lunes, 5 de julio de 2010

Evolucionando




Tengo la costumbre de referirme a los hombres y mujeres como tornillos y tuercas, respectivamente, pero también como macho y hembra. En cierta ocasión le pregunte a una amiga si ya tenía macho, queriendo indagar si ya tenía novio, ella me respondió coléricamente –no soy hembra para tener macho, soy una mujer en toda la extensión de la palabra- inmediatamente se despidió sin siquiera reparar en un detalle, cuando interactuamos como pareja los seres humanos, es cuando más cerca estamos de actuar como animales. A continuación me explico.

 
Es muy común ver en el desierto de los leones a personas ascendiendo la montaña en compañía de sus perros, estos suben sin preocupaciones, una vez estando en la cresta de la montaña buscan una roca o una rama y descienden con la rama o la roca en el hocico, al final del paseo se lo entregan a su amo para agradarlo. En cierta ocasión iba camino a la casa de mi novia a la que quiero mucho (ya no es mi novia, pero la sigo queriendo mucho) y encontré a un señor vendiendo rosas, no dudé y le compré una, y me fui todo el camino muy contento con mi rosa, llegue a su casa y se la entregué. Justo en ese momento supe lo que sentía el perro cuando le entregaba una ofrenda a su dueño. La única diferencia que había entre el perro y yo, es que yo lo hacía por amor y él por instinto.

 
En las relaciones casuales (que están muy de moda) en las cuales se tiene sexo sin sentimientos, esta diferencia desaparece, pues se tiene sexo por sentir rico, por satisfacer una necesidad, en pocas palabras por instinto, y se olvidan de que el sexo es un vehículo muy poderoso para transmitir el amor que sentimos por otra persona. Aristóteles decía que el hombre es un animal político, y yo digo que cuando le quitamos lo político sólo queda lo animal, igualmente, cuando desvinculamos el sexo del amor, sólo nos queda lo animal.

 
Existe otro elemento en el que nos parecemos a los animales, puntualmente a las arañas. La ecología reproductiva de la araña consiste en tres pasos principalmente (espero no escribir algo que este mal, pero si es así, que un experto, un veterinario por ejemplo, me ayude) 1) el varón tiene que encontrar a una hembra; 2) Él tiene que tener éxito en el acoplamiento con ella; 3) la hembra tiene que poner y proteger los huevos. Esto suena simple, pero las arañas han desarrollado todo un arsenal de estrategias para conseguirlo, y las diferentes estrategias se centran, en el momento inmediatamente después al contacto, pues las arañas son carnívoras y el canibalismo es aceptable para ellas. Igual pasa con los humanos, algunas veces la persona que sientes que te lastima (que te mata) es la persona que mas amas.

 
Mi conclusión es que: no importa que tan alejadas estén nuestra manos del suelo, o que tanta tecnología este a nuestra disposición, al final de las cuentas seguimos siendo animales.

miércoles, 23 de junio de 2010

Simply Red - Everytime We Say Goodbye [Live On Parkinson]



"Every time we say goodbye I die a little".

Cuando tenía siete u ocho años, salía a jugar todas las tardes con vecinos y mis primos. Nada podía competir por mi atención cuando juagaba, en especial con un balón de futbol en mis pies, excepto una vecina. Era más grande que yo por varios años, pero eso a mí no me inhibía para observarla, cada tarde cuando llegaba de la escuela. La veía desde que doblaba la esquina hasta que cerraba la puerta de su casa, era un ritual. Soñaba con algún día acompañarla de la mano por ese mismo camino. Pero alguien se me adelanto.

Una tarde cualquiera vi como aparecía su falda azul por la esquina, agitó su blonda cabellera dejando que algunos risos tomaran una forma caprichosa y le sonrío a un muchacho que venía junto a ella, se paró en seco, lo tomó con ambas manos de la cara, se puso de puntitas dejando que se definieran los músculos de sus pantorrillas perfectas y le propino tremendo beso que ninguno de los tres hemos olvidado. A partir de ese día la esperaba como todos los días, pero ahora los sentimientos eran encontrados, por una parte me daba mucho coraje verla de la mano de ese granuja, sobre todo cuando la besaba, pero no podía privarme de la alegría en la que incurría cada vez que observaba su vivaracho andar. Al paso de las semanas me fui convenciendo que el bellaco aquel era un buen hombre y la quería, por lo tanto la merecía. Yo fui aceptando la derrota que me propinaba la incompetencia de mi edad.

