domingo, 20 de marzo de 2011

La cultura consumista (3 semanas para ser Licenciado en Economía)

En la cultura consumista la principal preocupación es mantenerse a la delantera, en la moda, tecnología, información, en fin, todo lo que proporcione ciertas ventajas respecto a otras personas. En lo que respecta a la moda, estar a la delantera también proporciona, con la ayuda de marcas de pertenencia, identificación. Por tanto, mantenerse a la delantera es algo vital y la única forma de garantizar la entrada y permanencia en cierto estatus sociocultural. Estar a la delantera además de brindar alto valor de mercado, también aporta certeza y seguridad, justo el tipo de experiencias que escasean en la vida consumista. Pero sería ingenuo el que se duerma en sus laureles, pues los emblemas de pertenencia cambian veleidosamente.


 

En sintonía con la experiencia del tiempo puntillista compuesto de instantes, episodio con tiempo prefijado y nuevos comienzos con posibilidades infinitas, se advierte que todo emblema de pertenencia tiene fecha de caducidad. Este mensaje tiene dos propósitos, ponernos al día y salvaguardarnos de posibles rezagos en el futuro. Los emblemas de pertenencia nos ofrecen varios estilos, así que uno tiene libertad de elegir, aunque el rango de la oferta traza un inexpugnable límite alrededor de las opciones.


 

Lo que realmente importa, en la cultura consumista, es que cada quien está a cargo de sus elecciones, tiene libre albedrio. Estar a cargo constituye un deber, así que por más que la elección sea responsabilidad de cada quien, no hay que olvidar que elegir es una obligación, de otra forma, la sociedad consumista condena sin derecho a réplica.


 

A cada instante se degrada la duración a favor de la transitoriedad, es decir, en una jerarquización lo novedoso está por encima de lo perdurable. La consecuencia lógica es que los lapsos de satisfacción, del nacimiento de un deseo y su muerte, la conciencia de utilidad y la sensación de que son inútiles, se han acortado dramáticamente. De acuerdo con Bauman el síndrome consumista es velocidad, exceso y desperdicio.

Velocidad, la necesidad de perfección no se evalúa en función de su utilidad y posibles mejoras, sino en su velocidad de circulación. Exceso junto con el desperdicio, crean un espiral de incertidumbre que supuestamente debían desactivar, o por lo menos mitigar para conseguir la felicidad. En la sociedad de consumidores, en repetidas ocasiones se hace la aseveración, este es un país libre. Esta aseveración descansa en que cada persona vive la vida que desea vivir, cómo vivirla y las elecciones que hace para lograrlo sólo dependen de uno mismo.


 

Arthur Schopenhauer plantea, la libertad física es la ausencia de impedimentos materiales de todo tipo, este concepto se vincula con el de la libertad moral, algunas veces se observa que una persona, sin estar obstaculizada por impedimentos materiales, es impedida a actuar, por motivos tales como amenazas, promesas, o alguna otra razón, del modo en que habría sido su voluntad. Entonces, según con el concepto empírico de la libertad, se puede decir –soy libre si puedo hacer lo que quiero- ahora bien podríamos plantear la pregunta del siguiente modo, ¿puedo también querer lo que quiero? Si podemos contestar a esta pregunta, fácilmente, podríamos contestar ¿La sociedad de consumidores es libre? Parece que la alegría de la emancipación tiene el sabor amargo de la derrota.


 

"Pasear" en la montaña rusa ofrece, al paseante, descargas de adrenalina propias de la aventura, pero también dan ganas vomitar. La certeza minimiza los riesgos de la derrota, la perdida de autoestima y la humillación del fracaso al módico precio de un paseo aburrido. Precio que es fácilmente olvidado y perdonado. La libertad de elección suele considerarse un acto de emancipación, pero cuando esta libertad es tan rutinaria que se ha convertido en una obligación.


 

La primera defensa para justificar la coerción social y las restricciones, impuestas por la regulación normativa, sobre la libertad individual, es que son necesarias para la convivencia humana, en donde todos pelean contra todos. La segunda es, restringir las libertades individuales por la mera presencia de otras personas. Pero la llegada del consumismo ha minado la credibilidad de ambos argumentos. Pues la coerción ha sido reemplazada por la estimulación; los patrones de conducta obligatorios por la seducción; la vigilancia del comportamiento por las relaciones públicas y la publicidad y las regulaciones normativas por el advenimiento de nuevos deseos y necesidades.

Al debilitarse todas las instituciones que en el pasado daban solides a la sociedad (Estado, iglesia, familia, etc.) y no haber una voz autorizada de exigencias o un inventario finito de obligaciones, el individuo tiene un dilema ético, pues él solo tiene que establecer los límites de su responsabilidad hacia con otros seres humanos, evaluar qué intervenciones morales son factibles y cuáles no y decidir cuánto de su felicidad está dispuesto a sacrificar para cumplir con sus obligaciones morales hacia los demás.


 

Somos testigos de cómo los conceptos de responsabilidad y elección responsable antes pertenecientes al campo semántico de la ética, se han mudado al campo de la evaluación de riesgos y la autorrealización. Las decisiones se toman de manera unilateral sin importar en qué medida se afecte al otro, siempre y cuando se logre el objetivo, cualquiera que este sea. La responsabilidad es sólo con uno mismo.


