
A lo largo de mi ya no tan corta existencia, he conocido un montón de personas. Todas han influido en mi forma de ser, en mayor o menor grado voluntaria o involuntariamente, pero todas han plasmado un poco de si mismos en mí. Hay personalidades tan fuertes que adoptas palabras, manías, gestos que empiezan por imitación y terminan siendo parte de ti. También hay personas que determinan tu manera de ser pero como parámetro de lo que no se debe hacer, o por los hubieras (quien diga que los “hubiera” no existen, esta pendejo, tan existen que lo estoy escribiendo) si mi papa hubiera sido Carlos Slim, o si yo hubiera sido pintor, o si fuera alguien más común y me estuviera reventando hoy (es viernes en la noche) entonces yo seria otra persona y todo lo que me rodea seria diferente. Pero ¿Cómo se construye una personalidad?
En este mundo en el que cada vez somos más y más personas, y en el que se fomenta la individualidad, se vuelve muy complicado ser único, confirmar la originalidad y convencerse a si mismo de su irrepetible unicidad. Creo que existen dos métodos para lograr esto: el método de la suma y el método de la resta. El de la resta consiste en restarle al yo todo lo que es externo y prestado (palabras, manías, gestos) para aproximarse así a su propia esencia, el riesgo consiste en que al final de cada resta, el resultado tiende a cero. Por el contrario, para que un yo sea más visible, más aprehensible, más voluminoso, le añade cada vez más y más atributos, procurando identificarse con ellos, con el riesgo de que bajo los atributos sumados se pierda la esencia del yo.
Hoy cumplo 24 años, y hasta ahora he utilizado el método de la suma. Siempre me he preocupado por descubrir, aprender, conocer más y más. Pero justo ahora que cierro mi año individual (24 de octubre 2008 a 23 de octubre 2009) me di a la tarea de hacer un “arqueo de caja” y dilucidar cual fue la principal lección que me dio la vida en este año. En la escuela nunca tuve problemas para sumar o multiplicar, incluso la división se me facilitaba, creo que no me asusta compartir siempre y cuando las cosas sigan existiendo, además siempre esta la posibilidad de que te toque más que a los otros. Sin embargo, la resta se me ha dificultado, la idea de que se esfumen las cosas, me deja intranquilo, no lo puedo explicar. Este año, la vida me enseño a restar.
Este año la vida me resto, familiares, amores, amigos e incluso cosas materiales (según estudios científicos, el cerebro produce los mismos químicos cuando se muere un familiar cercano a cuando se pierde una importante cantidad de dinero) no sólo los perdí como un ente, su presencia física, también perdí lo que pude haber aprendido de ellos, no obstante, me he encontrado mas yo.
En la personalidad al igual que en la música los espacios en blanco, los silencios, cumplen una función elemental, por eso es tan importante lo que aprendes de una persona como lo que dejas de aprender. Hay que dejar que se vayan las personas y permitir que lleguen nuevas.
Soy un compendio de muchísimas personas y seguramente el rasgo que más me caracteriza se lo copie a alguien y ese alguien se lo copio a alguien más. Aunque hay más personas que gestos, la probabilidad diría que el número de combinaciones tiende a infinito, pero ¿habrá existido otra persona como yo antes? ¡Por supuesto que no! todos sabemos que soy único.
En este mundo en el que cada vez somos más y más personas, y en el que se fomenta la individualidad, se vuelve muy complicado ser único, confirmar la originalidad y convencerse a si mismo de su irrepetible unicidad. Creo que existen dos métodos para lograr esto: el método de la suma y el método de la resta. El de la resta consiste en restarle al yo todo lo que es externo y prestado (palabras, manías, gestos) para aproximarse así a su propia esencia, el riesgo consiste en que al final de cada resta, el resultado tiende a cero. Por el contrario, para que un yo sea más visible, más aprehensible, más voluminoso, le añade cada vez más y más atributos, procurando identificarse con ellos, con el riesgo de que bajo los atributos sumados se pierda la esencia del yo.
Hoy cumplo 24 años, y hasta ahora he utilizado el método de la suma. Siempre me he preocupado por descubrir, aprender, conocer más y más. Pero justo ahora que cierro mi año individual (24 de octubre 2008 a 23 de octubre 2009) me di a la tarea de hacer un “arqueo de caja” y dilucidar cual fue la principal lección que me dio la vida en este año. En la escuela nunca tuve problemas para sumar o multiplicar, incluso la división se me facilitaba, creo que no me asusta compartir siempre y cuando las cosas sigan existiendo, además siempre esta la posibilidad de que te toque más que a los otros. Sin embargo, la resta se me ha dificultado, la idea de que se esfumen las cosas, me deja intranquilo, no lo puedo explicar. Este año, la vida me enseño a restar.
Este año la vida me resto, familiares, amores, amigos e incluso cosas materiales (según estudios científicos, el cerebro produce los mismos químicos cuando se muere un familiar cercano a cuando se pierde una importante cantidad de dinero) no sólo los perdí como un ente, su presencia física, también perdí lo que pude haber aprendido de ellos, no obstante, me he encontrado mas yo.
En la personalidad al igual que en la música los espacios en blanco, los silencios, cumplen una función elemental, por eso es tan importante lo que aprendes de una persona como lo que dejas de aprender. Hay que dejar que se vayan las personas y permitir que lleguen nuevas.
Soy un compendio de muchísimas personas y seguramente el rasgo que más me caracteriza se lo copie a alguien y ese alguien se lo copio a alguien más. Aunque hay más personas que gestos, la probabilidad diría que el número de combinaciones tiende a infinito, pero ¿habrá existido otra persona como yo antes? ¡Por supuesto que no! todos sabemos que soy único.