lunes, 16 de julio de 2012

Bibliografía

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martes, 1 de mayo de 2012

¿De ser dónde sería?


La patria es el lugar, ciudad o país en que ha nacido una persona. Algunos escritores como Jorge Luis Borges y Virginia Woolf han rescatado de la antigüedad clásica el término matria para referirse a la propia tierra de nacimiento pero también a la tierra del sentimiento, es decir, el lugar, ciudad o país que una persona adopta como propio (especialmente si no ha nacido ahí) por tener una mayor simpatía que con su patria. Los ejemplos abundan, cuenta la leyenda que Agustín Lara nació en Veracruz, aunque por anécdotas se sabe que esto no es verdad, sin embargo el adoptó a Veracruz como su matria, asimismo escribió la canción Granada sin siquiera haber conocido la ciudad, sólo por la simpatía que sentía por ese lugar. Hugo Sánchez nació en la ciudad de México, pero si le preguntáramos dónde se siente más querido y al escuchar el acento de su respuesta no tendríamos dudas de que es madrileño.
Entonces si existe una denominación para el lugar en que nacimos y otro para el lugar que nos gusta, yo propongo que tengamos un término para definir de dónde proviene nuestro comportamiento. Hace unos años tenía la teoría de que nuestros sentimiento podrían tener un idioma diferente a la lengua materna, me explico, mi lengua materna es el español y en general soy bastante parco para expresar mis sentimientos, me cuesta mucho trabajo hacerlo, pero que pasaría si supiera hablar alemán, ruso, o cualquier otra lengua tal vez en esa no me costaría trabajo expresarme. Pues bien eso es sólo una teoría y tal vez nunca la pueda demostrar pero de lo que hoy estoy seguro es que nuestro comportamiento podría tener una patria diferente a la de nuestro cuerpo y lo sé porque mi comportamiento no es mexicano.
 A riesgo de parecer malinchista tengo que decir claramente que no me siento identificado con la cultura típica mexicana, por ejemplo, los aztecas me parece retrogradas salvajes y los danzantes que están en el zócalo me resultan odiosos, no me gustan los colores chillones, odio la impuntualidad, no me gusta comer chile, no soy fiestero y prefiero sobre el tequila un buen vodka. Esto lo confirme hace apenas unas semanas, fui a la universidad a recibir mi título como Licenciado en Economía, mi mamá pensó en hacerme una fiesta pero yo no creí que esa fuera una buena forma de celebrarlo, es más creo que ni siquiera lo celebré.
 El filosofo Jorge Portilla estudió la importancia que el mexicano concede a echar relajo. Las fiestas, los juegos y las ceremonias constituyen un pretexto para estar juntos. El motivo y el desarrollo del evento nunca tienen la importancia como saber que volvieron a encontrarse, el calendario cívico-religioso fomenta reuniones a propósito de héroes que se desconocen, leyes que no acatamos y costumbres que deformamos para hacer más lúdico el relajo. Como si no fuera suficiente, cualquier accidente propicia el chupe. Si un amigo necesita mudarse, se presentan con unos jeans viejos y unas chelas. Entonces las cervezas adquieren más valor operativo que el acto que las convocó.
Los amigos siempre están convocados al echar unos tragos como ceremonia nacional del perdón: reprobamos el examen, nos corrieron del trabajo, la novia nos abandono. Sería simplista afirmar que al mexicano le gusta el fracaso, esto es más sofisticado, el mexicano sabe que todo en lo colectivo se vuelve grandioso. La vida social del mexicano es deficiente porque depende de normas que no observa, en cambio la vida comunitaria es un vergel porque depende del afecto que exagera ¿Para qué ser pragmáticos si podemos ser querendones?
 Nada lastimas más al espíritu fiestero que hacerse el singular. El huésped perfecto come tres platos de mole, baila con frenesí sin reparar en las cuestiones coreográficas de la música y se descalabra en una puerta, es decir, actúa con normalidad. También podemos observar la estructura de resistencia que determina la oferta de bebidas: primero se acaba el hielo, luego el Tehuacán, finalmente la coca pero nunca se acaba el chupe. Cristo era mexicano, ¿O fue sólo una casualidad que su primer milagro fuera la creación de chupe? Que por mí no se pare una fiesta ¡ajua!
 Esto nos lleva a la cultura del aguante, el éxito del festejo se mide por su duración, abandonar de pronto una casa ajena se convierte en un agravio, el invitado debe hacer su mayor esfuerzo como tragarse los bostezos o levantarse a tomar más refresco después de un cabezazo al estilo Zidane. Todo para que al otro día se comente -¡los Jiménez se quedaron hasta las cinco de la mañana!