 

El tiempo puntillista ha logrado que el ser humano viva en un permanente estado de emergencia. La condensación momentánea de energía hace que el ser humanos sea intolerante a la frustración, el individuo soluciona este problema disolviendo el futuro en el presente y encapsulando el ahora. Es increíble pensar que el sufrimiento del hombre contemporáneo es causado por el exceso de posibilidades más que por las prohibiciones. Es esperable que la depresión provocada por el temor a ser inadecuado supere a la neurosis causada por la culpa.


 

En la vida de consumo todo es rápido, y no queda exento el aprendizaje, así es, se debe aprender rápido pero sobretodo, en una sociedad de desechos, se debe olvidar aún más rápido, pues lo que aprendimos en el pasado seguramente será un lastre para el futuro. Lo que era perfecto para el mes pasado, no es nada perfecto para este mes, del mismo modo que lo que se usaba el año pasado está a años luz de lo que se usa este otoño.


 

La oferta es la que propicia esta velocidad en la sociedad o son los consumidores los responsables, ¿Qué fue primero el huevo o la gallina? Muchos de los consumidores que en este momento arrojan mercancías a la basura dirán que esto es un efecto secundario de la renovación y un sacrificio triste pero necesario que hay que hacer en aras del progreso. Los productores, en un momento de franqueza, podrían admitir que la producción de nuevas mercancías (mejoradas y más rápidas) surge de la necesidad de acotar la vida útil de las anteriores, así poder mantener el tránsito de mercancías y el PIB en ascenso. El hecho de que ambas respuestas puedan ser correctas, es la mayor hazaña de la cultura consumista y por ello logra su reproducción, al punto que parece natural esta forma de vida.


 

Muchas empresas proclaman que su principal motivación es la satisfacción del cliente, pero lo cierto es que la pauta ética de la vida de consumo es evitar la satisfacción duradera, por tanto un cliente satisfecho es una amenaza al sistema. La vida de consumo se trata primordialmente de estar en permanente movimiento. Pues la satisfacción de un cliente se asocia con el estancamiento económico, las necesidades deben ser insaciables y sin embargo, siempre debemos buscar satisfacerlas.


 

Satisfacer las necesidades, descartar el pasado, buscar nuevos principios, cambiar de identidad y esforzarse por volver a nacer son conductas que la cultura consumista promueve como obligaciones disfrazadas de privilegios. La proeza de invalidar el pasado se reduce a un único pero milagroso cambio de la condición humana, la posibilidad de nacer de nuevo. La manifestación del atractivo de nacer muchas veces, podría ser la expansión de la cirugía estética. Cuando una identidad pierde su atractivo, el valor de mercado desciende vertiginosamente, entonces debe ser renovada, no por una identidad hecha en "casa" sino una comercial y prefabricada.


 

Pero antes de volver a nacer hay que deshacerse de todo lo anterior. Muchas empresas han insertado a sus políticas de marketing tomar en parte del pago un artículo anterior. Esto desalienta a los consumidores a crear cualquier vínculo de apego con las mercancías que compran. Una compañía, que produce juguetes, prometía a los consumidores un descuento si devolvían el ejemplar anterior. Educar a sus consumidores, desde la infancia, es el principal objetivo de esta empresa.


 

Bajo este esquema, no es raro que los vínculos sentimentales entre las personas se vivan como una compra/venta. Se hace un estudio de mercado, del objeto amado, a partir de ciertas cualidades físicas, sociales y rasgos de carácter claramente definibles. Si el puntaje alcanzado por el objeto amoroso no es suficiente, entonces se debe claudicar la compra. Pero en el supuesto caso que si haya alcanzado el puntaje y la compra se realizó, el objeto amoroso puede fallar como cualquier otro objeto disponible en el mercado, entonces se debe reemplazar.


 

Otra de las promesas de la cultura consumista es la de estar siempre en contacto, de forma instantánea y sin esfuerzo. Irónicamente siempre se tiene el deseo de romper el contacto, si una persona ya no me es grata, basta con eliminarla de los contactos. Esta forma de socializar es muy similar al modelo de las tarjetas de crédito, la compra despersonalizada hace sencillo olvidar que el momento de placer exigirá eventualmente un pago. La ausencia de vínculos con otros, es la secuela de humanos que viven solamente en el presente y no prestan atención a las experiencias del pasado ni a las consecuencias del futuro.


 

Los vínculos humanos, el amor puntualmente, suelen ser frágiles, inestables y tan fáciles de romper como de crear. Si los humanos se siguen enamorando es porque ese sentimiento crea una mezcla, adictiva, de júbilo y angustia. Júbilo porque su fragilidad mitiga el riesgo que presupone toda interacción, el apego a otra persona. Angustia porque la precariedad, caducidad y revocabilidad de los compromisos mutuos son en sí una fuente de peligros insondable.


 

En cuanto a la política, la cultura consumista, puede teorizar sobre si internet es una forma nueva y mejorada de la política, pues permite un compromiso, más eficaz. Pero esto parece más bien una escusa a la baja participación ciudadana en la "política de lo real". La política de lo real y la política virtual van en sentidos opuestos y la distancia crece a medida que la autosuficiencia de una se beneficia con la ausencia de la otra. En un estudio hecho en Inglaterra, asistir a un evento político ocupa la misma posición que ir al circo.


 


 


 


 


 

    Conclusiones.


 

Más que conclusiones esto es un recuento de daños o la puntualización de los fenómenos, a mí parecer más importantes, que han surgido como resultado de la perpetración de intereses económicos y la transformación total y absoluta de la vida humano en un bien de cambio.