Un día mientras esperaba a mis amigos, juagaba con mi balón. Mi amor platónico estaba parada en la puerta de su casa platicando con el bribón, de pronto la plática se fue saliendo de los común, comenzaron a gesticular exageradamente y él dijo un par de vituperios en voz alta, desenvaino la mano de sus jeans y le atizó un lamentable bofetón que le volteo la cara a mi imposible amor. Ella se llevó a la mejilla perjudicada sus dos manos blanquísimas que contrastaban con sus ojos cada instante más rojos, sus lagrimales se llenaron de lágrimas hasta que se desbordaron, él dio media vuelta y se marcho, ella se quedo ahí unos minutos petrificada por el asalto a su dignidad. Mientras esto ocurría yo sostenía mi balón con las dos manos y la libertad con la que hasta entonces había respirado se vio comprometida y, pensaba –si estuviera en el lugar de él, yo no podría hacerle eso a ella, yo sólo la podría amar y haría todo lo que estuviera en mi para hacerla feliz, sin comprometer mi felicidad, claro está- me metí a mi casa y no la vi en diez días. En el decimo onceavo día llegó el canalla con un ramo de rosas, toco a su puerta y ella lo recibió con un gran beso. En está ocasión la bofetada la había recibido yo.

A veces nos da más miedo ser amados que maltratados, “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Cuando alguien nos ama tanto, en el fondo sentimos que no lo merecemos y hacemos todo por echarlo a perder, hasta que somos los suficientemente desdichados para sentirnos cómodos. No queremos las responsabilidades que conlleva el amor y preferimos las ventajas del victimismo “déjalo ir, si es tuyo regresará, sino es que nunca lo fue”. Esto es falso, cuando quieres algo o alguien hay que tomarlo, procurarlo y defenderlo.

Nunca supe su nombre, es más nunca hable con ella, pero cuando te conocí prometí que te amaría como quise amarla a ella y que nuca te lastimaría, como una forma de no defraudar a cierto niño que seguramente te ama en secreto y al niño que aún vive en mi. Es triste darte cuenta que a quien amas ya no quiere ser amada, como se dice en el beisbol, “no hay defensa contra la base por bola” y lo único que queda es esperar a que vengan tiempos mejores.

viernes, 11 de junio de 2010

Mes Y Medio Y Cuatro Fines De Semana


Lo nuestro duró lo que dura un vaso con hielos en Veracruz. ¿Poco tiempo? (Tiempo: el tiempo es la magnitud física con la que medimos la duración o separación de acontecimientos sujetos a cambio, de los sistemas sujetos a observación, es decir, el tiempo es la sucesión de momentos, y esta sucesión de momentos estará deformada por la gravedad del sistema de referencia donde esté situado el observador) Nuestra atracción era muy grande, nuestro tiempo pasó lentamente, no fue mucho ni poco tiempo, ha sido el exacto.

Fuimos tan felices hasta que puso los pies sobre la tierra. (Gravedad: es una de las cuatro interacciones originales, origina la aceleración que experimenta un objeto en las cercanías de otro objeto. Dicha fuerza es una ilusión, un efecto de la geometría. La tierra deforma el espacio-tiempo de nuestro entorno, de manera que el propio espacio nos empuja hacia el suelo. Ingravidez: pegamento que unía a Nadia y Luis. De pronto me vi, como un perro de nadie ladrando, a las puertas del cielo.

Tenían razón mis amantes en eso de que, antes, el bueno era yo, con una excepción: esta vez, yo no quería quererla querer y ella tampoco. El único problema de cuando te comes una palomita sin que le dé el aire es que te insertas en un presente que te obliga a renunciar a todos los posibles futuros y, más vale que lo disfrutes, el veneno del amor iba junto con la sal, pegado a la palomita. ¡Vaya que sí lo he disfrutado! Me dejó el corazón en los huesos y yo de rodillas. Desde la webcam, y, haciendo un exceso me tiró dos besos… uno por mejilla.

Y regresé a la maldición de sus ventanas tapiadas, a la perdición del internet sin su presencia, a las universitarias, fáciles y vacías, volviéndome loco dilapidando mi fortuna y ahorrando suspiros por si regresaba. Las esperanzas se han ido muriendo, igual que murió aquella rosa que le regale y cuidó tanto, como símbolo de nuestro amor, no sería extraño que en la mudanza se hubiera estropeado y ahí el principio del fin.
Dijo hola y adiós. Así de contundente y decidida fue, quizás fue lo que me enamoró. Y, el portazo sonó como un signo de interrogación, sospecho que así, se vengaba de otros y de mí. Sí, esa manera que tiene, determinante, práctica, independiente, eso me atrapó entre sus brazos y no quise salir más ahí. Siempre tuvo la frente muy alta, la lengua deliciosa y aún no puedo olvidar su falda muy corta.

