viernes, 1 de enero de 2010

Live And Let Love


Dice Xavier Velasco –los cobardes no escriben o al menos no deberían escribir- y es que se necesita de verdadera valentía para escribir pero hay que verterle mucho denuedo (la forma más elegante que encontré para decir que hay que ponerle muchos huevos) para publicar lo que se escribe y abrir la posibilidad de que muchas personas presencien el desdoblamiento del autor y queden sus sentimiento al desnudo. Pensabá en esto porque quería contar algo que me tiene realmente feliz, pero no hallo la forma de hacerlo, no tengo el brío para hacerlo.

Sin embargo, no quite el dedo del renglón. El problema de cuando alguien se obsesiona con algo, es que de tanto buscar terminas por perderte más. La verdad podría hallarse no tanto en el objeto precioso de nuestras obsesiones, sino acaso en el dedo que las señala. Fue así como descubrí la historia que contaré.

Diana era una joven exitosa, aunque su vida no había sido del todo fácil la vida la veía con cierta condescendencia. Se casó con el amor de su vida, eran una pareja feliz que sólo les hacia falta algo: un hijo. Diana tenía problemas de fertilidad, no obstante ese no era un obstáculo para el joven matrimonio. Comenzaron el tratamiento de fecundación in Vitro, sin imaginarse siquiera que él moriría tres días después en un trágico accidente, dejando su esperma como única esperanza, de recuperar el amor recién arrebatado, para Diana.

Pasaron dos años antes de que la soledad impulsara a Diana a usar el esperma de su esposo. El primer lapso de embarazo fue normal, pero pasado un tiempo, el bebe dejó de desarrollarse e iniciaron las complicaciones que llevaron a Diana a visitar al medico hasta tres veces por semana. Después de muchos estudios el especialista la despidió con una frase lapidaria: tu hijo no tiene esperanza de vida.

Se hundió en una profunda tristeza, quería contarle a su mamá, pues ella deseaba tener a su hijo aunque sólo viviera unas horas, pero sabía que nadie la apoyaría en su decisión pues ninguno entendería cuanto amaba a su niño. ¿Qué se puede hacer cuando se desea algo que está condenado a no existir? ¿Qué hacen los cuerpos celestes para evitar la colisión? Aferrarse a la inercia que los lleva al cataclismo. Como los vagones de un tren, cuyo poder sobre la locomotora no es otro que la convicción de que al final, cuando el estruendo tome forma, se destruirán con ella. Pero aún estando a tiempo para la salvación no lo hizo, pues a Diana le parecía un acto de pusilanimidad tan abyecta que, de consumarla el infierno habría llegado antes. De ahí, que cuando creía que disfrutaría de un corto amor, lo que realmente hacía era contagiarse de una enfermedad a largo plazo: la necesidad de compañía.

Pese a todas las complicaciones nació un hermoso niño. Cuando por fin tuvieron la oportunidad de tocarse, cada uno a su manera se aferraba al otro, dejando que se escapara el tiempo. La intensidad de un amor sólo es proporcional a la soledad que la precede.

El niño tiene a penas unos días de nacido y no se sabe cuánto tiempo más este destinado a vivir y mucho menos que vaya a pasar después, pero ahora se están amando de forma apocalíptica. ¿No es cierto que quienes más se aman son a veces los que menos se conocen? No importa qué pase después, porque los dos han entendido que el cariño que siente el uno por el otro no es un poder, sino una responsabilidad. Están para quererse y no para lastimarse, sólo por eso estos momentos de felicidad han valido la pena. ¡Gracias!.