 

  1. La forma de producto ha penetrado y reformulado la vida social, incluso provocando que la subjetividad puede ser comprada y vendida en forma de belleza, limpieza, sinceridad y autonomía.


 

  1. La materialización del amor. A medida que disminuye la capacidad de conversar, negociar y encontrar puntos de interés mutuo, crece la ansiedad por escapar y quemar los puentes.


 

  1. La aparición del consumidor fallado. Son un conglomerado de personas que han ido más allá de los límites de relación con todas las clases y con la propia. Gente sin un papel asignado y que no aporta nada a la vida de los demás, alimentándose de los fluidos vitales de los otros y erosionando el orden clasista, por lo tanto, no merecen ser redimidos.


 

  1. Para ser aceptado como miembro apto de la sociedad es necesario responder rápido a las tentaciones del mercado consumista. Hay que contribuir a la demanda que deja sitio a más oferta. En tiempos de crisis o estancamiento, es necesario apoyar la recuperación basada en el consumo. Hay que poseer aptitud de consumidor.


 

  1. A los pobres se le califica como personas pecaminosas, negligentes y carentes de principios morales. Los medios de comunicación presentan, en cooperación con la policía, los retratos de los criminales, entregados al delito, a las drogas y la promiscuidad. Para los pobres de la sociedad de consumidores, no adoptar el modelo de vida consumista significa un estigma de exclusión y adoptarlo implica caer aún más en esa pobreza que evita la inclusión.


 

  1. El aumento de la criminalidad es un producto de la sociedad de consumo. Se trata de un producto inevitable, cuanto más elevada sea la demanda del consumidor más segura será la sociedad de consumo. Simultáneamente, entre más ancha sea la brecha entre los que desea y son capaces de satisfacer sus deseos (demanda efectiva) y los que han sido seducidos pero que son incapaces de actuar de la manera en se espera que actúen, será más prospera la sociedad de consumo.


 

  1. La felicidad es sinónimo de decencia humana, por el contrario el aburrimiento es un estigma vergonzante. Consumir ciertos objetos y vivir de determinada manera es condición necesaria para ser feliz, la felicidad es una condición para alcanzar la dignidad y autoestima. En la sociedad de consumidores ser feliz no es una opción, es una obligación.


 

  1. La desaparición del Estado social. Para muchas personas enfrentar los riesgos, que implica la libertad, resulta insoportable por temor a que sobrepasen su capacidad de combatirlos. La ausencia del Estado social deja a muchas personas sin una póliza de seguro emitida en nombre de la comunidad.


 

  1. Adelgazamiento del Gobierno. A medida que la desregularización y la privatización de la economía avanzan, los activos nominalmente considerados propiedad del Estado han perdido la supervisión política.


 

  1. El sentimiento que permea a los jóvenes es el de desesperanza. Parece no existir ninguna alternativa en el mundo actual, o más bien, cualquier alternativa parece inimaginable.

martes, 15 de marzo de 2011

Sociedad Consumista (4 semanas para ser licenciado)

Zygmunt Bauman se refiere a la sociedad de consumidores como un conjunto especifico de condiciones bajo las cuales la probabilidad de adoptar al consumismo antes que cualquier otra cultura, así como las de que casi siempre hagan todo lo posible por obedecer sus preceptos. Es decir, la sociedad consumista promueve una vida consumista y reprueba o desalienta toda opción cultural alternativa.


 

Contrario a la sociedad de productores en donde estaban bien definidos los roles de hombre (productor y soldado) y mujeres (proveedoras de servicios por encargo) y el espíritu de las personas era silenciado mediante patrones de comportamiento que eran inculcados e interiorizados para obedecer órdenes, sometiéndose a la rutina, la sociedad consumista coacciona a sus integrantes desde la infancia y durante toda la vida, mediante el manejo del espíritu, gestionado por individuos entrenados y coercionados espiritualmente.


 

El sistema consumista califica de anormales e inválidos, a los "consumidores fallados". No hay indulgencia posible para un consumidor fallado porque, se le puede negar el empleo a una persona capacitada pero, no se le puede negar un bien de consumo a quien tiene dinero para comprarlo. Consumir significa invertir en la pertenencia a la sociedad, y alguien que no lo hace, no merece perdón.


 

Satisfacer deseos, necesidades o apetitos no es el propósito decisivo de esta sociedad, sino convertir al propio consumidor en un bien de cambio vendible. Los miembros de una sociedad de consumidores compran bienes para ser comprados ellos mismos a un mejor precio. Así, el atractivo de un producto se evalúa por la capacidad de aumentar el valor de mercado de quien lo consume.


 

La historia de la humanidad, al menos en su versión dominante, ha sido un largo y tortuoso camino hacia la libertad individual y la racionalidad. Posiblemente el estandarte axiomático de esa conquista son las leyes de mercado. Las leyes de mercado son ecuménicas sobre las cosas elegidas y sobre quienes las eligen, ya sea como productos o como clientes.


 

Hombre y mujeres deben alcanzar los estándares de calidad que exige el mercado, mediante el consumo de artículos que prometen volverlos aptos, logran cotizar en el mercado y entrar a la sociedad de consumidores. Se puede argumentar que somos consumidores por naturaleza y que forma parte de la naturaleza humana. Incluso se puede alegar que el derecho a consumir precede a cualquier otro derecho por ser básico ¿pero este argumento es válido cuando se comercia con personas?