Me abandonó, como se abandonan los zapatos viejos, como abandonó esta ciudad, destrozó el cristal de mis gafas que me impedían llorar, y lo único que me ha quedado son sus cartas, su perfume y un retrato. Quisiera prometer que no volveré a escribir de ella, para no agobiarla con mi blog de antologías, pero no sé si lo lograré. Me enamore de ella durante mes y medio y cuatro fines de semana, ¿cuántas noches me tomará olvidarla?

domingo, 6 de junio de 2010

Ya Lo Pasado ¿Pasado?

Baltasar Garzón Real, es un magistrado español, juez titular del Juzgado Central de Instrucciones número 5 de la audiencia nacional. Es Doctor Honoris Causa por la universidad de Jaén y veinte universidades más. Su éxito es resultado de su eficacia en el combate a las drogas en España, las investigaciones a ETA y su entorno, pero sobretodo por haber enjuiciado y acusado a Augusto Pinochet por genocidio durante la dictadura en Chile. También ha investigado sobre las desapariciones en la dictadura franquista, lo cual le ha acarreado muchos enemigos. Recientemente ha sido suspendido cautelarmente de sus funciones como juez por el Consejo General del Poder Judicial después de que se acordara la apertura de un juicio oral en contra del juez Garzón por presunta prevaricación. El juicio se abrió tras admitir una querella presentada por organizaciones de ultraderecha, es decir, los herederos del franquismo.

Muchos personajes españoles han reaccionado en contra del juez Garzón, como si quisieran tomar venganza histórica, entre ellos el novelista Javier Marías quien publicó en el diario El País un artículo en franca alusión a lo ocurrido con el juez, aquí un fragmento de lo que escribe:

“Una de las costumbres o modas que me parecen más inútiles y nocivas es pedir perdón por las cosas que uno no ha hecho, con la agravante, además, de que no está uno facultado para ello. Hay en esa práctica un elemento de masoquismo y otro de engreimiento, aunque parezcan propensiones contradictorias. Los actuales gobernantes o representantes de una institución se flagelan y se disculpan por las atrocidades o equivocaciones que cometieron, a veces en tiempos remotos, quienes rigieron los comportamientos de sus respectivos países o instituciones, y con las que ellos no han tenido nada que ver. Por otro, se arrogan absurdamente las capacidades para enmendarles la plana a sus predecesores muertos, como sino sólo se heredaran las culpas, sino también la posibilidad de expiarlas y de compensar los daños causados. Dar consuelo a sus herederos, no deja de ser una falacia bienintencionada y hueca que en la mayoría de los casos sólo tiene como fin halagar el narcisismo de quienes no han sido victimas pero disfrutan sintiéndoselo. Nada parece complacer tanto a las poblaciones actuales como la autocompasión y el victimismo; quizá no hay tampoco nada tan rentable. Lo cierto es que cada dos por tres un dirigente alemán se disculpa por los campos de concentración, clausurado cuando él aún era un niño; un papa del siglo XX presenta sus respetos a Galileo, que murió en 1642; los políticos suramericanos, con apellidos inequívocamente españoles, como Chávez o Morales, exigen en castellano que el Rey Juan Carlos se de golpes en el pecho por lo que en ultramar hicieron, en el siglo XVI, Colón, Cortes o Pizarro; los rusos se excusan ante Polonia, mientras el Japón se niega a hacerlo ante la China y Turquía ante Armenia, pese a las reiteradas peticiones de los bisnietos de los masacrados. Lo que pasó, pasó, y no hay quien lo rectifique, ni lo enmiende, ni lo repare.”

