
Hace un tiempo, cuando todavía era un niño, solía poner todas mis esperanzas, de una mejor vida, en el año nuevo. Me ilusionaba creer que el día primero de enero del año que viniera, mi vida cambiaria como por arte de magia. Mi padre regresaría, jugaríamos y platicaríamos por las tardes, nos compraría una casa hermosa en donde viviríamos en familia, mi mamá no tendría que trabajar tanto y seriamos felices. A riesgo de verme obvio afirmare que nada de esto pasó. Tras varios años de desilusión, transferí las esperanzas al día de mi cumpleaños y después a cada fin de semana, hasta que la vida me enseño –y no de la forma más agradable- que no existen los días mágicos, y si acaso un día parece mágico es como recompensa de un largo trabajo.
Batopilas, Chihuahua. Es uno de los 14 municipios más pobres del país, el gobierno federal en su programa de combate a la pobreza, mandó a un delegado a este municipio para que diera ayuda económica a los habitantes de esa zona. A los pobladores de este municipio, la mayoría rarámuris, les tomó bajar hasta cuatro días de la sierra Tarahumara. El único requisito para que les dieran el dinero prometido era que presentaran su acta de nacimiento. La generalidad no tenían acta de nacimiento, no obstante, el presidente municipal hizo un esfuerzo y logro realizar 400 actas de nacimiento. Así fue como 400 afortunadas familias después de cuatro días de viaje, lograron obtener la grandiosa cantidad de $1,200.00 pesos, -escucharon bien, aquí es donde viene la parte interesante- lo mandaron en cheque –se imaginan en la sierra Tarahumara una sucursal de Banamex, por ejemplo- como es de suponerse no podían cambiar el cheque –y yo supongo que no tienen la infraestructura para hacer trasferencias electrónicas- así que el delegado –en un acto de humanidad- decidió cambiarles el cheque, eso sí, cobrando una pequeña comisión de $200.00 pesos.
Este es uno de los muchos casos que se dan a diario en nuestro país. Hay quien se atreve a decir, el gobierno no hace nada por nosotros. Les tengo dos noticias. 1) nadie hace nada por otro. 2) cuando se quiere hacer algo, siempre hay un aprovechado. Yo sé que $1,200.00 pesos no es nada, pero cuando un infame les quita $200.00 pesos se vuelve menos que nada. Antes de que insultemos y maldigamos a este desconocido delegado, veámonos a nosotros mismo, ¿quién no se ha aprovechado de una u otra forma del presupuesto público? –podría dar varios ejemplos, pero cada quién sabrá a que me refiero- contrario a lo que se podría pensar, el Estado mexicano, es una Estado pobre, ningún Estado es rico cuando recauda el 9%, en la medición más positiva 12% en proporción al PIB, un Estado pobre, es un Estado con poco margen de maniobra.
México esta en medio de una crisis que le ha pegado de manera especialmente violenta –por todas las razones que ustedes quieran, eso no importa- la cosa es que ahí esta. Todos los días escucho a “especialistas” que dicen lo que se tiene y no se tiene que hacer. Cuando alguien esta enfermo, lo que menos quiere saber es de que esta enfermo, lo que quiere es que lo curen. México es una país sobre diagnosticado, el problema es que cuando le quieres dar la medicina, reacciona como escuincle caprichoso al cual le van a poner inyecciones. Y es que la verdad prefiere seguir enfermo, porque así se ha dado cuenta que tiene la atención de todos y no esta exigido a nada.
En México nunca se acabará la pobreza, porque si se acabara mucha gente se quedaría sin trabajo (léase excusa) –marchistas, sindicalizados, politiqueros, etc.- entonces tendrían que asumir la responsabilidad de su situación económica, social y cultural. Al igual que al escuincle caprichoso no se le puede exigir nada por estar enfermo, a los mexicanos tampoco se les puede pedir nada porque son pobres y ellos no tienen la culpa de nada de lo que les pasa, así tienen permitido seguir reproduciendo sus condiciones de pobreza. Por eso, y sólo por eso, nos conviene tener el gobierno “displicente” que algunos dicen que tenemos.
Los griegos creaban Dioses para explicar fenómenos. Después, en el oscurantismo, se recurrió a la hechicería. De manera más sofisticada, también se apela a la manipulación de la mente. Parece una cuestión del pasado, lo triste es que se sigue haciendo. Lo hace la gente cobarde con el traje bien puesto de “victima”, que le da pavor asumir la responsabilidad de sus actos. El día en que la mayoría –ni siquiera todos- decidan pasar a la lavandería por su traje de superhéroe, y sean responsables de sus actos –cualquiera que ellos sean- entonces este país cambiará y no tendremos que esperar EL GRAN DÍA.