 

Las fuerzas del mercado cobran tanta importancia que está socavando, hasta su inevitable desaparición, a la soberanía del Estado. Por más que se le ascienda a instancias superiores o instituciones supra-estatales la soberanía del Estado mezcla poder con política y subordina la primera a la supervisión de la segunda, pero mucho más sediciosa es la tendencia del Estado a ceder muchas de sus funciones prerrogativas a las fuerzas del mercado.


 

El gobierno adoptó y adaptó las políticas establecidas e inculcadas por las empresas modernas, en donde a los empleados se les trata como productos y como tales deben ser concebidos, utilizados y recambiados en el menor tiempo posible. Los procesos de incorporación, integración y capacitación deben quedar reducidos al menor tiempo posible.


 

El éxito de esta sociedad reside en hacer que los individuos requieran hacer lo que es necesario para que el sistema pueda auto reproducirse. Al igual que existen dos mecanismos para mantener al consumidor insatisfecho, hay dos modos de lograr que el sistema se auto reproduzca; mediante la movilización espiritual o el adoctrinamiento ideológico; o de forma subrepticia, inculcando patrones más o menos a la fuerza que una vez que han sido acatados parecerán propios.


 

Toda civilización se centra en los individuos y en su capacidad de autocontrol, al menos en apariencia. Como es improbable que el vulgo ponga los intereses supra individuales por encima de sus impulsos y los efectos a largo plazo por encima de la gratificación inmediata, toda civilización debe estar asentada sobre la coerción o al menos la amenaza de la coerción si no se acatan las restricciones impuestas. Para la construcción de naciones, en el pasado, fue necesario el patriotismo (una voluntad inducida que sacrificaba el interés individual en favor del interés compartido). Más allá del pragmatismo y eficacia de este estilo, lograr el objetivo de manipular el comportamiento de los individuos resultaba ser muy costoso y conflictivo.


 

La variante, de ese estilo, que se presenta en la moderna sociedad de consumidores, no genera ninguna inconformidad pues exterioriza las obligaciones como libertad de opción. Dicha libertad no implica que la conducta de los individuos se haya vuelto aleatorio o carente de coordinación, por el contrario, las acciones individuales son previsibles y coordinadas sólo que por mecanismos diferentes a la sociedad de productores.


 

El mecanismo empleado por la sociedad de consumidores es la atomización de la sociedad, no existen los grupos, pues los hace frágiles y divisibles (al igual que en competencia perfecta se requieren agentes económicos pequeños que no tengan influencia en el mercado) ampara la formación de multitudes. El consumo como la lectura es una acción solitaria por antonomasia, aunque se haga en compañía.


 

Entre más solo esté una persona será mejor para la reproducción del sistema, pues entonces, éste tendrá una intervención más activa en los mercados. Los consumidores con su dinero o mejor aún con sus tarjetas de crédito comprarán a ritmos aceleradísimos cosas que prometen la felicidad sin cumplirla, mientras el producto interno bruto sigue creciendo. En tiempos recientes Bancomer ha impulsado un programa de educación financiera. Sin importar la edad del interesado o su educación, esa institución financiera regala entrenamiento en el arte de vivir de prestado.


 

Para culminar este segundo apartado haré referencia a un tema en boga. La tendencia a dejar de cobrar impuestos a los ingresos (riqueza) para volcarlo sobre los gastos, esto sería lo natural en una sociedad de consumidores. La capacidad de compra y no la de producir es la que define el estatus de un ciudadano, pues la actividad de consumir es la que proporciona la interface adecuada entre el individuo y la sociedad.

domingo, 6 de marzo de 2011

Cambio en el Patrón de Consumo. Consumismo (5 semanas)

El consumo, para la sociedad actual, se ha convertido en algo tan cotidiano, que podríamos decir que es un hecho trivial. Lo hacemos a diario, de forma rutinaria y sin planificar demasiado, se podría decir que sin pensarlo dos veces. Un hecho tan banal, como lo es el consumo, no merecería la pena ser estudiado, pero si el ser humano fuera la mercancía que se está consumiendo ¿nos interesaría?


 

Los jóvenes que tratamos de mostrar nuestro entusiasmo y frescura con la esperanza de obtener reconocimiento, y con este, la aprobación que nos permita entrar a la sociedad como entes productivos; los clientes potenciales que necesitan elevar su gasto, y como consecuencia, ser sujeto a crédito para acceder a servicios, que de otra manera le estarían vedados; las personas en general que se esmeran en conseguir ser útiles y necesarias para estar en el mercado: todas las personas están obligadas a posicionar, empujar y promocionar un producto, ellos mismos.


 

El objetivo de este trabajo será caracterizar la sociedad consumista, en tres "arquetipos ideales": El consumismo, la sociedad de consumidores y la cultura consumista.


 

Consumismo.


 

Una sociedad que ha puesto, como aspecto fundamental, los "deseos", ganas y anhelos, y estos a su vez, coordinan la integración y reproducción de la misma y por supuesto la formación del individuo, es una sociedad bajo un acuerdo social, el cual podríamos llamar "consumismo". En términos más claros, el consumismo llega cuando desplaza al trabajo como principal actividad del hombre en sociedad.

La sociedad de productores (antecedente inmediato del consumismo) fijaba sus deseos, esperanzas y anhelos en la apropiación y posesión de bienes que aseguraban confort y estima, era una sociedad abocada a la seguridad de lo estable. Si pudiéramos definir a la sociedad de productores en una sola característica, tal vez, la más apropiada sería, resistente al tiempo. Para la generación a la que pertenecen nuestros padres, las posesiones que brindaban poder, asegurando un futuro promisorio, y estima personal, eran las posesiones solidas, grandes, pesadas e inamovibles.