Todo esto lo escribe Marías sin reparar en que los silencios imperecederos son más vituperables que las aceptaciones tardías. Los silencios son, de muchos modos, una complicidad a los horrores del pasado. Que una persona se disculpe por los errores del pasado quiere decir que durante su gestión no volverá a ocurrir. Que el juez Baltasar Garzón reavive los crímenes del franquismo y por ellos la clase política quiera sacrificarlo, sólo es un indicador de que los fantasmas de la dictadura aún rondan por la España contemporánea. Las cosas nunca pasan, siempre dejan huella y determinan cada pensamiento, los pensamientos se ven reflejados en las actitudes y las actitudes en acciones. Javier Marías escribe como si el tiempo fuera un pagador que al final salda las cuentas, pero yo lo dudo mucho, el tiempo sólo hace que crezcan los intereses y la deuda se haga más grande. ¿Quién es uno para determinar en cuanto tiempo se olvida la ausencia de un padre o una madre desaparecida? Prueba de que las cosas nunca terminan es que los errores de una persona, y que alguna vez te beneficiaron, siguen su inercia y te quitan lo que te dieron. Sin embargo dice Fitzgerald “La prueba de una inteligencia superior es saber que las cosas no tienen remedio y mantenerse sin embargo decidido a cambiarlas”. ¿Nos volveremos a encontrar?

jueves, 27 de mayo de 2010

El Beso Del Mítico Cortázar


Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultaneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.


Desde que decidí comenzar a escribir me había negado a poner algo de otro autor en este blog, pero éste texto es hermoso y no quería que pasara la oportunidad de tomar las palabras de Julio Cortázar y dedicártelas a ti, mi querida Nadia.

jueves, 6 de mayo de 2010

Dublinesca


Camino a la escuela escuchaba la radio como todos los días, sólo que está vez el conductor del noticiero que escucho, Leonardo Curzio, entrevistó al escritor Enrique Vila-Matas, pues el día 4 de mayo presentaría su nuevo libro, Dublinesca, en la librería Rosario Castellanos. Contaría con la presencia de Juan Villoro y Sergio Pitol. Ante tal evento no pude resistir y me aventure a la cita.

Dublinesca narra, el eclipse vital de Samuel Riba, un editor barcelonés, judío, que acaba de deshacerse de su editorial. Se encuentra en el ocaso de su vida, solo, vacío y olvidado. Ha publicado a muchos de los grandes de su época, pero como todo coleccionista añora la pieza esquiva que no pudo conseguir. En está vida de aburrimiento Samuel descubre Internet, no se separa de la computadora, se hace un hikikomori, mientras su esposa se vuelve budista. Es decir cada uno a su manera se orientaliza, ella madura preparándose para la vejez, mientras Samuel madura preparándose para una segunda “juventud”.

Después de un extraño sueño Samuel viaja a Dublín para celebrar el funeral de la era de Gutenberg, pues siente que el Ulises, de James Joyce es la obra máxima. Pero al celebrar el funeral del mundo (su propio mundo también) descubre que la ceremonia le permite tener algo que hacer. Es decir, encuentra su futuro en lo apocalíptico. Descubre que el libro impreso no morirá, sino convivirá con nuevos elementos.

Al igual que el protagonista de esta historia yo creo que el libro impreso no morirá, interactuará como lo hizo la opera con el cine, el radio con la televisión y tantas cosas que han sobrevivido al cambio no por nostalgia, sino por la calidad intrínseca de las cosas.

Por otra parte, la gran aportación que ha hecho el Internet al arte, es la democratización de la escritura, por ejemplo yo; desde hace mucho tiempo tenia ganas de escribir y sin embargo no lo hacia por falta de incentivos (de que servirían mis textos si no los puedo publicar) cuando descubrí que podía publicar en un blog me alegre y comencé a escribir. Sin importar que tan bien o que tan mal lo hago, es una de las cosas de las que me siento más orgulloso de hacer.


Pero ¿Por qué escribir? Hay autores que nos gustan, otros a los que admiramos y esa misma admiración nos provoca imitarlos, tal vez fue así que quise escribir, no por imitar a alguno en especial sino a todos aquellos que habían aportado algo a mi vida, como una forma de regresarles la cortesía.


Aún no sé si escribo para recordar o para entender. Una buena definición de entender es: explicar algo y predecir razonablemente lo que pasará con eso. También hay cosas que no escribiré nunca, no por levantisco, sino porque no me atrevo a tocarlas. Escribir es jugar al equilibrista entre el miedo y la humildad, entre el valor y la soberbia. Creo que ahí está el punto, mucho de lo que escribo es de lo que me siento orgulloso.