Reunidos en la promisoria fiesta, se borra la motivación que nos llevo ahí. Pero si creen que estoy exagerando tengo pruebas recientes y se vieron en la televisión a nivel nacional. Hace poco el Papa Benedicto XVl visitó México, la última noche que pasó en nuestro país se improviso una fiesta y le llevaron mariachis para “celebrar”. El colmo de la fiesta fue cuando los músicos interpretaron El mariachi loco, entonces el festejado paso a un segundo plano, estar en compañía se convirtió la motivación absoluta del acto.

La alegría del mexicano no se ve afectada por el resultado. Por cierto, mi comportamiento creo que es de Finlandia o un lugar de esos depresivos.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Ya no quería escribir de Nadia pero...




Tenía 15 años y a lo único que me dedicaba era a manejar. Por ese tiempo me había hecho asiduo radioescucha de Stereo Cien. Me gustaba mucho la música que programaban y mis locutores favoritos era Pepe Anzures y Mario Vargas. Por aquel tiempo llevaba a mi hermana a la preparatoria y a mi mamá a su trabajo, sintonizaba Sterero Cien pero desafortunadamente no había música, estaba el noticiero Enfoque con Leonardo Curzio. No me gustaba, incluso me daba coraje que cuando yo quería escuchar música estaba el noticiero.

Después de un tiempo aprendí a escuchar a Leonardo Curzio y empecé a simpatizar con él. Eso me dio la oportunidad de conocer académicos, colaboradores del noticiero, que entre otras cosas ampliaron mi frontera de posibilidades. Uno de ellos es Gabriel Quadri, tiene una sección semanal donde expone problemas de ecología y medio ambiente, generalmente poco difundidos, y los desmenuza de una manera tan inteligible que hasta el más neófito e indiferente en el asunto se siente inspirado a zambullirse en el tema. Sus conocimientos y la forma en la que los plantea lo hace acreedor de la admiración de muchas personas, entre ellas el Dr. Leonardo Curzio y yo.


Hace unos días Gabriel Quadri se postulo como candidato a la Presidencia de la Republica Mexicana, esto no tendría nada de malo o desdeñable, incluso sería digno de aplauso, sólo que hay un “pero”. Se postuló por el Partido Nueva Alianza, cuya líder y fundadora es Elba Ester Gordillo (líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación) conocida por corrupta y venderse al mejor postor (político) con tal de preservar su poder aún a costa del deterioro creciente de la educación de este país.

Como era de esperarse el auditorio de Leonardo Curzio le reclamaba un pronunciamiento acerca de su colaborador y de por qué éste se había coludido con personaje tan infecto. El Dr. dijo -no tengo la distancia suficiente como para tener una opinión clara, pero me cuesta mucho concebir la idea de que alguien como Gabriel Quadri, a quien admiro y respeto mucho, se haya postulado por el PANAL un partido del cual desconfío tanto, sin embargo, entiendo porque lo hizo Gabriel y espero que las cosas salgan de acuerdo a sus planes- la cita no es textual pero más o menos fueron las palabras que utilizó.

Esto me remonto a un pasaje de mi vida que aún hoy me resulta doloso, incluso ahora que empiezo a escribir siento como se vacía mi estomago y se llenan mi lagrimales. Una noche de junio del 2010, no recuerdo la fecha con precisión, estaba platicando con Nadia vía chat, tras algunas palabras llenas de nerviosismo me dijo que ya tenía una relación con otra persona. Sentí un fuerte golpe en el pecho, después supe que era mi corazón que se había despedazado. Esperé algunos minutos y le escribí algunas palabras con la finalidad de herirla tanto como me fuera posible.

En ese momento yo no tenía la distancia para pronunciarme al respecto de manera ecuánime, y termine lastimando a quien más he amado. Por supuesto no pasó mucho tiempo para que me arrepintiera, ella no hizo nada en contra mía sólo me dejo de hablar y eso es algo que me duele todos los días. Hace algún tiempo mi hermana me dijo que yo no tenía que haber continuado con Nadia después que se fue a Veracruz, pues la perdí dos veces y esto acrecentó mi sufrimiento. Esto es mentira, a Nadia la pierdo todos los días, cada mañana que despierto y no veo su rostro y me dice –buenos días- como cuando me quedaba con ella, cada que le dedico un pensamiento, cada que mis brazos reclaman su calor y mi nariz detecta su fragancia por la calle siento que la pierdo.