 

En la sociedad de consumidores, en la que nos desarrollamos actualmente, lo que impera es la inestabilidad de los deseos, la insaciabilidad de las necesidades, la tendencia al consumo instantáneo y la eliminación inmediata de sus elementos. En estas circunstancias planificar, invertir o acumular a largo plazo sería un acto carente de buen juicio, pues la gratificación que motiva al individuo, podría no ser la misma que en un inicio.


 

En esta sociedad, la movilidad y habilidad para aprovechar oportunidades que se presentan de bote pronto es una cualidad bien cotizada, por tanto, poseer objetos valiosos que pierden rápidamente su atractivo y que terminarán en la basura, probablemente, antes de producir alguna satisfacción parecen, más bien, un lastre.


 

Mientras que para la sociedad de productores el tiempo era cíclico o lineal, para la sociedad de consumidores el tiempo es puntillista. El tiempo, en el consumismo, está más marcado por las rupturas y discontinuidades que por el contenido especifico de los bloques. Se cree que cada punto-tiempo entraña posibilidades infinitas y lo mismo se cree de los siguientes, sin importar los éxitos o fracasos pasados. Sin embargo, la experiencia muestra que el universo puntillista se parece a un cementerio de esperanzas e ilusiones abortadas.


 

Si bien es cierto que la necesidad del goce inmediato motiva el apremio por adquirir y acumular, la razón que prevalece, la que convierte el apremio en urgencia es la necesidad de eliminar y reemplazar. Cualquier lealtad o apego sentimental es castigado con la perdida de una oportunidad, pues en la vida "ahorista" cada punto-tiempo se diluye apenas apareció. Todo es para ayer.


 

Podemos asegurar que, en una sociedad de consumidores la búsqueda de la felicidad no está orientada hacia el proceso de producción y apropiación de bienes, sino al de la eliminación de los mismos. Si las mercancías se eliminan tan pronto se adquieren, la producción crece sin frenos, justo lo que necesita una sociedad que mide sus éxitos en términos del PIB.


 

Muchos de los productos que aparecen en los anaqueles, han sido producidos sin siquiera tener una utilidad, sólo hasta que se venden se les encuentra una. Si no llegaran a tener ninguna utilidad, igual no importaría, pues ya cumplieron con su objetivo, ser producidos. La misma suerte correrán los productos que si han logrado crear alguna necesidad, pues día con día nuevos productos prometen hacer lo que hacían los anteriores, sólo que mejor y más rápido (nuevamente el tiempo pretende ser reducido a su mínima expresión).


 

Este crecimiento exponencial de la producción llega necesariamente al punto en el que la oferta excede a la demanda, pero ya no sólo de bienes, sino también de información. Cualquier periódico de circulación nacional contiene más información que la que una persona culta del siglo XIX consumía durante toda su vida. Más de la mitad de los artículos periodísticos, en materia de ciencias sociales, nunca son leídos, y lo mismo ocurre con la producción de música, literatura, personas y todo cuanto sea susceptible de ser vendido, es decir, todo lo que conocemos.


 

A consecuencia de esto ocurre un fenómeno entre ciertas personas, la actitud displicente que Bauman califica de "melancolía". Hay todo un abanico de mercancías del cual puede elegir el consumidor, tan agobiantes todas, que algunas personas lejos de enfrentarse a la encrucijada de tener que escoger, prefieren alejarse de la vacilación entre un camino y otro. A esta actitud es a la que llama Bauman melancolía. Ser melancólico es poder experimentar la infinidad de posibilidades que se presentan todos los días y no quedar enganchado a ninguna.


 

La idea anterior podría sugerir que la sociedad, en su conjunto, no es feliz o que no es tan feliz como la sociedad de productores. Resultaría ocioso comparar distintas felicidades, pues ésta es muy subjetiva y tampoco tenemos un "deflactor" para comparar distintas épocas. Si quisiéramos evaluar la felicidad de esta sociedad, tendríamos que hacerlos a partir de los valores que ella misma promueve.


 

La sociedad de consumidores, tal vez como ninguna otra sociedad en la historia de la humanidad, promete la felicidad, una felicidad instantánea y perpetua. ¿El fracaso es del tamaño de las expectativas? Así mismo es la única sociedad que se niega a tolerar, y mucho menos a justificar, la infelicidad. La infelicidad, para la sociedad de consumidores, es un fenómeno tan execrable que se debe castigar. Contrario a lo que se podría pensar, esta doctrina hedonista no es una máquina de felicidad sino más bien todo lo contrario.


 

Esto es porque hay una relación inversa entre la no satisfacción de las personas y la sociedad de consumidores. La sociedad de consumidores medra en tanto la infelicidad de sus miembros sea perpetua. Existen, por lo menos, dos mecanismos para mantener al consumidor insatisfecho: el mecanismo explicito, consiste en devaluar y denigrar las mercancías apenas hayan sido lanzadas, con bombo y platillo, al universo de los deseos del consumidor; El mecanismo implícito, y más eficaz, logra satisfacer cada deseo de forma tal que engendra más deseos.


 

Además de ser una economía del engaño es también, como consecuencia, una economía del exceso y los desechos. Apuesta (por desgracia para los economistas) a la irracionalidad del consumidor y no a la toma de decisiones bien informadas. El enemigo natural de esta economía es el cliente satisfecho, el consumidor tradicional que sigue las viejas rutinas, inmune al embrujo del mercado.


