La vida es un cuento contado por un idiota, lleno de sonido y furia que nada significa, dice Shakespeare y estoy de acuerdo con él, también creo que entre más tiempo pasa se vuelve más idiota. Hace año y medio, más o menos, inicié una relación con una mujer nueve años mayor que yo, todo pintaba para ser una simple aventura que terminaría tan pronto como había comenzado. No ocurrió así, seguramente fue la falta de expectativas de ambas partes o no sé no tiene la menor importancia, lo que sucedió fue que conforme nos descubrimos nos fuimos enamorando, experimente el amor más puro e intenso que he sentido. La diferencia de edad parecía un fantasma exógeno.
La relación fue evolucionando conforme el amor fue creciendo, sin embargo, yo seguía creyendo que todo terminaría. No es que yo quisiera que terminara ¿Quién en su sano juicio desearía la culminación de dicha tan grande? Pero yo sentía que estaba ocupando un lugar que no me pertenecía, me lo estaba robando. Por fin no me había subido a un tren llamado vida, me lo estaba robando y lo llevaba directo a cualquier parte.
No voy a entrar en detalles a este respecto, porque no es el tema, sólo diré que un Cónsul de Estados Unidos determinó mi futuro. Sí así es, expidió una visa de trabajo para alguien, esto permitió que se abriera una plaza en una Universidad y la mujer a la que amo, después de mes y medio de haber iniciado la relación se fue a ejercer su profesión, a cumplir un sueño ¿Cómo me podía oponer a tan sublime deseo?
En contra de cualquier recomendación y escuchando a nuestro corazón (¡que romántico!) mantuvimos la relación a distancia. Era muy complicado y las ganas de claudicar estaban a la vuelta de la esquina, pero los momentos que estaba con ella hacían que valiera la pena todos los días de su solitaria compañía. Pasaron algunos meses y llegó el tiempo de las respuestas. Ella nunca se atrevió a decirme qué esperaba de mí (tal vez no esperaba nada y todo salió de acuerdo al plan, eso nunca lo sabré), yo nunca me hice enteramente responsable de lo que me estaba robando y en mis narices me lo quitaron.
Antes de seguir con la historia tengo que explicar por qué me la estaba robando, pero ¿cómo explicar que Nadia es una mujer excepcional? Si a mi hace dos años (es decir antes de conocer a Nadia) me hubieran pedido que describiera a mi mujer perfecta para que se materializara hubiera aparecido otra mujer, no Nadia, porque no la conocía. Cuando fui descubriendo a Nadia, su forma de ser, estar, pensar, hablar accionar, besar, amar, etc. es como si me hubiera dicho aquí está tu mujer perfecta y cinco más. En medio de esta felicidad sabía que no estaba en condiciones de sostener a una mujer así, no es que ella me pidiera cosas, sólo que ella ya tenía un camino andado y yo seguía siendo estudiante, tampoco es que yo me menospreciara pero estaba consciente de las circunstancias y que había otros hombres mejor posicionados para estar con ella, es por eso que me la estaba robando, estaba tomando un lugar que no me correspondía. Decidí disfrutarla y llegar hasta donde pudiera.
No llegué muy lejos, un día cualquiera del junio pasado terminamos. Los primeros días fueron duros pero manejables, aún no sospechaba que mi dolor crecería conforme las hojas del calendario daban vuelta, fue un verano muy largo. A ella parece que le pasaba lo contrario, a menos de un mes de haber terminado conmigo ya estaba con otro hombre, seis meses después ya esperaba un bebé de él. Es a acaso que yo sufro de tortuguismo en mis sentimientos o ella es muy rápida… para olvidar. ¿Tiene tanta suerte que encontró el amor dos veces en menos de un año? (Jajaja que estúpido que digo un año en siete meses) o ¿a quién le mintió sobre su amor, a él o a mi? La verdad es que no importa, nada cambia la podredumbre de mi corazón.
Daría lo que fuera por echar atrás el reloj y volver a aquellos días, días que pasaba en sus brazos y la felicidad me envolvía. Todavía no sé si detendría el reloj en esos días para vivir un eterno retorno o me arriesgaría a dejarlo avanzar y luchar por ella, tratando de cambiar la historia. Seguramente mi indecisión no ha permitido que el Dios Cronos me conceda la gracia. La última vez que me escribió en una línea expresaba su esperanza de que algún día la pudiera perdonar. Realmente la amo tanto que nunca he pensado en perdonarla ¿qué le puedo perdonar?
Destino, libre albedrio, karma o un idiota contando un cuento, no sé qué es lo que gobierna este universo, lo que sí sé es que tengo un hueco en mi corazón que se antoja incurable ¿cómo volver a confiar en alguien, cómo volver a amar? No es posible ni sería deseable.
Motivos me sobran para recordarla todos los días. Cada vez que me voy a dormir mi subconsciente me sorprende diciendo en voz muy bajita, buenas noches Nadia y al despertar la primer palabra que pasea por mi mente es Nadia. ¿Qué si estoy enojado? Algunos días sí, otros estoy más bien triste, unos cuantos quisiera explotar y otros tantos quisiera aventar piedras y golpear al primero que me pasa por enfrente, aunque la mayoría de los días siento todo eso al mismo tiempo, entonces quisiera buscarla y gritarle, quisiera buscarla y abrazarla.
En medio de ese torbellino de sentimiento y de impulsos que me llevarían a todas partes sólo encuentro paz cuando me quedo bien quietecito, no hablo más que para lo indispensable (incluso menos que eso) pierdo la mirada abstrayendo todo el universo en un punto del abismo para no pensar en nada, anestesiando, esquivando, huyendo de tu recuerdo, que por cierto es lo único que me sigue haciendo sonreír. El autismo en traje de salvavidas.