Mi falta de experiencia me hizo hablar con el hígado y he tenido que vivir con el costo de mis actos pueriles. Si estuviera en la misma posición hoy, no sé si volvería a cometer el mismo error, pues no estoy exento de tropezar con la misma piedra, pero al menos hoy sé que incluso las personas que más admiras (en mi caso Nadia, porque siempre he admirado su valentía y por si fuera poco también la amo) pueden tomar decisiones que a simple vista parecen poco razonables, incluso impúdicas, pero eso no debería demeritar la imagen que tenemos sobre esa persona, habría que hacer una segunda lectura y tratar de entender porque tomo tal o cual decisión.

Después de un año de no ver a Nadia pude comprender porque tomó esa decisión, esto no quiere decir que me duela menos de hecho no ayuda en nada, porque sigo extrañándola, sigo buscándola en cada calle por la que transito y sigo implorando no morir sin volver a verla, pero al menos ya no soy injusto con ella.

Te sigo amando Nadia, ojala y estés bien.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Relaciones de bolsillo

Las relaciones de bolsillo se denominan así porque uno se las guarda en el bolsillo para poder sacarlas cuando hagan falta. Una relación de bolsillo es agradable y breve, y resulta agradable precisamente debido a que uno es cómodamente consciente de que no tiene que hacer grandes esfuerzos para que siga siendo agradable durante más tiempo: de hecho, uno no necesita hacer nada en absoluto para gozar de ella. Una relación de bolsillo es la reencarnación de lo instantáneo y lo descartable.
Pero la relación no adquirirá esas magnificas cualidades sino se han cumplido previamente ciertas condiciones. Hay que tomar en cuenta, como otro atributo de las relaciones de bolsillo, que es uno quien debe satisfacer esas condiciones, y ése es indudablemente otro punto a favor de las relaciones de bolsillo, expresado de una mejor forma no sólo es “otro” sino es el punto clave, ya que el éxito de la relación depende de uno y sólo de uno; por lo tanto, es sólo uno quien ejerce el control, y seguirá ejerciendo el control a lo largo de la corta vida de la relación de bolsillo.
Primera condición: debe embarcarse en la relación con total consciencia y claridad. Recuerda, nada de “amor a primera vista”. Nada de enamorarse… nada de esas súbitas mareas de emoción que te dejan sin aliento: nada de esas emociones que llamamos “amor” ni de ésas a las que sobriamente llamamos “deseo”. No debes permitir que ninguna emoción te embargue ni conmueva, y sobre todo, no debes de permitir que nadie te arrebate el control de la mano. Y no te dejes confundir con respecto a la relación en la que estás por embarcarte, en cuento a lo que no es y nunca será. La conveniencia es lo único que cuenta, al menos es lo que siempre ha contado para las mujeres, ¿o cómo se explican que una mujer prefiera ser la amante de un hombre exitoso a la esposa de un mediocre? La conveniencia se evalúa con la mente bien clara, y no con el corazón cálido, después de todo son simples matemáticas. Es como en las finanzas personales, cuanto más pequeño es tu préstamo hipotecario, tanto menos inseguro te sientes de las fluctuaciones del futuro mercado inmobiliario; cuanto menos inviertas en una relación, tanto menos inseguro te sentirás cuando te veas expuesto a las fluctuaciones de tus propias emociones futuras.
Segunda condición: mantén la situación en ese estado, recuerda que la conveniencia necesita de poco tiempo para convertirse en su opuesto. Así que no permitas que la relación escape a la supervisión de tu cabeza, y mucho menos que desarrolle su propia lógica, ni –especialmente- ocupe otros territorios, saliendo de su bolsillo, que es donde pertenece, pues cuando te descubres pensando en esa persona en medio de una conversación o mientras caminas a tu destino, lo más probable es que ya se haya apoderado de ti. Es por eso que tienes que estar alerta. Nunca bajes la guardia. Vigila cuidadosamente hasta la más mínima alteración de las “emociones clandestinas”. Si de pronto adviertes que aparece algo que no has negociado y que no te interesa, entonces es hora de romper el contrato.
En este tipo de relaciones lo que importa no es el fin sino los medios, es decir, si viajas con cautela, evitaras el hastío de la llegada, el tráfico es lo que te proporciona el placer. Las relaciones de pareja no son otra cosa que una coalición de intereses confluentes, lo que se conoce en economía como “economías de trueque”, y en este fluido mundo la gente va y viene, las oportunidades llaman a la puerta y desaparecen casi en el instante en que se les ha permitido entrar. Las fortunas ascienden y declinan y las coaliciones tienden a ser flotantes, flexibles y frágiles. La gente busca pareja y establece relaciones de bolsillo para evitar las tribulaciones de la fragilidad, sólo para descubrir que esa fragilidad resulta aún más penosa que antes. Lo que se esperaba y pretendía que fuera un refugio contra la fragilidad demuestra ser una y otra vez su caldo de cultivo.
Parecería aconsejable transitar con el bolsillo vacio y dispuesto, paradójicamente el riesgo es que se quede vacio por siempre. De cualquier forma esto no va conmigo, yo prefiero llevar en el bolsillo unos kleenex y a mi novia de la mano.
¡Vaya modernidad la de nosotros!

