lunes, 26 de abril de 2010

El Doctor Muerte, Tú y Yo

Ludwig Minelli, conocido como "El doctor muerte" es abogado que se autodescribe como hombre humanitario, ayuda a las personas a suicidarse. El verano pasado inauguro Blue Oasis, una propiedad que ha convertido en casa de la muerte al servicio de Dignitas. La organización que fundó en 1998. El eslogan de Dignitas dice así: “vive con dignidad, muere con dignidad”. Durante 12 años ha servido cócteles de pentobarbital, un barbitúrico altamente letal, a clientes de todo el mundo. A lo largo de este tiempo Minelli ha ayudado a matarse a más de mil personas, acaparando el mercado de lo que se ha denominado “turismo suicida”.

El suicidio asistido también es legal en Holanda, Bélgica y Luxemburgo, así como en los estados de Oregón, Washington y Montana. Aunque en todos estos lugares la práctica está restringida a personas con enfermedades terminales. En contraste el código penal suizo ha sido diseñado para que, sin miedo a ser procesado legalmente, puedas darle una pistola a alguien y ver como se vuela la tapa de los sesos. No hay requisito de residencia. Sólo hay dos condiciones: 1) que no tengas ningún interés personal en la muerte de la victima. 2) que ésta verifique una mente lucida al momento de jalar el gatillo.

Mi primer acercamiento con la eutanasia fue por la película Mar Adentro, dirigida por Alejandro Amenábar. Mar adentro es uno de los versos de un poema de Ramón Sampedro (el protagonista). Hay un momento de la película donde Ramón dice que el mar le dio la vida y el mar se la quitó, porque fue donde tuvo el accidente. El mar es, también, la sensación de escape. Es esa línea del horizonte que nunca se acaba, que representa el infinito.

En el momento en que vi la película no tenía un pensamiento claro al respecto, no sabía que era lo mejor para cada persona, y aún hoy, no sé cuál es la mejor decisión. Es casi tan o más complicado como la controversia de legalizar el aborto. Pero creo que he llegado a la mejor respuesta, al menos para mí. Cada caso es muy específico, no podemos hacer una legislación a partir de generalizaciones. No sé si exista esta figura legal, pero en el futbol cuando un árbitro no está seguro de alguna falta, lo que hace (o debería hacer) es dejarla correr. Lo mismo se podría hacer en el caso de la eutanasia y el aborto, ante la duda de que hacer en cada caso, lo mejor es despenalizarlos y que cada quien tome la decisión que más le convenga, es decir, dejarla correr.

¿Por qué escribo de esto? Pienso que cuando alguien comienza una relación con otra persona es como una vida, una vida juntos. Lo más normal es que ésta vida acaba cuando alguno deja de amar al otro, esto sería como un paro cardiaco. Cuando el otro le es infiel al primero es como un mal hepático. Éstos finales son dolorosos pero rápidos. Cuando los dos se dejan de amar al mismo tiempo (esto casi nunca ocurre) correspondería a la muerte natural. Pero ¿Qué pasa cuando ninguna de los dos se ha dejado de amar y sin embargo no pueden estar juntos por las circunstancias? Es como tener a un enfermo en coma, no sabes cómo va a despertar o siquiera si va a despertar. Lo menos cruel sería acabar con él, desconectarlo, al menos en apariencia.

Yo estoy a favor de que cada quien acabe con su vida en el momento que lo desee, aunque es fácil decir pero no tan fácil hacer. La cosa es estar ahí, en el momento de tomar una decisión y sostenerla, eso es lo verdaderamente complicado. Enfrentar el temor de perder lo único que tienes, enfrentar el demonio del amor o el egoísmo y vencerlo o dejarte vencer. ¡Vaya encrucijada!

Aún no sé que hacer, dejar que siga viviendo parece una crueldad hacia el exterior, pero es más crueldad matar lo que me ha hecho feliz, incluso a la distancia. Pero esas crueldades no lo son en realidad. Cada época, cada cultura, cada costumbre y en el último de los casos, cada hombre y estilo tienen sus ternuras y durezas peculiares. Sus crueldades y bellezas; consideran ciertos sufrimientos como naturales; se aceptan cierto males con paciencia. La vida humana se convierte en verdadero dolor, en verdadero infierno sólo allí en donde dos épocas, dos culturas o religiones se entrecruzan.

Me falta descubrir cuáles son mis ternuras, durezas, crueldades y bellezas y así poder tomar una resolución. Mientras tanto dejaré que mi barco vaya mar adentro y quién sabe si allá, haya algo más.

martes, 20 de abril de 2010

México Vs El Destino


En múltiples ocasiones he oído como la gente se queja del monopolio que ha ejercido Telmex en nuestro país, no obstante, nadie ha dado una explicación del por qué de éste monopolio. Existen monopolios naturales debido a que el mercado es muy pequeño y la inversión en infraestructura debe ser muy grande. Cuando me refiero a un mercado pequeño no hago referencia al tamaño de la población, si así fuera México sería un mercado muy grande y Alemania muy pequeño, hago referencia al poder de compra de ésta población, por eso México es un mercado pequeño y Alemania un mercado muy grande, lo que John Maynard Keynes definió como demanda efectiva. Pero para explicar porque es mejor para el desarrollo de un mercado pequeño un monopolio, utilizaré el ejemplo de Ragnar Nurkse que me parece altamente explicativo.