¿Habrán notado que escribo con cierta regularidad de una mujer que me hace muy feliz? Se llama Nadia. Últimamente he leído acerca del origen del universo. Parece que nuestro mundo es resultado de una energía azarosa. Pues si hubiera sido otra la carga eléctrica entre un protón y un electrón nuestro mundo no existiría. Esto me ha hecho reflexionar y creer que ser una parte conciente de este universo es en si ya una gloria, y estarlo compartiendo contigo, Nadia, son dos glorias.

lunes, 26 de abril de 2010

El Doctor Muerte, Tú y Yo

Ludwig Minelli, conocido como "El doctor muerte" es abogado que se autodescribe como hombre humanitario, ayuda a las personas a suicidarse. El verano pasado inauguro Blue Oasis, una propiedad que ha convertido en casa de la muerte al servicio de Dignitas. La organización que fundó en 1998. El eslogan de Dignitas dice así: “vive con dignidad, muere con dignidad”. Durante 12 años ha servido cócteles de pentobarbital, un barbitúrico altamente letal, a clientes de todo el mundo. A lo largo de este tiempo Minelli ha ayudado a matarse a más de mil personas, acaparando el mercado de lo que se ha denominado “turismo suicida”.

El suicidio asistido también es legal en Holanda, Bélgica y Luxemburgo, así como en los estados de Oregón, Washington y Montana. Aunque en todos estos lugares la práctica está restringida a personas con enfermedades terminales. En contraste el código penal suizo ha sido diseñado para que, sin miedo a ser procesado legalmente, puedas darle una pistola a alguien y ver como se vuela la tapa de los sesos. No hay requisito de residencia. Sólo hay dos condiciones: 1) que no tengas ningún interés personal en la muerte de la victima. 2) que ésta verifique una mente lucida al momento de jalar el gatillo.

Mi primer acercamiento con la eutanasia fue por la película Mar Adentro, dirigida por Alejandro Amenábar. Mar adentro es uno de los versos de un poema de Ramón Sampedro (el protagonista). Hay un momento de la película donde Ramón dice que el mar le dio la vida y el mar se la quitó, porque fue donde tuvo el accidente. El mar es, también, la sensación de escape. Es esa línea del horizonte que nunca se acaba, que representa el infinito.

En el momento en que vi la película no tenía un pensamiento claro al respecto, no sabía que era lo mejor para cada persona, y aún hoy, no sé cuál es la mejor decisión. Es casi tan o más complicado como la controversia de legalizar el aborto. Pero creo que he llegado a la mejor respuesta, al menos para mí. Cada caso es muy específico, no podemos hacer una legislación a partir de generalizaciones. No sé si exista esta figura legal, pero en el futbol cuando un árbitro no está seguro de alguna falta, lo que hace (o debería hacer) es dejarla correr. Lo mismo se podría hacer en el caso de la eutanasia y el aborto, ante la duda de que hacer en cada caso, lo mejor es despenalizarlos y que cada quien tome la decisión que más le convenga, es decir, dejarla correr.

¿Por qué escribo de esto? Pienso que cuando alguien comienza una relación con otra persona es como una vida, una vida juntos. Lo más normal es que ésta vida acaba cuando alguno deja de amar al otro, esto sería como un paro cardiaco. Cuando el otro le es infiel al primero es como un mal hepático. Éstos finales son dolorosos pero rápidos. Cuando los dos se dejan de amar al mismo tiempo (esto casi nunca ocurre) correspondería a la muerte natural. Pero ¿Qué pasa cuando ninguna de los dos se ha dejado de amar y sin embargo no pueden estar juntos por las circunstancias? Es como tener a un enfermo en coma, no sabes cómo va a despertar o siquiera si va a despertar. Lo menos cruel sería acabar con él, desconectarlo, al menos en apariencia.

Yo estoy a favor de que cada quien acabe con su vida en el momento que lo desee, aunque es fácil decir pero no tan fácil hacer. La cosa es estar ahí, en el momento de tomar una decisión y sostenerla, eso es lo verdaderamente complicado. Enfrentar el temor de perder lo único que tienes, enfrentar el demonio del amor o el egoísmo y vencerlo o dejarte vencer. ¡Vaya encrucijada!

Aún no sé que hacer, dejar que siga viviendo parece una crueldad hacia el exterior, pero es más crueldad matar lo que me ha hecho feliz, incluso a la distancia. Pero esas crueldades no lo son en realidad. Cada época, cada cultura, cada costumbre y en el último de los casos, cada hombre y estilo tienen sus ternuras y durezas peculiares. Sus crueldades y bellezas; consideran ciertos sufrimientos como naturales; se aceptan cierto males con paciencia. La vida humana se convierte en verdadero dolor, en verdadero infierno sólo allí en donde dos épocas, dos culturas o religiones se entrecruzan.

Me falta descubrir cuáles son mis ternuras, durezas, crueldades y bellezas y así poder tomar una resolución. Mientras tanto dejaré que mi barco vaya mar adentro y quién sabe si allá, haya algo más.