Un delincuente exitoso tiene que
derrochar simpatía, decía Mauricio Kleiff, el gran escritor de la comedia
mexicana en la década de los sesenta y setenta, refiriéndose a él mismo.
Mauricio Kleiff, decía que en su juventud estafaba gente y lo conseguía gracias
a su ingenio y simpatía, mismo que le serviría para hacer personajes memorables,
encarnados por Enrique Cuenca y Eduardo Manzano.
Esa simpatía la tenía un joven
rubio que usaba lentes de pasta, un autentico nerd (cuando no estaba de moda
ser nerd) que citaba economistas, filósofos, escritores. Pero era diferente, no
era el típico sabelotodo anquilosado y pedante, este era risueño, coqueto con
las mujeres atractivas. No lo voy a negar, lo admiraba, y esa admiración creció
conforme se desvelaban sus credenciales: doble licenciatura, derecho en la UNAM
y economía en el ITAM; Maestro en Administración pública en Harvard; y Doctor en
Políticas Públicas en Berkeley.
Él no fue la única personas que
influyó en mí para que eligiera estudiar economía, pero sin duda fue una factor
fundamental, incluso presenté el examen de admisión al ITAM para seguir los
pasos del que se había convertido en mi mentor televisivo. Pasaron los años, no
logré estudiar en el ITAM pero sí economía. Por otro lado, mi mentor televisivo
continuó con otros programas en la televisión y en cargos políticos, pero su
influencia en mi persona se fue diluyendo. No obstante fue impactante, incluso
triste escuchar a tantas mujeres denunciarlo como un depredador sexual.
Sí, me refiero a Andrés Roemer y
el programa en el que lo veía se llamaba Entre lo Público y lo Privado. En este
programa Andrés hacía preguntas incisivas a personas públicas a contra reloj.
Era una formula entretenida para desnudar la manera de pensar del entrevistado
ante el público televidente y ante sí mismos, exponía el subconsciente de las
personas y el subconsciente traiciona.
El subconsciente de Andrés no fue
la excepción, publicaba sobre sus pasiones. Pasiones que tal vez lo carcomían
por dentro. En 1998 publicó el libro Sexualidad
Derecho y Políticas Públicas y en 2002 Economía
del Crimen. En el segundo libro, Andrés, analizaba delitos contra las personas
y la propiedad, describía los costos y beneficios que un criminal en potencia debería
tener en mente antes de actuar.
En Economía del Crimen, Andrés Roemer definía a la violación como “…un delito que ataca
varios sectores sociales. Por un lado atenta contra la integridad física, moral
y psíquica de la víctima, por otro, en la mayoría de las ocasiones, el entorno
moral de la víctima también se ve afectado moral y psíquicamente, daña de
manera sustancial el comportamiento de la sociedad provocando miedo y terror a
convertirse en víctimas y, por último, altera el comportamiento del Estado
respecto a cuáles medidas en políticas de prevención, de disuasión así como en
políticas de reparación de daños debe implementar. En definitiva es un problema
que atañe a todos en la sociedad, y es la sociedad misma junto con el Estado
quienes deben buscar la manera de darle solución a este problema.”
Por su propia definición podemos
suponer que Andrés sabía perfectamente que la violación es un crimen cuyos
efectos son mucho más dañinos que un crimen contra la propiedad privada, aún
así, sostiene que hay o debería haber una política de reparación del daño. No
me extraña que a todas sus víctimas les ofreciera trabajo. En otras palabras, implementó
su propia política de reparación del daño. Un pago mensual, vía nomina a cambio
de una violación. Esto me parece doblemente misógino, pues desde su concepción
no creía que esas mujeres pudieran ganarse ese salario por su trabajo, sino
sería la indemnización por ser víctimas de un crimen y además una compensación
por presentarse a trabajar.
Me atrevo a decir que Andrés
Roemer es misógino porque en la misma publicación Roemer escribió, “La violación, contrario a lo que se pudiera
creer, no es cometida únicamente por una gratificación sexual; es motivada por
sentimiento agresivos contra la mujer”.
Continuando con la lógica de la
economía del crimen, podemos deducir que la gratificación sexual y los sentimiento
agresivos en contra de las mujeres, eran los beneficios de Andrés Roemer. En
contra parte, sus costos eran: el miedo, la ansiedad, el sentimiento de culpa y
la adversidad al riesgo de ser atrapado, con ello, el castigo esperado.
Podemos suponer que Andrés era un
ser racional y evaluaría los beneficios versus costos de su conducta antisocial
y actuará sí y sólo sí los beneficios son mayores a los costos esperados. En
México, vivimos en un estado de derecho debilitado por la corrupción, para Andrés,
un hombre con alto poder adquisitivo y ligado a personajes poderosos, la
probabilidad de ser aprendido y juzgado era baja. Sí además, tomamos en cuenta
que Andrés sistemáticamente ofrecía proyección profesional a sus víctimas como
política de compensación, podemos suponer que su sentimiento de culpa se reducía
significativamente. Para Roemer sus beneficios eran altos y los costos casi
nulos.
Andrés Roemer proponía como
política de disuasión para el delito de violación, ofrecer a las victimas protección,
seguridad y un trato inteligente y cuidadoso en el proceso a cambio de
denunciar al agresor. Además, difundir los resultados conseguidos contra este
delito, para persuadir a los violadores potenciales, al saber que el delito es
perseguido y sentenciado.
No deja de resultarme curioso, a
falta de una mejor expresión, que Andrés Roemer le haya dedicado por lo menos
dos publicaciones a este delito. Así como Robespierre utilizo la guillotina
para ganar la confianza del pueblo ajusticiado a sus enemigos, hasta perder la
cabeza, literalmente, hoy Andrés Roemer es juzgado, al menos públicamente por
un delito que él mismo describió.