Camino a la escuela escuchaba la radio como todos los días, sólo que está vez el conductor del noticiero que escucho, Leonardo Curzio, entrevistó al escritor Enrique Vila-Matas, pues el día 4 de mayo presentaría su nuevo libro, Dublinesca, en la librería Rosario Castellanos. Contaría con la presencia de Juan Villoro y Sergio Pitol. Ante tal evento no pude resistir y me aventure a la cita.
Dublinesca narra, el eclipse vital de Samuel Riba, un editor barcelonés, judío, que acaba de deshacerse de su editorial. Se encuentra en el ocaso de su vida, solo, vacío y olvidado. Ha publicado a muchos de los grandes de su época, pero como todo coleccionista añora la pieza esquiva que no pudo conseguir. En está vida de aburrimiento Samuel descubre Internet, no se separa de la computadora, se hace un hikikomori, mientras su esposa se vuelve budista. Es decir cada uno a su manera se orientaliza, ella madura preparándose para la vejez, mientras Samuel madura preparándose para una segunda “juventud”.
Después de un extraño sueño Samuel viaja a Dublín para celebrar el funeral de la era de Gutenberg, pues siente que el Ulises, de James Joyce es la obra máxima. Pero al celebrar el funeral del mundo (su propio mundo también) descubre que la ceremonia le permite tener algo que hacer. Es decir, encuentra su futuro en lo apocalíptico. Descubre que el libro impreso no morirá, sino convivirá con nuevos elementos.
Al igual que el protagonista de esta historia yo creo que el libro impreso no morirá, interactuará como lo hizo la opera con el cine, el radio con la televisión y tantas cosas que han sobrevivido al cambio no por nostalgia, sino por la calidad intrínseca de las cosas.
Por otra parte, la gran aportación que ha hecho el Internet al arte, es la democratización de la escritura, por ejemplo yo; desde hace mucho tiempo tenia ganas de escribir y sin embargo no lo hacia por falta de incentivos (de que servirían mis textos si no los puedo publicar) cuando descubrí que podía publicar en un blog me alegre y comencé a escribir. Sin importar que tan bien o que tan mal lo hago, es una de las cosas de las que me siento más orgulloso de hacer.
Pero ¿Por qué escribir? Hay autores que nos gustan, otros a los que admiramos y esa misma admiración nos provoca imitarlos, tal vez fue así que quise escribir, no por imitar a alguno en especial sino a todos aquellos que habían aportado algo a mi vida, como una forma de regresarles la cortesía.
Aún no sé si escribo para recordar o para entender. Una buena definición de entender es: explicar algo y predecir razonablemente lo que pasará con eso. También hay cosas que no escribiré nunca, no por levantisco, sino porque no me atrevo a tocarlas. Escribir es jugar al equilibrista entre el miedo y la humildad, entre el valor y la soberbia. Creo que ahí está el punto, mucho de lo que escribo es de lo que me siento orgulloso.
¿Habrán notado que escribo con cierta regularidad de una mujer que me hace muy feliz? Se llama Nadia. Últimamente he leído acerca del origen del universo. Parece que nuestro mundo es resultado de una energía azarosa. Pues si hubiera sido otra la carga eléctrica entre un protón y un electrón nuestro mundo no existiría. Esto me ha hecho reflexionar y creer que ser una parte conciente de este universo es en si ya una gloria, y estarlo compartiendo contigo, Nadia, son dos glorias.