 

La estratagema que se utiliza para desactivar la amenaza al sistema que impera es la "absorción". Las acciones y actitudes del disidente (consumidor satisfecho) que antes amenazaban al sistema son integradas de modo tal que sirven a los intereses del propio sistema. La sociedad consumista hace de la necesidad virtud desregulando y desrutinizando la conducta humana. El efecto es el colapso de los vínculos humanos, la individualización.

domingo, 27 de febrero de 2011

Subsidio a la educación particular. (6 semanas)

El pasado 14 de febrero el Presidente Felipe Calderón Hinojosa, a través del comunicado 018/2011 de la SHCP, hizo oficial que ahora será deducible de impuestos el pago de colegiaturas en instituciones particulares que proveen el servicio educativo desde preescolar hasta nivel medio superior. Las personas físicas podrán deducir para efectos de su impuesto sobre la renta (ISR) los estudios del propio contribuyente, de su cónyuge, hijos o de sus padre. Así mismo se establece que el pago de estos servicios, para que pueda ser deducible, deberá ser por medio de pagos electrónicos o cheques nominativos. El límite máximo para la deducción será el equivalente al gasto que ejerce el Gobierno federal en cada uno de los niveles de educación. Preescolar. $14,200; Primaria $12,900; secundaria $19,900; profesional técnico $17,100 y bachillerato o su equivalente $24,500.


 

Los que apoyan esta medida argumentan que: es un apoyo y reconocimiento a los padres de familia que tienen a sus hijos en escuelas particulares; provocará la migración de escuelas públicas a particulares, considerando estas últimas de mejor calidad. Por otra parte, los ingresos que deje de percibir el gobierno como resultado de la deducción de estos impuestos se equilibrará con el pago de impuestos de los colegios, pues ahora tendrán que comprobar la totalidad de su matrícula.


 

Los argumentos en contra, aparte de los meramente políticos, dicen que es una medida privatizadora de la educación; que sólo beneficiara a las clases altas y medias provocando que en el largo plazo la brecha entre clases y por ende la distribución del ingreso sea más desigual.


 

En mi opinión la situación de los alumnos no se verá afectada, no en grandes masas, pues los impuestos sólo serán deducibles al impuesto sobre la renta, esto quiere decir que sólo podrán deducir las personas que tienen una empresa o que reciben ingresos por honorarios, dejando al margen a los padres de familia que son asalariados. Además, la forma de pago de colegiatura que se establecen en la ley para su exención (pago electrónico, cheque nominativo que implican cierto estatus sociocultural) lo más seguro es que todas las personas que puedan deducir el pago de colegiaturas ya tuvieran a sus hijos en escuelas particulares. Para los que argumentan que se subsidiará la educación de los hijos de los millonarios, deberían de tomar en cuenta los límites que pone la ley, pues al menos no se hará en su totalidad. Queda exhibido lo mal que ejerce el gasto, en materia de educación, el Gobierno Federal, pues si cada alumno recibiera la educación, que en estos momentos ofrecen las escuelas particulares, pagando el 50% de lo que dice gastar el gobierno, tendrían una educación considerablemente mejor, incluso un idioma extra, cosa que no se ofrece en las escuelas públicas.

lunes, 21 de febrero de 2011

Cansancio Emocional.


Tendría cerca de cuatro años cuando ocurrió mi primera crisis asmática. Recuerdo al doctor diciéndole a mi mamá que si no reaccionaba con esos medicamentos me tendrían que internar. No recuerdo cada cuando me daban pero eran más o menos frecuentes. Conocía ya, el procedimiento a seguir; jarabe para la tos, tres inyecciones, toser y toser durante tres o cuatro días y de vez en vez vomitar hasta que no me quedaba nada en el estomago, entonces empezaba a recobrar la salud.

 
Mi recamara daba hacía la calle, cada vez que me enfermaba escuchaba a mis primos y vecinos jugar, eso me entristecía, yo apenas podía respirar, así que jugaba con mi carritos en la cama. Ese tipo de crisis las padecí hasta los ocho, tal vez diez años. Después cambiaron, sólo se me cerraban los bronquios, el pecho me dolía por el esfuerzo que hacía por tratar de respirar. Afortunadamente un medico, Ernesto, me receto un medicamento que fue milagroso para mi. Cuando no podía respirar solamente lo inhalaba y problema resuelto.

 
Hasta la semana pasada tenía más de cinco años de no tener una crisis de asma grave, es decir que se saliera de control. Hay terapeutas (psicólogos) que afirman que el asma es un padecimiento psicosomático y aunque siempre he tenido buenas razones para somatizar esta enfermedad no sé qué tan cierta sea esa afirmación, pero esta semana, volvió el asma como cuando era niño. Mis bronquios estaban completamente cerrados, estaba durmiendo, soñando cosas horribles hasta que pude despertar, lo solucione de momento con un poco de Salbutamol, y me acosté. Lo que sentí en ese momento, y podría ser la explicación de por qué volvió el asma, fue un gran cansancio emocional.

 
Todos los días mis emociones están a tope, en un momento la amo con todo el corazón y estoy completamente seguro de luchar por su amor, y no sólo eso, sino de que lo conseguiré y al siguiente instante la sigo amando pero siento que ya se fue y no tengo ni la mínima oportunidad de reconquistarla. Yo sé que si espero lo suficiente me volveré a enamorar, pero el asunto es que no quiero hacerlo. Si el amor existe, tiene que ser lo que viví con Nadia, y si eso que viví con ella, definitivamente las cosas más hermosas que he vivido, es tan fácilmente reemplazables entonces el amor no existe. Es por eso que no quiero volver a amar, porque todas mis esperanzas de que el amor existe y de que valemos la pena como humanos, están depositada en Nadia. De otra forma me pregunto ¿para qué hacer esto o lo otro, si soy reemplazable, si habrá otro que lo haga mejor que yo?