lunes, 8 de agosto de 2011

De cómo me hice hincha del Liverpool FC



Hay historias que están ligadas antes de que los involucrados siquiera se den cuenta, este es el caso de mi historia con el Liverpool FC. Comenzaré por la parte general. Liverpool está en la Gran Bretaña, cuna de los más grandes economistas, Adam Smith, John Meynard Keynes, John Locke, John Stuart Mill, etc. Yo no soy un gran economista, probablemente nunca lo sea, pero soy economista y el que se junta con grandes a aullar se enseña.
En la década de los sesenta, en la ciudad de Liverpool, nace uno de los grupos de rock más importantes de la historia, y mi favorito por supuesto, The Beatles. Este no es un hecho poco importante, pues las canciones de Paul, George y John me han acompañado a lo largo de mi vida, y por si no fuera poco, me  presentaron a otros músicos tan entrañables para mí como, Billy Preston y Eric Clapton. A los dos últimos los vi el 19 de octubre del 2001 en un concierto, ese día es el cumpleaños de mi papá, al que no he visto en 6 ó 7 años, pero que siempre me ha hecho falta, seis días después es mi cumpleaños, el último que “festejé” con mi papá fue el año anterior, aunque yo todavía no los sabía. Ahora que escribo me acuerdo de más cosas, Wonderful tonight es una de mis canciones favoritas, siempre que la canto pienso en Nadia, la segunda cita que tuve con Nadia llegué a su casa y estaba escuchando a Eric Clapton, el día en que se fue a Veracruz por primera vez, le canté Tears in heaven.

Yo nací en 1985, en mayo de ese año el Liverpool FC disputó la Copa de la liga de campeones de Europa frente a la Juventus, ese partido lo perdió el Liverpool FC, pero el partido no es recordado por el resultado sino por la trifulca que se armo en las tribunas y termino con la vida de 39 italianos que apoyaban a la Juventus, se le conoce como la tragedia de Heysel.

Tuvieron que pasar 20 años para que el Liverpool FC y yo nos volviéramos a unir. Era un miércoles de mayo del 2005, se disputaba la final de la liga de campeones de Europa, Liverpool FC (otra vez contra un equipo italiano) frente al Milán. En el primer tiempo el equipo italiano anotó tres goles, la historia parecía estar sentenciada para el Liverpool FC pero los aficionados de los Reds no estaban dispuestos a dejar de apoyar a su equipo, y tal vez eso me motivó a seguir viendo el segundo tiempo del encuentro. Desde el minuto uno de la parte complementaria los hinchas del Liverpool FC entonaron su himno you’ll never walk alone, con toda la emotividad a flor de piel el equipo ingles se sobrepuso a la adversidad y fue capaz de empatar el marcador a tres tantos. Todo se definió en la tanda de penales, el Liverpool FC salió campeón, ha sido uno de los partidos más emotivos que he vivido.
Desde entonces seguía al Liverpool FC con cierta regularidad, me gustaba mucho el futbol que desplegaban bajo la dirección de Rafael Benítez, aunque fueron capaces de ganar una FA cup y llegar a otra final de la liga de campeones el título de liga nunca llegó y terminaron por destituirlo. Recuerdo bien uno de los últimos partidos dirigidos por Rafa Benítez, era Domingo estaba con Nadia, el Liverpool FC ya no jugaba como antes, se le veía ahogado y sin idea de juego, le pregunté a Nadia, ¿A qué equipo le vas? Y sin pensar me dijo, al Liverpool. En mi interior sonó una ovación de pie. Que la mujer que amas apoye a tu equipo es un milagro que se agradece siempre.

