tiempo pase muy rápido y no lo logro. Lo único que me queda es poner la mente en blanco, volverme una piedra, y esperar a que todo vuelva a su cauce. Quiero ser optimista y pensar que la luz que se ve al final del túnel es la salida, pero cómo no tomar en cuenta los costos morales en los que podría incurrir, si no fuera la salida, si fuera un tren. Al igual que en todos los juegos unas veces se gana y otras se pierde, lo importante es jugar el juego que uno desea, morirse con la suya. Por lo pronto 24 semanas es la meta, y veremos que tanto pasa en el camino.