 
Está desilusión amorosa me ha hecho daño realmente. Me he convertido en alguien que no quisiera ser. He comenzado a cambiar la calidad por la cantidad, estoy con una persona que no quiero estar, no me siento feliz con ella, apenas y llena un vacío, el espacio físico que Nadia dejó, pero sólo eso y estando con ella busco más para ver si entre muchas puedo lograr tener lo que tenía con Nadia y al momento no lo he logrado. Seguramente estoy dañando a otras personas (daño colateral). Aunque soy consciente de todo, no me detengo porque pienso, si a mi me lastiman sin ningún remordimiento, por qué no lo hago yo. Estoy actuando de forma resentida, pero parece que es la actitud que se premia en la vida.

 
Cuando la calidad no da sostén, tiendo a buscar el remedio en la cantidad, (eso creo). Cuando el "compromiso" ya no tiene sentido y las relaciones no son confiables, me inclino por tener muchas opciones, si una se va, está la otra. Sin embargo no quiero entrar en este juego, porque creo que cuando alguien es así, se vuelve más complicado, cuando no imposible, y desalentador, sentar cabeza, pues ya se han perdido las habilidades para estar con una sola persona. Mi familia es muégano, me ilusiona formar una familia así, pero parece que las probabilidades de lograrlo tienden a cero. Seguir en movimiento (tener muchas mujeres al alcance) antes un privilegio y un logro para mi, ahora parece convertirse en una obligación, creando una fea incertidumbre, sé que esto no es una respuesta, pero los riesgos se distribuyen junto con las angustias que se generan y si no soy más feliz tampoco me afecta.

 
Siento que mi vida, en estos momentos, está en un puerto de montaña. Estoy subiendo una empinada cuesta hacia un paso montañoso que nunca antes había cruzado, y por ello, no tengo presentimiento alguno de la panorámica que, desde allí, alcanzare a ver; no estoy seguro de a dónde me llevará ese revirado y alambicado desfiladero. Pero estoy seguro de que no me puedo quedar mucho tiempo en donde estoy ahora, en un punto indeterminado de esa acusadora subida. Así que seguiré moviéndome, no "para" algo, sino "por motivo de" algo: porque no puedo quedarme quieto, una vez alcanzada la meta, y viendo completamente la panorámica, entonces habrá llegado el momento de desplazarme "para".

 
Creo que este es el momento en que quisiera una señal, una señal divina, o de cualquier tipo, qué importa de donde venga, mientras me diga que es lo que puedo hacer. Espero que la señal llegue en las próximas 7 semanas, justo lo que me falta para ser licenciado en economía. Si no llega espero tener la fuerza para perseguir mis sueños.

domingo, 13 de febrero de 2011

Si nadia fuera canción (8 semanas de ser licenciado)

A finales de la década de los sesenta, en Inglaterra, se formó una agrupación llamada fleetwood mac. En sus orígenes fue una banda de blues, incluso se les podría clasificar como rock, pero no un rock simple, sino un rock elaborado y en cierto momento lúgubre. Para ejemplificar lo que estoy diciendo pueden escuchar la mítica black magic woman, sí, aquella que se hizo famosa en la guitarra de Carlos Santana, bueno, pues no es original del oriundo de Jalisco, es original de fleetwood mac.



Seguramente por razones comerciales y azares de la vida (estando Stevie Nicks en sus mejores años) el baterista y dueño del grupo Mick fleetwood, contrato a la antes mencionada como la voz del grupo. Esto convirtió el sonido del grupo en un pop comercial, muy emparentado con el country, con todo el bagaje que traían como músicos, está mezcla de estilos tenía una manufactura muy fina y sin igual.



Para el año 1979 y tras el disco más exitoso de la agrupación, es editado el álbum, trust, uno de los sencillos de ese álbum fue Sara. Es una canción escita por Stevie Nicks, habla de un triangulo amoroso entre ella, el baterista Mick Fleetwood y la que se convertiría en la esposa de éste. Pero más allá de lo que hable la canción, lo que quiero compartir con ustedes es mi experiencia con el sonido de este grupo.



La canción comienza con dos guitarras y un arpegio de armonía simple y bella. A los 15 segundos se escucha la voz de Stevie Nicks, sin mucho alarde pero anunciando que algo pasará. A los 40 segundos entra en la mezcla el bajo; firme, soberbio, sin aspavientos, sólo dejándose sentir, y la batería, que es acariciada por una escobetillas y el bombo aporreado por Mick Fleetwood. Así pasan cerca de dos minutos. La canción ya se estableció, tiene un sonido fresco aún hoy, después de 30 años de haber sido estrenada.



Cerca de los tres minutos de la canción Stevie Nicks eleva la voz, es la parte más fuerte de la canción y siento que en cualquier momento llegará el coro y las emociones estallaran, pero no ocurre. Lo que ocurre es un puente en el que la canción se oscurece, se hace pesada. Podría dejar de escucharla pero me tiene atrapado, la melodía es exquisita y Stevie Nicks con su voz, esa voz tan discretamente hermosa que quisiera escucharla siempre, me lleva de la mano hasta el final.