La maestría que quería estudiar Nadia está en la universidad de Liverpool, la maestría que quiero estudiar yo está en la universidad de Liverpool, industria del futbol. Estoy llegando al final de esta historia y para eso tengo que contar el final de mi historia con Nadia, aún no deja de ser doloroso. Algunas veces creo que la fe es un atributo que nos dan al inicio de nuestra vida y unos tienes más y otros menos, buenos pues yo no alcance casi nada. Antes de conocer a Nadia no creía mucho en Dios, ya dije, no soy hombre de fe, creía en los hombres, en el amor, sobre todo era un soñador  y creía que algún día encontraría a la mujer perfecta que me amaría. Ese día llegó cuando conocí a Nadia, incluso comencé a creer en Dios, pensaba –si dicen que Dios es amor, entonces todo lo que siento por Nadia, todo ese sentimiento que siento que me ahoga sino se lo demuestro tiene que ser Dios-. Cuando se termino todo con Nadia deje de creer en todo y como dice John, los sueños se han terminado. Dicen que cuando una persona saca a la religión de su vida tiene que sustituirla con otra cosa, yo no he podido sustituirla con nada y entre Nadia y la religión siento un gran vacío.
Cuando nos separamos estaba en pleno el mundial de futbol en Sudáfrica, y tal vez ver tanto futbol no me permitió estar tan triste, pero se termino el mundial y me fui hundiendo poco a poco, fue una verano muy largo y tortuoso. Cuando empezó la Premier League me volqué a ver todos los partidos del Liverpool FC, que estrenaba Técnico, Roy Hodgson. No sé si mi estado de ánimo influía en la forma de jugar del equipo o viceversa, la cuestión es que jugaban horrible y ganaban poco al igual que yo.
Llegó el 2011 y contrataron a un nuevo técnico, Kenny Dalglish. Él, Kenny, jugó aquella final de 1985. El Liverpool FC busca el éxito en sus orígenes, en las personas que hicieron grande a ese club, la formula parece que resulta, pues el Liverpool FC hizo una de las mejores segundas vueltas, y aunque no le alcanzo para estar en las mejores posiciones se ve un Liverpool revitalizado y dispuesto a ganar la liga que comienza próximamente.

 Por mi parte he intentado hacer lo mismo, refugiarme en lo que me gustaba y hacia feliz desde niño, los deportes, la música y lo que vaya saliendo. Mi regalo de graduación fue una playera del Liverpool FC con mi nombre y número.

jueves, 23 de junio de 2011

Old Love, don't trust again



La vida es un cuento contado por un idiota, lleno de sonido y furia que nada significa, dice Shakespeare y estoy de acuerdo con él, también creo que entre más tiempo pasa se vuelve más idiota. Hace año y medio, más o menos, inicié una relación con una mujer nueve años mayor que yo, todo pintaba para ser una simple aventura que terminaría tan pronto como había comenzado. No ocurrió así, seguramente fue la falta de expectativas de ambas partes o no sé no tiene la menor importancia, lo que sucedió fue que conforme nos descubrimos nos fuimos enamorando, experimente el amor más puro e intenso que he sentido. La diferencia de edad parecía un fantasma exógeno.




La relación fue evolucionando conforme el amor fue creciendo, sin embargo, yo seguía creyendo que todo terminaría. No es que yo quisiera que terminara ¿Quién en su sano juicio desearía la culminación de dicha tan grande? Pero yo sentía que estaba ocupando un lugar que no me pertenecía, me lo estaba robando. Por fin no me había subido a un tren llamado vida, me lo estaba robando y lo llevaba directo a cualquier parte.





No voy a entrar en detalles a este respecto, porque no es el tema, sólo diré que un Cónsul de Estados Unidos determinó mi futuro. Sí así es, expidió una visa de trabajo para alguien, esto permitió que se abriera una plaza en una Universidad y la mujer a la que amo, después de mes y medio de haber iniciado la relación se fue a ejercer su profesión, a cumplir un sueño ¿Cómo me podía oponer a tan sublime deseo?