“Supongamos que Robinson Crusoe doscientos o trecientos clavos (que obtuvo, digamos, de una caja de madera arrojada en la playa de su isla) y quisiera clavarlos en algún árbol para colgar sus redes de pescar o sus efectos personales. Lo primero que le convendría sería sentarse y hacer un martillo sencillo para fijar los clavos en los árboles. Su esfuerzo total se reduciría; haría el trabajo más rápidamente. Pero si tuviera solamente dos o tres clavos no valdría la pena hacer un martillo. Recogería y usaría una piedra que sirviera para el caso. Sería un método lento e inconveniente; pero sería antieconómico producir equipo de capital en la forma de un martillo sólo para mete dos o tres clavos en un árbol.”

De igual forma pasó en México, el tamaño del mercado (representado por los clavos) no genera incentivos para que muchas empresas inviertan, por lo tanto, se da como incentivo a una sola empresa la explotación de todo el mercado.

Se critican leyes que se promulgan, la mayoría de éstas críticas son superficiales, sin conocimiento de causa, y las personas tienden a repetir como pericos los argumentos que utiliza la oposición, sin reparar en que estos argumentos obedecen a ciertas lógicas, muchas veces con el fin de preservar el status quo o los intereses de ciertos grupos (si se fijan estoy utilizando las mismas palabras que se utilizan para descalificar, aunque en mi caso es para argumentar. Lo hago porque La verdad podría hallarse no tanto en el objeto precioso de nuestras obsesiones, sino acaso en el dedo que las señala.)

Hace cuatro años se promulgo una ley, que según los expertos beneficiaba a la empresa Televisa, ésta ley fue conocida como Ley Televisa. Un par de semanas atrás, el gobierno de Estados Unidos pronuncio su rechazo al bloqueo que existe en México en materia de telecomunicaciones, especialmente en la telefonía (como si fuera una ampliación a lo que se conoció como el Consenso de Washington). Coincidentemente el Presidente Felipe Calderón Hinojosa presenta una iniciativa para fortalecer las facultades de la Comisión Federal De Competencia.

Primer apunte. Cuando, por decreto presidencial, ocurrió la extinción de Luz y fuerza del centro, muchas personas protestaron pidiendo que también se terminara con los privilegios de personas como Elba Esther Gordillo, Carlos Slim, Francisco Hernández Juárez, etc. Bueno, pues esta iniciativa que presentó el Presidente lleva un objetivo muy claro, acabar con el monopolio de Carlos Slim, sin embargo, nadie la ha llamado la Ley Contra Slim. Creo que es claro que sólo se busca resaltar lo malo.

Segundo apunte. El problema que le veo a ésta iniciativa es el instinto a creer en el poder mágico de las leyes para transformar la realidad. Se cree que en cuanto entre en vigor ésta ley cambiarán las condiciones del mercado y con ello la realidad de las personas, pero esto no es ni será así. Si a esto le aumentamos que la ley no otorga a la Comisión de suficientes “dientes” para combatir eficazmente a los muchos monopolios que nos aquejan, entonces esto solamente es un paliativo.

Ahora (no quiero ser negativo) supongamos que la ley funciona tal y como se ha planeado y, se le otorguen verdaderas facultades a la Comisión para ejercer medidas vinculantes a los monopolios, es decir, la posibilidad de emitir medidas cautelares, de incrementar significativamente el monto de las multas que impone e incluso crear delitos para castigar prácticas monopólicas como la colusión. El problema es que el incremento de las sanciones no genera automáticamente un efecto disuasivo, máxime que su aplicación efectiva, en particular en materia penal, resulta casi imposible en la práctica.

Una reforma de poder que acabe con la impunidad, con los privilegios de los sindicatos, los monopolios empresariales, las exenciones fiscales, la tramitología, la incapacidad y la corrupción burocrática, sería mucho mejor. Con éste tipo de medidas solamente queda de manifiesto que se cree en las instituciones políticas. ¡Noticia! las instituciones políticas no crean incentivos. ¿Qué incentivos tienen los contribuyentes para pagar los impuestos? Ninguno, entre otras cosas porque no hay un Estado capaz de recaudar de manera eficiente. ¿Qué incentivos hay para no delinquir? No hay, porque la probabilidad de que te agarren es remota y más remota de que la averiguación previa esté bien hecha, te giren una orden de aprehensión, te finquen responsabilidad y te condenen así la pena sea de cuatro mil años.

Tercer apunte. Aunado a todas las críticas que se le hacen al monopolio de Telmex, existe un clima de desconfianza visceral de amplios sectores de la población por todo lo que tenga que ver con el mercado. La paradoja es que mientras no aceptemos al mercado no podremos darle su justo valor en las sociedades liberales. Y un dato crítico se ignora: para que haya economías de mercado sanas y vigorosas se requiere de Estados fuertes e independientes de los intereses económicos. Un Estado fuerte pero limitado, capaz de hacer cumplir los contratos, proteger los derechos de las personas, construir infraestructura y proveer de bienes públicos. Esto es la precondición de una economía liberal.

Expuesto lo anterior lanzo unas preguntas al aire ¿Por qué el ejecutivo federal no deja de elaborar iniciativas de ley, que sólo aumentan el súper elaboradísimo andamiaje burocrático? Que lo único que hacen es entorpecer y encarecer las inversiones en nuestro país ¿Por qué no atienden los problemas en su origen sin aumentar todo éste “Estados de Derecho” que no sirve para nada? Sino se hacen bien las leyes desde su base, lo que se está haciendo es construir castillos en el aire, y últimamente están de moda los terremotos.