Son más de seis minutos de una hermosa canción que me llevó a experimentar emociones increíbles, pero no sólo por la canción en sí mismo, sino porque me recordó a la personalidad de la mujer que amo, de Nadia. Así es ella, poco a poco se estableció en mi corazón con su dulzura y belleza y aunque tiene momentos oscuros, tristes y aún no han estallado todos los sentimientos posibles, quiero estar con ella hasta el final, ser parte de su discreta hermosura. Puedo concluir que, si Nadia fuera canción sería Sara de Fleetwood Mac.

domingo, 6 de febrero de 2011

Mickey Rourke, un sartén y yo.


En recientes semanas he incursionando en el mundo del arte culinario. Conseguí una receta, pero para realizarla tenía un inconveniente, necesitaba un sartén especial. Entonces me dirigí al Walt Mart, ahí lo encontré, sólo que tenía una especie de candado, por lo que tuve que pedir el auxilio del encargado de esa área. Lo vocearon una vez, después de 10 minutos no había ido. Lo vocearon por segunda vez y el resultado fue el mismo. Decidí ir a servicios al cliente, ahí lo vocearon en tres ocaciones y el encargado, ni sus luces. Mientras esto ocurría mi desesperación crecía, pase de la desesperación a la indignación y después al cólera.

 
Después de casi una hora de esperar mi sartén, mi hermana me convenció de que nos retiráramos del lugar y lo comprara al otro día. Acepte con gran amargura, pues no sólo no estaba consiguiendo mi sartén, sino que tampoco le había podido decir nada al estúpido encargado, ni a nadie. Al final yo traía un entripado del tamaño del mundo, no tenía mi sartén y ahí estaba yo, agachando todos mis sentimientos junto con mi cara, esperando a que otro día no se me negara el derecho a comprar, tal y como se me negaban un montón de cosas desde hace varios meses.

 
Me faltan nueve semanas para terminar la licenciatura, esto me recuerda a una película, que rompió esquemas en los ochentas, Nueve Semanas y Media. Era protagonizada por Kim Basinger y Mickey Rourke. Mickey era considerado el hombre más sexy en ésa década, por alguna razón decidió dejar la actuación y hacerse boxeador, no tuvo éxito y sólo logró que le desfiguraran el rostro, empezando así una espiral de decadencia que duró más de diez años. Después de un montón de cirugías, volvió a la actuación, pero sus años de guapo habían pasado, y los únicos papeles que le ofrecían era de monstruo. Él hizo de la necesidad virtud y en la película Sin City interpreto uno de sus mejores papeles.

 
En la Semana Santa del 2005, mi amigo Sergio Zurita, en un concierto en la ciudad de Los Ángeles se lo encontró y le dijo
-¡Señor Rourke, usted es el mejor actor del mundo!-
-Gracias señor, contesto él, usted y mi abuelita piensan los mismo.-
-Disculpe, dijo Sergio en el tono menos molesto que pudo, ¿me podría dar su autógrafo?-
-Sí, dijo él, Sergio le dio pluma y papel y cuenta que mientras garabateaba su firma pudo ver a través de sus lentes como un ojo le lloraba y sus manos temblaban.-
-Sergio se despidió de él diciéndole, sé que usted va a volver a la cima con Sin City. ¡Lo sé!-

 
Esa actuación le dio la opción de poder participaren la película The Wrestler. Interpreta a un luchador que fue muy famoso, pero ahora se encuentra muy afectado por el ritmo de vida, propio de su profesión y el tiempo que no se caracteriza por ser indulgente. Es una película deprimente, sin embargo el luchador tiene la última oportunidad de volver a la gloria, aunque sea por una noche. Arriesgando su propia vida toma la oportunidad, pues una vida sin gloria no es vida. Fue una interpretación muy valiente, pues era casi autobiográfica, y se necesita mucho valor para hacer eso. Eso es tomar a la vida de frente, sin importar cuantas veces te hayan derrotado, y robarle la oportunidad. Esa actuación le valió un Oscar.

 
Con el orgullo mancillado, estaba sentado en mi casa, contemplando como el coraje quemaba mis entrañas por no haber podido comprar mi sartén y no poder desquitarme del estúpido que me había causado ese malestar. Tenía dos opciones, tragarme el coraje y esperar a que la vida me dejara de negar las cosas o ir por lo que quería sin importar nada. Creo que son estos pequeños actos los que nos determinan y forman nuestra personalidad, pues si para esto que parece insignificante no poseía el coraje para tomarlo qué iba a ocurrir cuando se tratara de algo verdaderamente importante.

 
No entrare en detalles, sólo diré que volví a Walt Mart, quite el candado y pague mi sartén. Sé que parece un simple capricho, pero fue un acto desesperado, fue un grito a todas las frustraciones que he sentido en los últimos siete meses. Estoy cansado de agacharme y esperar, de darle tiempo al tiempo que parece que no arregla nada y sólo lo empeora, de esperar al destino o a ver que me regala la vida. Yo no obtuve un Oscar, sólo fue un sartén, pero cambie la manera en la que me estaba percibiendo yo mismo. Porque a uno lo puede apreciar la gente de distintas formas y tendrá mucha o poca importancia dependiendo de quién sea, pero cuando uno mismo se está sintiendo como un agachón, como un perdedor, entonces hay que cambiar las cosas de manera drástica.

 
Ahora sé, al igual que Mickey Rourke, que todo cuanto me proponga lo puedo conseguir. ¡Voy por ti Manatí!