En contra de cualquier recomendación y escuchando a nuestro corazón (¡que romántico!) mantuvimos la relación a distancia. Era muy complicado y las ganas de claudicar estaban a la vuelta de la esquina, pero los momentos que estaba con ella hacían que valiera la pena todos los días de su solitaria compañía. Pasaron algunos meses y llegó el tiempo de las respuestas. Ella nunca se atrevió a decirme qué esperaba de mí (tal vez no esperaba nada y todo salió de acuerdo al plan, eso nunca lo sabré), yo nunca me hice enteramente responsable de lo que me estaba robando y en mis narices me lo quitaron.


Antes de seguir con la historia tengo que explicar por qué me la estaba robando, pero ¿cómo explicar que Nadia es una mujer excepcional? Si a mi hace dos años (es decir antes de conocer a Nadia) me hubieran pedido que describiera a mi mujer perfecta para que se materializara hubiera aparecido otra mujer, no Nadia, porque no la conocía. Cuando fui descubriendo a Nadia, su forma de ser, estar, pensar, hablar accionar, besar, amar, etc. es como si me hubiera dicho aquí está tu mujer perfecta y cinco más. En medio de esta felicidad sabía que no estaba en condiciones de sostener a una mujer así, no es que ella me pidiera cosas, sólo que ella ya tenía un camino andado y yo seguía siendo estudiante, tampoco es que yo me menospreciara pero estaba consciente de las circunstancias y que había otros hombres mejor posicionados para estar con ella, es por eso que me la estaba robando, estaba tomando un lugar que no me correspondía. Decidí disfrutarla y llegar hasta donde pudiera.

No llegué muy lejos, un día cualquiera del junio pasado terminamos. Los primeros días fueron duros pero manejables, aún no sospechaba que mi dolor crecería conforme las hojas del calendario daban vuelta, fue un verano muy largo. A ella parece que le pasaba lo contrario, a menos de un mes de haber terminado conmigo ya estaba con otro hombre, seis meses después ya esperaba un bebé de él. Es a acaso que yo sufro de tortuguismo en mis sentimientos o ella es muy rápida… para olvidar. ¿Tiene tanta suerte que encontró el amor dos veces en menos de un año? (Jajaja que estúpido que digo un año en siete meses) o ¿a quién le mintió sobre su amor, a él o a mi? La verdad es que no importa, nada cambia la podredumbre de mi corazón.

Daría lo que fuera por echar atrás el reloj y volver a aquellos días, días que pasaba en sus brazos y la felicidad me envolvía. Todavía no sé si detendría el reloj en esos días para vivir un eterno retorno o me arriesgaría a dejarlo avanzar y luchar por ella, tratando de cambiar la historia. Seguramente mi indecisión no ha permitido que el Dios Cronos me conceda la gracia. La última vez que me escribió en una línea expresaba su esperanza de que algún día la pudiera perdonar. Realmente la amo tanto que nunca he pensado en perdonarla ¿qué le puedo perdonar?

Destino, libre albedrio, karma o un idiota contando un cuento, no sé qué es lo que gobierna este universo, lo que sí sé es que tengo un hueco en mi corazón que se antoja incurable ¿cómo volver a confiar en alguien, cómo volver a amar? No es posible ni sería deseable.



Motivos me sobran para recordarla todos los días. Cada vez que me voy a dormir mi subconsciente me sorprende diciendo en voz muy bajita, buenas noches Nadia y al despertar la primer palabra que pasea por mi mente es Nadia. ¿Qué si estoy enojado? Algunos días sí, otros estoy más bien triste, unos cuantos quisiera explotar y otros tantos quisiera aventar piedras y golpear al primero que me pasa por enfrente, aunque la mayoría de los días siento todo eso al mismo tiempo, entonces quisiera buscarla y gritarle, quisiera buscarla y abrazarla.


En medio de ese torbellino de sentimiento y de impulsos que me llevarían a todas partes sólo encuentro paz cuando me quedo bien quietecito, no hablo más que para lo indispensable (incluso menos que eso) pierdo la mirada abstrayendo todo el universo en un punto del abismo para no pensar en nada, anestesiando, esquivando, huyendo de tu recuerdo, que por cierto es lo único que me sigue haciendo sonreír. El autismo en traje de salvavidas.

viernes, 15 de abril de 2011

El Graduado


Deje de escribir durante tres semanas porque fueron realmente complicadas, nunca creí que el final de la licenciatura se fuera a complicar tanto, pero al fin ha llegado ese día tan esperado, he acreditado todas las materias y finalizado mi servicio social, sólo me falta terminar mi tesis (que ya está muy avanzada) y me podré titular.

