domingo, 21 de febrero de 2010

Amores Que Matan Nunca Mueren.

Después de haber llevado a su amor al fatídico destino que los separaba, entró a su casa, entre los brazos llevaba algunos objetos que le había regresado, se aferraba a ellos como el último adarme del amor que vivió con ella. De pronto apareció su madre -ofreció sus brazos para que se desahogara- consiente del dolor que lo embriagaba, él sin pensarlo ni un instante tomó el ofrecimiento y murió.

En el transcurso de la vida, las personas se tienen que desprender de cosas que quieren o de personas a las cuales aman, por mejorar las circunstancias que los rodean y de manera implícita por evitar carencias a sus descendientes. En cada persona que uno ama deja una fracción de su espíritu, y una vez que nos despedimos de ella, expira una pequeña parte de nosotros.

“Soy un hombre feliz, y quiero que me perdonen por este día los muertos de mi felicidad”, dice Silvio Rodríguez. Ésta frase siempre le pareció reveladora. Se daba cuenta de todas las cosas de las cuales gozaba y por las cuales no había tenido que trabajar. Sus antepasados ya lo habían hecho por él. Pero ahora esa misma frase le calaba más en el alma, porque sabía que para que él estuviera ahí en ese momento sus antepasados había muerto no una, sino varias veces.

Esa noche también aprendió que el amor duele, y no es sólo una figura literaria o mera retórica. No, en verdad el amor duele, físicamente duele. Esa noche su corazón se comprimió tanto que lloró, lloró como hacia años que no lo hacía. Advirtió que no sólo lloraba por el amor que acababa de dejar, también lo hacía por todas las personas que lo tuvieron que dejar en el camino y no había podido llorarles. Por los muertos de su felicidad.

Han pasado varios días desde aquella noche en que murió por primera vez. El dolor sigue latente y aunque el futuro se presenta incierto, le queda el consuelo de: haberla amado cada instante en su máxima expresión; haberle entregado el alma y no morir en el intento, sino morir amándola. Como dice Joaquín Sabina: porque el amor cuando no muere mata. Porque amores que matan nunca mueren.