Me preguntan si estoy feliz, emocionado, nervioso o cuál es la emoción que estoy experimentado por haber concluido mi licenciatura, podría mentir y decir que tengo todas esas emociones al mismo tiempo y que es algo inexplicable, pero la verdad es que no siento nada. Hace muchos años me hicieron ortodoncia y me colocaron un paladar, este paladar no me dejaba saborear nada de lo que comía, sólo lo tuve un par de días (no lo soporte y me lo quite) pero fueron dos días muy tristes, si algo disfruto en la vida es comer, pero comer sin saborear no vale la pena. Pues algo parecido me pasa ahora, estoy pasando por un momento que debería ser muy feliz, muy especial y muy esperando en mi vida, no obstante, no lo puedo disfrutar.

 Me había propuesto (tontamente, ingenuamente) como meta, que al concluir mis estudios buscaría a Nadia. Hace unas semanas había pedido una señal para saber si buscarla sería lo correcto, la señal llegó. Resulta paradójico como el nacimiento de una nueva vida ha matado mis sueños. Hay una canción de Cole Porter que dice every time we say goodbye I die a little, así me sentía, ahora que te tengo que decir adiós para siempre, pueden ver en mis ojos todos los muertos que hay en mí.

 Resulta realmente complicado tratar de escribir todo lo que siento en estos momentos, porque si tengo sentimientos sólo que no tienen nada que ver con la felicidad. Más bien siento enojo, luché por esto durante cuatro años y merezco disfrutar este momento, sin embargo, no lo puedo hacer sigo pensando que este momento lo tendría que compartir contigo Nadia. No hay día en que no recuerde tu sonrisa y te odio por eso, te odio por muchas cosas, por haberme dejado, por haberme amado, pero al mismo tiempo tu recuerdo es lo único que me obliga sonreír, esa sonrisa que sale del alma que no se puede ocultar, eres lo único que me hace sonreír de verdad. Te odio pero te sigo amando y te vuelvo a odiar por eso.

 Me enoja que sin importar cuánto me quiebre la cabeza pensando en cómo pasó todo, por qué pasó, en fin dándole una y otra vez vuelta al asunto no puedo hacer que cambie nada, me lastimasté tanto que ni siquiera tú lo podrías arreglar ahora. Pero sin importar eso sigues siendo mi primer pensamiento al despertar, eres cualquier pretexto para decir tu nombre una y otra vez, recordar tu sonrisa y por las noches abrazar mi almohada deseando con todas mis ganas que fuera tu cuerpo.

 Seguramente me dirás que no hiciste nada malo y que yo soy el único responsable de lo que siento o dejo de sentir (probablemente sea verdad) pero en mí verdad no sé cómo hacerle para alejarme de ti, hacerte a un lado, superarte. Ahora ya no me importa cuántas veces o de qué formas me digan que me aman, ya no tengo la confianza ni las ganas de creerlo, ya sé en que terminará todo.

 Después de todo creo que la verdad es tan real como elusiva. Y donde más real la sentimos es precisamente donde menos existe (así de seguro me sentí yo entre tus brazos, creyendo que nunca se terminaría). La verdad se vive, se conoce en carne propia. Se sabe, por ejemplo, cuando un amor es verdadero porque se vive. No quiere decir que ese amor verdadero será para siempre y mucho menos que será leal, pero sabemos cuándo sí lo es: en el momento en que se siente, mientras se siente, sea durante una hora o una vida, todo depende de la voluntad de la mujer amada, voluntad que se mueve caprichosamente como pluma al viento.

 Hay quienes buscan la homogenización de los sentimientos. Tratan de convencernos para ser buenos ciudadanos y ser buen ciudadano equivale a no hacer ruido, a ignorar las diferencias. Pero creo que para ser buenos ciudadanos hay que desdeñar la bondad prefabricada. Saber quiénes somos y que necesitamos, qué queremos y qué podemos ofrecer y eso lo descubrimos viviendo de ser uno y lo otro, siendo seres complejos viviendo en dos planos simultáneamente. Por eso, porque somos seres complejos es que no puedo estar totalmente enojado contigo, cómo odiarte por buscar tu felicidad, sólo desearía no haberme interpuesto en ella y haber sido parte de la misma.

 ¿Para quién no es tan corto el amor y tan largo el olvido? Dicen que el que no ha amado no ha vivido. Para mí, después de haber amado tan intensamente como te amé, siento que vivo a medias entre sombras, condenado a un aquí y ahora sin relieve, me duele en el alma pensar que así pasaré el resto de mi vida, pero ya no estoy dispuesto a pagar el precio del amor. Cada día parece que me encuentro al inicio de un interminable camino de descubrimientos, pero siempre me pregunto, ¿Para qué? La mayoría de las veces no tengo ganas de hacer nada, ni siquiera festejar mi graduación.

 Dicen que todo pasa por algo, yo no sé si tu llegada a mi vida fue con la misión expresa de mandarme a la guillotina pero es cierto que tu partida me ha obligado a elegir entre la muerte y la locura.

La locura: una prisión lejana cuyas puertas son tanto más claras cuanto menos uno se resigna a vivir en esa miseria. La locura no brota como una súbita infección en el cerebro. La locura es aquella enfermedad que sólo amedrenta cuando ya sus colmillos se han alojado en tu cuello de modo que pelear con ella es también desgarrarnos mortalmente, oprimirnos los pulmones, perder el miedo a la muerte como se pierden la inocencia y el amor.

 El amor es un bien que ya he perdido, cuando entre las condiciones que se le ponen al amor no se halla la correspondencia de quien se ama y realmente tampoco puede hallarse ninguna otra porque se ha decidido amar incondicionalmente, el amor, que por su propia arrebato vive más allá de posesiones tan poco importantes como el bienestar y la cordura, sólo puede perderse por otro amor, un gran amor. Para que la cuña apriete ha de ser del mismo palo.

 Amo a una mujer a la que ya no conozco, y tal vez a ello se deba que no puedo dejar de buscarla y contemplarla (aunque sea por un montón de ceros y unos que al juntarse de manera adecuada forman su imagen en mi pantalla, aunque sin la temperatura adecuada, como la de su cuerpo) cada vez que la ausencia del mundo me ofrece el anestésico de la soledad (resulta gracioso usar la palabra anestésico mientras hablo de ti, y de cómo manejo mi dolor). Sé que esa mujer existe, incluso podría dibujar la fachada de la casa en donde vivió y pienso, porque aún así lo quiero, que ocupo un lugar en su memoria; pero a mí la memoria no me ha servido más que para lamentarme por no haber luchado por ti, aunque también pienso que no tenía grandes armas para hacerlo, creía que uno sólo se arrepentía de las cosas malas, contigo he aprendido que también uno se puede arrepentir de las muy buenas. Es así como todos los días, todas las noches proyecto en mi mente la película más obsesiva del mundo: Nadia.

 Nadia, se ha convertido ahora, en un nombre que no tiene cuerpo. Nadia es la palabra que a diario me visita pero nunca se queda a dormir. Nadia son cinco letras formadas por cuchillos. Nadia es el principio de la sonrisa, la llegada de la nostalgia y el fin de la alegría. Nadia es el nombre que un día pronuncie resguardado por los muros de la casa de Dios. Desde entonces acaricio su vacio, tal como otros recorren con manos, boca y ojos a sus mujeres. Nadia se pronuncia acariciando la lengua con el paladar y después degollándola con los dientes. Es el nombre que tengo que ocultar, inventar un nuevo pensamiento para ocultar al otro: el innombrable, aquél que trato de sepultar para ya no decirlo ni pensarlo ni escribirlo. Y si hoy abandono mi propósito y escribo ese nombre una y otra vez, en este documento en donde han de viajar moribundas de miedo estas palabras, lo hago con el sólo propósito de que lleguen hasta ti, aunque con la secreta esperanza de que jamás lo logren. ¿Después de todo qué lograría yo con eso, de qué nos serviría a los dos?

Quiero pedirte perdón por mi atrevimiento, por mi cobardía, por no haber luchado por ti, por no olvidarte, por amarte y por cada una de las debilidades que con seguridad me hicieron indigno de tu amor y de habitar en tus recuerdos.

Hasta siempre Nadia (MDTH)